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CONSECUENCIAS
febrero 4, 2024|Capiton(é)

CONSECUENCIAS

Tiempo de lectura: < 1 minuto

Stop thinking ’bout it

Little something, Melody Gardot & Sting

I know, that you don’t speak english,

And you know, what I want you means.

So, let’s stop pretending,

like if life has no ending.

Writing in english,

I can’t grant my good taste,

so just want to say something,

before it’s too late.

The game you are playing,

it was never my game,

you can play it forever…

and it will be the same.

I wasn’t thinking about you,

never did, never do.

I don’t care about you,

where you are,

what you do.

Are you feeling joy,

or are you feeling blue?

You are just an asset, what i need to do.

You can wear sunglasses,

And pretend – like i do –

We can play it all smart,

we can play it all cool.

I won’t let you touch me, even if you try,

I won’t let you touch me, just don’t make me cry.

When everything’s ready we can say goodbye,

Both back to the silence,

both back to our lives.

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Consecuencias
febrero 1, 2024|Capiton(é)

Consecuencias

Tiempo de lectura: < 1 minuto

Dije
tu nombre
y te callaste.

Ahora,

que no lo digo,
me das tus ojos,
ya no tu espalda.
Quise canjear,

juramentos
por palabras.
Que siempre,

desilusionan
pero
no siempre,

matan.

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Génesis
enero 28, 2024|Capiton(é)

Génesis

Tiempo de lectura: 9 minutos

(Primera parte)

Al anochecer jugamos a la payana,

en el escalón de la puerta de la casa,

serios como conviene a un Dios y a un poeta.

Fernando Pessoa, El guardador de rebaños.

To think what you want to think is to think truth, regardless of appearance.

Wallace D. Watles

– I –

Cuando Dios se dio a la tarea de crear el mundo estaba pues, en una fase creativa de su vida. Muy creativa y muy productiva. Casi en un estado de euforia, porque no podía dejar de imaginarse cosas y más cosas, y todo le parecía emocionante. 

Fue con este impulso creador, que se creó así mismo, dándose primero, la cualidad del Pensamiento, y también de la Palabra. 

Como no tuvo antes ninguna necesidad, Dios no había hablado nunca y cuando creó el mundo se escuchó la voz por primera vez. Quiso que esta fuera grave y robusta y que retumbara como en un eco. Le parecía que así debía de ser la voz propia de un dios y así fue, indudablemente. 

Su mente celeste, imaginaba un ente cualquiera: cuerpos con distintas formas, tamaños y colores; y su voz, emitía un sonido que resultaba ser la Palabra. Se sorprendía así mismo, y le entusiasmaba lo ocurrente y disparatado de su propia imaginación, que en su intrepidez, no le daba respiro. 

Es que una vez tomada la decisión de crear el mundo, Dios no pudo dar marcha atrás. No podía perderse ya en sus ensoñaciones vagabundas y su constante flotar por la eterna oscuridad, que sí, era un poco sosa, pero también era fresca, silenciosa y tranquila.

El caso es que cuando empezó a crear el mundo, tuvo que crearlo hasta el final, y tomada la decisión no pudo pensar en nada sin que su pensamiento deviniera en cosas: cosa que Dios imaginaba, cosa que le brotaba por la boca con raíces y todo. Porque cuando Dios imaginó el sauce, no se imaginó su semilla, sino un árbol ya crecido y en la plenitud de su vida. Se imaginó un sauce con varillas como aquellas de las faldas hawaianas, lo imaginó mecerse con el viento ahí mismo, en su habitual oscuridad, y a Dios le gustó tanto ese susurro que sintió lágrimas brotarle de su adentro, que era también su afuera; y de aquella pura emoción divina, junto a una leve insinuación de su pensamiento, brotó de la tierra el inmenso océano, tan profundo y lleno de vida como era – según Él mismo descubría – la cualidad esencial de su propio Ser.  

Estaba emocionado Dios, porque cada cosa que creaba lo hacía conocer más acerca de sí mismo. No sabía, hasta entonces, que en su interior existían las gibosas y los mamuts, las luciérnagas y los osos pandas, él bambú y los sauces, el fruto del molle, y la tierra misma que era una maravilla. Y se sorprendía Dios de lo que creaba y de entender, gracias a su aburrimiento, quién era Él mismo.

El día de los insectos estaba Dios empezando a pensar y sin mediaciones entre su pensamiento y su acto, ya abrió una mano y se encontró con un ciempiés lleno de patitas, a la misma vez que su boca decía ciempiés; entonces Dios conoció su risa y en el contagio de su propia risa, estuvo riendo todo el día, mientras creaba otros insectos tan sorprendentes y enigmáticos como lo era El. 

Fue con la creación del ciempiés y no de otra cosa, que Dios experimentó la soledad por primera vez, porque después de crearlo, miró hacia un costado, y hacia el otro costado, como queriendo comentar con alguien lo graciosísimo que era aquel singular insecto, pero todos los animales a su alrededor, estaban ya muy ocupados en cumplir con los designios de su cadena trófica, y ninguno pudo captar que Dios estaba requiriendo compañía. 

El caso es que reía y lloraba Dios de pura emoción porque todo lo que creaba le parecía o muy lindo o muy feo, o muy impresionante o muy peligroso, o muy tierno o muy divertido, o una mezcla de todo y con cada cosa que creaba, Dios descubría más y más acerca de sí mismo. 

Creando las bestias, descubrió el poder del rugido y la potencia temible que existía en él y de esa misma potencia creó la ferocidad del rayo, el bramido del trueno, dejó brotar el magma, descubrió el tornado, se esparció el humus, por toda la tierra el humus, y del humus brotó el trigo y también el centeno. Se imaginaba Dios toda clase de cosas y le brotaban por la boca, del mismo modo que salen tigres de la granada de Dalí.

Después de crear todos los mamíferos grandes, Dios creó un dinosaurio, y fue tan espeluznante, y tan aterrador, además de violento y carente de piedad, que se le ocurrió a Dios la idea del Tiempo, y en un santiamén creó los Siglos y los Milenios y distribuyó sus creaciones según lo creyó más conveniente.

Cuando hubo terminado, flotó hasta la copa de una secuoya gigante, y dejó que su Espíritu reposara mientras observaba gustoso, la calidad y cualidad de su Obra. Fue entonces, cuando Dios sintió la soledad dentro de sí nuevamente: ninguno de aquellos seres, ni los grandes, ni los pequeños, ni los con pelo, ni los con plumas, ni los que volaban, ni los que corrían, ni los que reptaban, ni los que tenían hojas, ni los coloridos, ni los opacos, ni los que daban luz, sombras, calor o frío… nada… nada de lo que había creado hasta entonces,  poseía, como Él, cualidad de Pensamiento y Palabra, y ninguno podía tampoco, sentir un regocijo similar al suyo; un regocijo que surgiera de la contemplación misma que le daban sus ojos, que no eran ojos, pero si eran ojos, aunque sin serlo.

Fue entonces, por una mezcla de soledad, curiosidad y deseo que Dios decidió aquello de “a imagen y semejanza”.

– “Si si” – pensó mientras descendía de la secuoya para darle a la Creación su Propósito – voy a hacer uno como estos, pero a diferencia de ellos, este se va a parecer un poco más a mí.

Ese Ultimo Pensamiento, a Dios le pareció el más emocionante de todos.

– II –

Algo veo de Dios en cada hora de las veinticuatro y

 en cada uno de sus minutos, 

En el rostro de los hombres y las mujeres veo a Dios;

 y en mi propio rostro en el espejo,

Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle,

 y su firma en cada una de ellas,

Y las dejo donde están porque sé que dondequiera que vaya,

 otras llegarán puntualmente.

Walt Whitman, Hojas de hierba

Acostumbrado a su errancia, deambulaba Dios por el Paraíso y se encontró empantanado en una especie de barro arcilloso. Comprendió, súbitamente, que no solo había creado las cosas, sino la interacción de las cosas mismas. Le gustó la sensación de sus pies al contacto con el barro, y se agachó para sentir con sus manos, su textura y su humedad.

Entonces su boca, que no era una boca pero era una boca sin serlo, pronunció estas palabras usando el plural por primera vez: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra”. Y si así lo dijo, es porque así lo quiso y se expresó Dios de tal modo, conforme a su deseo y según su propia dualidad. 

El caso es que diciendo Dios estas palabras, acarició el barro y su Espíritu se agitó en un viento profundo que arremolinó el polvo a su alrededor. Cuando el polvo se asentó nuevamente, pudo verse surgir de la arcilla, así, sin más, el cuerpo esbelto de Adán; un exponente ya maduro, como quien dice, y en óptimas condiciones para procrear, lo que dicho sea de paso, resuelve de cuajo el intrincado asunto, del huevo y la gallina.  

Dios miró a Adán sin sorpresas, ya que por ser Dios, no le pasaba aquello de que lo imaginado difiriera de lo acontecido, como tan habitualmente les sucede a sus creaturas. No obstante, se acercó para constatar la adecuación de las terminaciones y la calidad de los detalles, y estuvo conforme Dios con su Creación, que por otro lado, y a diferencia de las demás, había sido no solo intuida, sino concienzudamente diagramada.

Adán, no comprendía lo que ocurría, y apenas se puso de pie, se tocó con una mano la cabeza, y frunció el ceño, como cegado por la luz y ese gesto fue el primer gesto de un ser humano sobre la faz de la Tierra. Después Adán se observó las manos, las palmas, los dedos, las venas que percibía en su interior, se tocó con un brazo el otro brazo, y observó sus pies, sus piernas y su sexo. No entendía Adán en donde estaba, ni qué era esto de ser, de repente; algo, es decir alguien. 

Caminó torpemente hacía donde estaba Dios, sintiendo todavía arcilla fresca bajo sus pies, y una vez que estuvo a su lado, lo miró expectante sin saber que otra cosa hacer. En ese instante, Dios se acordó del ciempiés, y entusiasmado llevó a Adán de paseo por los Jardines de su Creación. Adán iba entrando en tema muy de a poco, porque primero tuvo que salir de ese cierto aturdimiento que implica el nacer a la vida, independientemente de la edad que se tenga, o el modo específico de alumbramiento. 

El paseo inaugural de la humanidad fue este entonces; el que hicieron Adán y Dios – su creador – por los Jardines del Edén. Dios iba con los brazos detrás de la espalda, al modo de un filósofo griego y Adán, a su lado, caminaba todavía torpemente, todavía perplejo y aún adormilado.

Dios señalaba con su divino dedo todo lo creado; y le indicaba a Adán, el Nombre Verdadero de las Cosas, para que Adán conozca, aprenda y memorice. No se sabe a ciencia cierta, aún al día de hoy, si Dios – en realidad falible – no tuvo en cuenta el que Adán – así como estaba, recién creado – intentaba acostumbrarse a la luz, a los bichos, a la mirada acechante de las bestias, al mismo Dios que en su algarabía no se había presentado debidamente, y no estaba en condiciones de aprender y mucho menos memorizar los nombres de cada uno de los seres vivos que les salieron al paso, en aquel primer paseo terrenal. 

En el camino encontraron gallinas y abejarucos, un dragón barbudo y un rinoceronte, una iguana camaleónica, dos erizos, una lechuza patilarga, una manada de sasines, un castor ocupadísimo, un hipopótamo que estaba junto a otro hipopótamo, es decir, dos hipopótamos, un águila esteparia que al momento engullía un suslik, un azulito angoleño, una cabra de pelaje mixto, una chita, dos pavos reales, un león de melena clara, un zunzún y un cocodrilo grande. Por fin, a la orilla del ancho río, donde Dios y Adán se sentaron a descansar, una nutria ya con su cría, navegaba panza arriba con dirección y destino de mar. 

Adán observaba las aguas del caudaloso río y fue por su propio instinto, que se acercó a la orilla y juntó sus palmas, para beber.  

El hombre bebió. Después miró a Dios, y con una pregunta que no salió de sus labios, Adán sonrió por primera vez.

– III –

… así como un ladrón vería en él,

 la parte que en él, tenía avidez de robar,

 y así como una mujer quería de él,

 lo que un niño no comprendería.

Clarice Lispector, La manzana en lo oscuro.

Esta vez, sí que es hueso de mis huesos, y carne de mi carne.

Génesis 2: 23

Al caer la noche, viendo Dios que Adán se encontraba aún desconcertado, decidió permanecer junto a él hasta que amaneciera. Juntos, recogieron cantidad de hojas de distintos árboles, y con ellas prepararon un lecho. Podría haber dicho Dios, aunque no lo dijo, hágase un lecho de algodón y hojas de alocasia. En lugar de aquello, Dios enseñó a Adán como armar un lecho con lo que tenían a su disposición en las inmediaciones. Era una noche cálida e infinidad de estrellas iluminaban sutilmente el Paraíso. 

Se recostaron por fin, Adán y Dios, en el lecho que habían armado, y contemplaron el firmamento hasta quedarse dormidos. La primer noche de todas, Adán soñó con la nada, y Dios que soñaba sueños, que eran sueños sin serlo, lanzaba rayos o quebraba la tierra en algún lugar más o menos lejano de aqueste Paraíso. 

Cuando despertaron, Dios enseñó a Adán a modelar vasijas con barro, y a preparar canastas de mimbre, después dieron un paseo, recolectaron hongos y frutos y se sentaron a desayunar. Adán, que no había comido nada desde su nacimiento, estaba verdaderamente hambriento, y devoró los frutos sin dejar de mirarlos; pues comía no solo con el hambre sino con la curiosidad.

Cuando Adán hubo de saciarse, Dios le dijo, querido Adán es hora de que me vaya yendo, quedás a cargo. Habiéndole mostrado en qué consistía el proceso de la nominación en su primer paseo terrenal, Dios ordenó a Adán nombrar cada una de las millones de creaturas restantes, para que encuentre en ello un divertimento y porque nombrar y conocer, había dicho Dios, le ayudaría en su labor de preservar lo creado. Eso es lo que Dios le dijo a Adán.

– Pero… pero – titubeó Adán que no estaba convencido de que fuese una buena idea quedarse sin Dios, por muy paraíso que fuese el paraíso, y por muchas especies que hubieran para que el conociera y se entretuviera. Entonces Adán le dijo a Dios, mirá Dios… yo no tengo problema en cuidar tu jardín y nombrar cada cosa, pero acá todos los animales están de a dos, y yo no tengo a nadie que también pueda hablar y que se me parezca.

– No se diga más, dijo Dios, a quien el planteo le pareció sumamente razonable y le pidió a Adán que lo disculpe, explicándole que en la emoción de crear al que era a su imagen y semejanza se había olvidado de hacer simultáneamente el par. Pero estaba planeado, estaba planeado, se excusó Dios, y ahí nomás, sin muchas vueltas ni dilaciones, Dios le hizo a Adán, su Eva.

Cuando el hombre vio a Eva surgir de la arcilla, y despertar de su sueño de nada tal como él mismo había surgido de la arcilla y despertado de su sueño de nada, se sintió emocionado. Contempló a Eva por unos minutos y cuando ella abrió los ojos, le tendió la mano y la ayudó a incorporarse.

También a Eva, le llevó su tiempo salir de cierto estado de confusión porque – como es factible imaginar – es entre ensordecedor y traumático el ser creado así de repente, y de repente encontrarse frente a una imagen indescriptible como era la del mismo Dios que acababa de darle a la mujer la vida, y a su lado, un sujeto medio despeinado que la miraba con asombro y expectación.


El hecho es que Dios, con esos ojos de Dios que tenía miró a Adán y a Eva, y les dijo aquello de “Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla”

Y usó Dios la palabra henchid, que quiere decir “llenar la tierra hasta su límite”.

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Entrevistas a mí
diciembre 4, 2023|Capiton(é)

Entrevistas a mí

Tiempo de lectura: 7 minutos

¿Por qué Escritos “viscerales”?

Por un deslizamiento que a tus oídos sonaría delirante, asique alcance con decir que el nombre surgió muy orgánicamente, de un solo tirón y sin dudas.

La granada con la abeja, es un recorte de una obra de Dalí ¿de dónde surge la elección?

Inicialmente buscaba una granada para ilustrar la tapa, porque el fruto en sí, siempre me resultó enigmático y porque tiene diversas implicaciones significantes. Después mi editor encontró este recorte de la obra de Dalí, y me pareció muy apropiado. Por el arte, por lo onírico y por lo surrealista. La simbología detrás de la granada la conocí mientras buscaba posibilidades, es muy amplia e interesante. En lo personal, está vinculada con un recuerdo. Siempre vuelvo a lo que no se puede volver a encontrar. La primera vez que vi un árbol de granadas fue en el campo, y nunca más lo volví a ver, a pesar de que anduve por los mismos potreros toda la vida. Fue muy emocionante este año, porque viajé a Sevilla y en la entrada del Archivo General de Indias, me encontré con un granado cargado de frutos.

¿Por qué en la solapa dice solo Lecuona y no tu apellido completo?

Porque mi apellido es pomposo y me cansa. Además, como dice Saramago, tener no es poseer. Yo soy mi apellido, no de mi apellido.

¿Te gustaría ser reconocida por haber escrito sobre toda la obra de Lacan?

No aspiro particularmente a ningún reconocimiento. Lo que me gusta en realidad, es que el trabajo que hago impulse conversaciones, y me permita dialogar con otros, otras personas dentro del psicoanálisis y que permita al psicoanálisis mismo, conversar con otros discursos.

¿Por qué los capítulos del libro están bajo el subtítulo de Reacciones Espontáneas

Hay una cita de San Agustín que dice, “Debes vaciarte de lo que estás lleno, para llenarte de lo que estás vacío“. Cuando empecé a escribir el libro, yo ya había participado de infinidad de clases sobre psicoanálisis y había leído cantidad de libros, pero mi contacto con Lacan, con la obra de Lacan sin intermediarios, había sido muy poca. Había leído algunos seminarios y algunos capítulos de seminarios, pero en general, había accedido a los conceptos lacanianos a partir de la lectura de otros. Entonces mi intención fue aproximarme al texto con la posición de alguien que pisa por primera vez una ciudad o entra por primera vez en una casa, con avidez y curiosidad, e intentando dejar de lado cualquier concepto adquirido previamente. Es un buen ejercicio. Además, aun cuando no se dijera nada, el único triángulo que me resulta simpático es el de la Santísima Trinidad. En las teorías, como en la vida, hay que hacerse al ejercicio de ir a las fuentes, y evitar a toda costa, cualquier tipo de triangulaciones. Cuando uno lee un libro traducido, ya hay una triangulación que no se pudo quizás evitar. A Lacan, por ejemplo, tuve que leerlo traducido, porque no sé francés, y transcripto, que no es lo mismo que escucharlo en vivo, porque las modulaciones dicen muchas cosas. Entonces si a eso le sumamos la lectura de otros, y las interpretaciones que otros pueden hacer de los textos, lentamente nos alejamos de lo que dio origen a una determinada teoría.

Se dice a veces, que quien no puede explicar algo de manera simple no sabe de lo que habla, y si bien es así en algún punto, no siempre es así. La teoría lacaniana es extremadamente compleja, y hay que asumir que desentrañar el tejido significante que organiza a un ser humano, no es soplar y hacer botella, o “bufar i fer ampolles”… que es la forma original del dicho. Lacan era excepcionalmente lúcido, excepcionalmente honesto, siempre analista, y siempre estratega. Hay que soportar su estilo, que es agotador, pero negar su genialidad es pecar de soberbia. No es la construcción teórica lo que lo vuelve genial, sino lo que fue transmitiendo mientras construía teorías. Se pasó de rosca – seguramente – porque es como dice no sé quien: todo siempre dura un poco más de lo que debería, lo que podría traducirse también en que todos erramos en nuestras propias tendencias. Quien es muy bueno, se equivoca siendo bueno por demás, y quien es inteligente, persevera en su propio lugar.

¿Fue escrito de forma reactiva a algún suceso o ante un momento de inspiración o es que lo pensaste desde hace mucho tiempo?

Surge de una imposibilidad, como casi todo en la vida. Escribo desde chica, pero no tengo demasiada capacidad de inventiva. Por el contrario, mi manera de aproximarme a la escritura es en un vínculo más cercano a la palabra que a la narración y más cercana a los conceptos que a las historias. Eso, del lado de la escritura. Del lado del psicoanálisis, tenía ganas de leer a Lacan y pensé que quizás si empezaba por el principio, se me hacía más fácil seguirlo.

¿Hay algún mensaje encriptado en el nombre de los capítulos o es simplemente un recurso poético?

Hacen alusión a conceptos analíticos que se trabajan a lo largo del libro. Los analistas probablemente lo entiendan de ese modo, y los que no lo son, pueden rescatar lo poético.

¿Iturbe es por Rayuela? 

No para mí. Iturbe es una localidad muy cerca de Iruya, camino a Iruya. No terminé de leer Rayuela, asíque me pierdo tu referencia.

¿A quien está dirigido el texto?

A quien quiera leerlo, como todo libro.

Me sorprendió la letra de la canción de Leonard Cohen y qué melodía!

Tiene una letra increíble, y una melodía conmovedora. Me gustan las versiones de Jeff Buckley y de John Cole. La primera vez que la escuché, fue viendo Shrek, porque es parte de su banda sonora, y me pareció espectacular. Pero hay dos razones que justifican la cita en el libro: la primera es que hace alusión a la historia del Rey David, y Betsabé, que tiene resonancias muy personales para mí. Leí la historia del Rey David a los 14 años, en una versión muy poética. Es un libro al que siempre vuelvo, porque me emociona. La segunda razón, es que esa historia, la de David y Betsabé, representa muy bien el pasaje del padre a la mujer por el que todo hombre tiene que atravesar, así como la función de lo femenino en el mundo. Cuando ese pasaje y/o esa función no se llevan a cabo, lo que sucede es la guerra.

Me imagino que el momento de ver el libro impreso por primera vez, fue emocionante, sobre todo siendo tu primer libro.

Si, fue emocionante. También renegué porque rapidamente me di con las cosas que me hubieran gustado de otra manera. El trabajo a la distancia con la editorial y mi falta de experiencia dejó en el resultado algunas cosas que no me gustaron. Y, bueno, ya no hay nada que se pueda hacer, solo mejorar los próximos libros, si es que los hay.

¿Qué cosas, por ejemplo?

En primer lugar, el papel, hubiera preferido una tonalidad distinta. Y otras cosas del estilo, la tinta, el tamaño de la letra, algunas hojas están medio torcidas, y algún error en la bibliografía; cosas así. Me olvidé de Coldplay en la citas discográficas, lo que es muy raro. Después con respecto al texto, me sorprende que a pesar de que ya pasaron casi dos años, no le cambiaría sustancialmente demasiadas cosas, quizás un par de palabras, porque deslizan hacia lugares equivocados, o más que equivocados, complicados.

¿Es un objetivo o un sueño cumplido?

No sé porque, hay ciertos lugares comunes, como “los sueños cumplidos” “las metas alcanzadas” que me generan cierto malestar. Pienso muy a largo plazo, pero actúo con la muerte hablandome al oído. La idea de cumplir sueños, me empalaga. O no la idea en sí, sino el decir cosas como “quiero cumplir mis sueños”. Bueno, no sé, yo quiero vivir. Entonces todo lo que hago, es hacer lo que tengo que hacer hoy, y si hoy toca publicar un libro, lo publico, y si hoy toca venderlo, lo vendo, pero no estoy pensando por adelantado en los sueños que quiero cumplir. Quiero entender cosas, siempre quiero entender cosas, y el ser humano es insondable; siempre hay cosas por aprender. El deseo de saber, es lo mejor que hay, porque es gratuito y no se acaba nunca. El resultado de querer entender cosas, es que escribí un libro en el que me refiero a todas esas cosas que quiero entender.

¿Vas a seguir publicando? ¿Tiene algún otro proyecto en mente?

Pensé que iba a hacer una reseña como esta, con cada seminario. Pero me pareció que era excesivo y cambié de idea. Ahora quiero terminar de leer todos los seminarios, y quizás escriba una reseña al final de todo. Pero no sé, hago camino al andar. Por fuera de la teoría lacaniana, estoy haciendo una compilación de otros textos breves que fui publicando en mi sitio durante estos años. Estoy trabajando en eso, con mucha dificultad porque me aburre sobremanera leerme a mi misma, y me genera ansiedad. Por ahora sé que va a tener 17 textos breves y que se va a llamar 371.

¿Porqué ese número?

Porque sí.

¿El no error del prólogo lo podemos interpretar como un acto de humildad o de rebeldía?

Lo podés interpretar como más te guste. Lo más probable es que no tenga nada que ver conmigo. Pero de eso se trata, de que el libro se teja con tu propia vida. Dice Juan José Millas en una de sus novelas, que un buen libro es aquel que puede tejerse con la biografía onírica del sujeto, es decir que un buen libro o un libro que ha sido bueno para alguien logra entretejerse con su propia vida, se vuelve una conversación, se cuela dentro de uno, le dice cosas a uno, sobre uno.

Las poesías del final, son una lograda ocasión para la belleza ¿Cómo surgió la idea de incorporarlas al final del libro?

Estaba en la etapa final del libro, trabajando en el cierre, y un día mi hijo Hilario me manda un mensaje por el teléfono, desde su cuarto, yo estaba en el living, es decir, estabamos a 10 metros máximo, pero el me manda la pregunta por ahí. Estaba haciendo un deber de lengua para el colegio, y me preguntó, mamá ¿qué es un diálogo? Inmediatamente su pregunta, inspiró la poesía que le escribí a él. Como les dediqué el libro, pensé que estaría bueno escribir una para cada uno, e incluirlas, para hacer la dedicación efectiva. Asique usé el listado de palabritas lindas que tengo de ellos, que fui juntando a lo largo de los años, para escribir las otras dos, y así quedaron. Cuando digo “una ocasión para la belleza”, no estoy hablando de las poesías, sino de mis hijos, que son la belleza de mi vida, indudablemente.

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ELECTROSHOCK
noviembre 10, 2023|Capiton(é)

ELECTROSHOCK

Tiempo de lectura: 9 minutos

El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.

Milan Kundera, La insoportable levedad del ser.

Genius is the ability to know when to take a metaphor literally and when to take the literal metaphorically.

Ryan Ruby, The 0 and the 1.

La fortaleza o debilidad de una sociedad, depende más de la calidad de su espiritualidad que de sus niveles de industrialización.

Konstantin Kisin cita a Alexandr Solzhenitsyn, ARC Conference (0)

People seem not to see that their opinion of the world is also a confession of character.

R.W. Emerson

El caso es que tendría dos mil bebés. Uno por año y en cada una de mis vidas. Tendría dos mil bebés, porque me dan mucha felicidad, una felicidad que no me dio ni me dará nunca, ninguna otra cosa. Un bebé recién nacido, es la contemplación del misterio de la vida en sí y para sí.

No es solo la perfección intrínseca del recién nacido, sino el hecho mismo de que no hemos errado en ellos aún: apenas nacido un niño, todavía no nos equivocamos como padres. Añoro ese instante, que en general debe durar veinte minutos. Quizás un día, o dos.

Esta perfección, es ilusoria de todas formas, porque de ser por nuestras acciones, seguramente afectamos a nuestros hijos aún no nacidos de algún modo durante el embarazo, o antes de concebir al niño, viviendo más o menos mal, tomando decisiones desafortunadas, equivocadas o prematuras. O en el momento mismo de la concepción, deshonrando al amor, mediante conjunciones carentes de todo valor. Quien sabe. Somos siempre muy imperfectos.

No solo los bebés recién nacidos ya han de ser imperfectos. Los hombres con los que uno puede eventualmente hacer un bebé, son – sobre todo – muy imperfectos. Aún los hombres bien perfumados, son imperfectos; son imperfectos todos los obsesivos por mucho que les pese, con sus rituales y sus precauciones. Son imperfectos los que son muy sinceros y sufren o no sufren complejos de inferioridad.

Especialmente imperfectos son los que necesitan constantemente mostrarse perfectos, y repiten las mismas pavadas en todas sus entrevistas. También son imperfectos, los que insisten en dejar al descubierto sus deseos, sin ninguna otra finalidad que la de exhibirlos. Los de esta última clase tienden además a establecer pactos ridículos con otra clase de hombres imperfectos, sin ningún tipo de justificación. Imperfectos son todos los hombres, además de incorregibles, que obran desde tiempos inmemoriales, según los cánones de su propia conveniencia, siendo esta, la mayor y más grave de sus imperfecciones: por devoción a las formas, se quedan sin nada.

Hasta Harvey Specter que es lo más perfecto del mundo, es imperfecto; además de ficticio, improbable y fácticamente contrario a las teorías más serias.

Muy particularmente imperfectos, son aquellos que por sus actos obtienen el apelativo de masoquistas, y que solo a través del dolor, pueden sentirse vivos. Son imperfectos los hombres de trajes muy grises o muy azules, con camisas celestes y corbatas exactas.  Son imperfectos los que tienen lindísima voz, pero solo para cantar. Imperfectos son, los que sabiendo usar las palabras, no saben decir la verdad, y especialmente imperfectos son también aquellos que queriendo, o sin querer, se hacen amar.

Cuando así sucede, termina una cediendo a sus encantos, e ingresa irremediable y progresivamente, al corazón y núcleo mismo de sus imperfecciones.

En mis imperfecciones o las imperfecciones propias de mi género, no me detengo, y no porque no las haya, sino porque me aburre y es del todo innecesario.

Además de disfrutar inmensamente la sola presencia de un bebé, y todas sus cositas adorables, no podría guardar el niño adentro, una vez que di el primer grito, por ejemplo; decirle “vuelva al vientre m´ijito, hay que empezar de nuevo”.

Por eso quisiera tener dos mil bebés, porque no podría empezar de cero realmente, excepto que los tenga. Dos mil bebés, cada uno con su nombre y sus palabritas lindas.

No es que descartaría al niño anterior, como hizo dios con la especie pre-diluvio, por supuesto que no. Me ocuparía como siempre de mis hijos ya condicionados por mis imperfecciones maternas, y por las imperfecciones de su padre, y las del lenguaje que lo contiene, y las de la cultura que lo condiciona, y las de la nación que lo determina, y las del linaje que lo antecede, y las del otro linaje, y las propias de su especie, las imperfecciones del destino mal trazado y vaya a saber que otra contingencia muy imperfecta que viene a afectar la vida de cualquier ser humano. Seguirían siendo tan hijos míos como antes, pero una y otra vez, tendría un bebé nuevo para perfeccionar mis cualidades maternas. Así, el último bebé, ya sería no el hijo perfecto, sino el hijo de una madre perfecta, con todos los efectos devastadores sobre dicho bebé, porque como bien sabemos, ser la madre perfecta acarrea sus propias y terribles consecuencias.

Lo que digo – para no delirar excesivamente – es que me hubiera gustado ensayar la maternidad, así como la vida, claro.

Pensaba en esto mientras veía el debate presidencial, porque después de escuchar a los flamantes candidatos, concluí que la complejidad de la política, solo es comparable a ámbitos tales como la maternidad y el psicoanálisis. Imposibles desde el principio. Me dieron ganas de ir y desenchufar todo, y que ahora mismo esté partiendo una flota, con un montón de realistas derrotados. En el barco de vuelta van comentando: “¡Pero joder! ¡Qué aguerridos estos caudillos, con que determinación nos han sacado a los empujones! – Pues que cada palo aguante su vela, habrán proclamado. Se va el barco, todos los realistas fuera, y empezamos de nuevo.   

También podríamos situar el momento cero, en el desembarco de Colón, por ejemplo: se acercan las carabelas a las costas de Guanahani, y los lugareños, ahí nomás sacan arco y flecha y los matan a todos. Nada de Cristóbal Colón, ni de San Salvador, ni de Coronas de España. Ni un español sobrevive, nadie pisa el continente, nadie intenta conquistar a nadie, ni evangelizar a nadie. Cumplida su misión, los isleños agradecen su victoria al Sol, y se comen en calma y sosiego un riquísimo mango. Y a otra cosa mariposa.

Sin embargo, el punto cero – por lo menos en estas latitudes – habría de ser, con mayor justicia, preincaico. El mar, los barcos y los colores, crean solo ilusiones. Podría entonces, saber yo – por ejemplo – si mi fracción local es omaguaca, diaguita o huarpe, o si, por el contrario, mi fracción americana arrastra a los Chimús, que vivían más al norte.

Lo más preciso, en todo caso, si se trata de volver a empezar, sería que volvamos todos (la humanidad completa, digo) a las orillas y alrededores del Río Zambeze, la patria de nuestra Eva mitocondrial. Hambrientos y sin más posesión que nuestra propia osamenta. Eso sí sería empezar de nuevo.

En lo personal, podría contar con la ventaja de que un hombre muy imperfecto que se niega y no se niega a quererme, es experto en Supervivencia al desnudo (1): se vio todos los capítulos y se sabe todos los trucos. Me exige como contraprestación – para quererme del todo y sin reservas – que yo lo quiera de antemano, capricho que de ninguna manera podría yo satisfacer. En cambio, si partiéramos juntos al Sur del África, y a la vera del Río Zambeze, me rescatara de las fauces de un rinoceronte, o compartiera conmigo su sapiencia en lo que a supervivencia se refiere, entonces, sí, podría yo ir queriéndolo de a poco, y olvidaría lentamente todas sus evidentes imperfecciones. Pero los hombres imperfectos de la posmodernidad – acabados por los feminismos – suelen mantenerse impávidos ante el dolor, y se niegan a compartir hasta la clave de Netflix.

Estas posibilidades excesivas, me recuerdan al método de un psiquiatra con el que hube de trabajar. Cuando, en ocasiones, el tratamiento de algún paciente no tenía buenos resultados, acudía al electroshock. Primero: una droga de acá, otra de más allá, más miligramos, menos miligramos, de día y de noche, solo de noche, solo de día, haciendo la vertical, con los ojos cerrados, distintas combinaciones, proporciones directas, proporciones inversas, etcétera; cuando ya nada daba resultados, aplicaba este tratamiento invasivo y ciertamente polémico. El electroshock, produce la desconexión sináptica, y una reconexión posterior, con mejores o peores resultados en cada caso.

Ya ven, las dendritas pueden enredarse.

Podemos mencionar otras formas de empezar de cero, tales como: entrar en coma, perder por conmoción las manifestaciones de la memoria o extraer los lóbulos cerebrales pertinentes.

En fin.

¿A cuento de que viene esta verborragia? Pues a cuento de nada. La pura perplejidad nomás, ante el delirio de estar vivos, y ante la dificultad de ciertos escenarios.

Sigo, porque nada me impide hacerlo.

El problema más serio de la disfunción multiorgánica, lo constituye el hecho de que el tratamiento para la recuperación de un órgano en particular, es factible de desencadenar la severa descompensación de otros órganos vitales.

Aunque se tratare del médico más avezado, no podría hacer su trabajo con tranquilidad si la administración no provee de los elementos, el instrumentista no desinfecta el bisturí, el anestesista llega tarde, las enfermeras (y enfermeros) cuchichean en la esquina del quirófano, y de las puertas hacia afuera, una multitud se queja de alguna cosa, con pancartas y gases lacrimógenos. Aun así, el responsable tendrá que ingeniárselas.

Ahora, si el cuerpo mismo se opone, si ante cada pinchazo, el enfermo escupe al médico en la cara, si se resiste a todas las intervenciones, si patalea, y sistemáticamente se niega a quedarse calmo y en silencio, si pide a los gritos al otro médico, al que ya no obtuvo el puesto, el trabajo se vuelve imposible, y la muerte del paciente, se torna inminente y segura. Quizás se trate de una muerte complicada, quizás el paciente, sea un país necesario.

Que el paciente tenga temor de que el médico le robe los órganos, debería ser en sí mismo, una verdadera locura. El paciente no puede temer que sus órganos terminen pues, fuera de sí mismo, custodiados nada menos que por monjas orantes y penitentes del Monasterio Nuestra Señora del Rosario de Fátima. No se si me explico. Hay ideas que no pueden estar en el imaginario colectivo, por lo tanto, son cosas que no pueden de ninguna manera suceder.

En el hipotético caso, de que un médico se robe un pulmón, un riñón o un fragmento de intestino, no puede recibir solo 6 años de prisión, porque su mayor delito no estaría constituído por el enriquecimiento ilícito, su mayor delito se asienta en la deslegitimación de la función pública, con todo lo que eso implica. Yo digo que hagamos un feriado con fecha 12 de junio, y le pongamos Día de la Lucha Ciudadana contra la Corrupción, porque – es cierto – hay cosas que no se pueden olvidar. ¿Si en un país hay niños con hambre, no son equivalentes, el robar y el matar?

Hace unos años fui a dar unas capacitaciones a la Prisión Federal. Le llevé de regalo un libro a un amigo de mi abuela que estaba preso; estaba preso por Delitos de Lesa Humanidad. El me retribuyó el gesto, y en el taller de la penitenciaría me hizo un llavero con mis iniciales. Estuvo preso, hasta que se murió y estuvo preso porque en el cumplimiento de sus funciones deslegitimó la función pública.

Y sí. Deslegitimar la función pública, es un pecado mortal.

No se me acuse de comparar delitos, lo haga o no, ese no es el punto. Solamente digo, que la pertenencia social no puede seguir organizando el futuro de todos y que la deslegitimación de la función pública – en cualquiera de sus formas – debería ser tan infrecuente como una de esas enfermedades raras, en las que hay un caso, en millones de habitantes.

El “Índice de Democracia” es una clasificación hecha por la Unidad de Inteligencia de The Economist, que evalúa a 167 países. Este estudio fue publicado por primera vez en el año 2006. Los resultados se basan en sesenta indicadores que se agrupan en cinco diferentes categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política. En función de estos indicadores, los países obtienen una clasificación: democracia plena, democracia deficiente, régimen híbrido y régimen autoritario. (2)

La democracia por excelencia, es decir, la mejor aplicación de la democracia en el plano de la realidad, según las mediciones de este índice es la de Noruega. En una nota publicada en 2017 por Infobae, Einar Øverbye, profesor de trabajo social en el Colegio Universitario en Ciencias Aplicadas de Oslo y Akershus, expresa que la mayor fortaleza de su país, es su cultura política. Al respecto dice: “Los políticos son percibidos como bienintencionados, sanos y honestos, sin importar su color partidario”. (3)

Aprender de los que han tenido buenos resultados, no nos vuelve menos soberanos. Soberanía no es equivalente a soberbia. No se trata de comparar, tampoco. Noruega tiene 5 millones de habitantes, nosotros 46 millones. Tampoco se trata de desestimarnos por completo: según este índice, nuestro sistema de gobierno, es peor que aquel de 49 países, pero mejor que el sistema de 117.

Las teorías especulares que bien conocemos los psicoanalistas, explican y muy claramente porqué es importante revertir el círculo perceptivo y calificativo de quienes ocupan los puestos públicos. La función pública, es una función demandante y exigente, requiere de voluntad de servicio y predisposición para la resolución cotidiana de problemas complejos, capacidad para la toma de decisiones, ecuanimidad, y honestidad. Si alguien es ecuánime, mentalmente muy hábil, y tiene la capacidad de solucionar problemas complejos, puede tranquilamente dedicarse al poker profesional, acumular una fortuna y no cargar con los problemas de nadie. Si la motivación personal impulsa a un sujeto a ocuparse de la cosa pública, lo esperable sería que tenga el respaldo de la mayoría, y que no exista un ápice de duda sobre su honestidad, así como tampoco sobre su falibilidad.

Los rumores, prejuicios y estereotipos – no obstante – son simplificaciones de la realidad que ayudan al infante a acceder a un conocimiento del mundo. Categorizar la realidad es una necesidad económica del psiquismo. Crecidos los infantes, se esperan elaboraciones más certeras, y sobre todo, silencio, porque el hablar sin conocimiento de causa, genera vicios, produce interacciones reactivas y perjudica severamente el sano diálogo social.

En palabras de Camus, – hombre casi perfecto, si no entramos en detalles, poseedor, además, de un sexappeal irrevocable: “El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombres son más bien buenos que malos […] El vicio más desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo.

Cuando uno se equivoca muy temprano en la vida y por alguna u otra razón queda expuesto al escarnio público, se enfrenta a tres verdades elementales: 1) los rumores organizan la vida de las sociedades, 2) sean verdaderos o falsos, los rumores, no producen el efecto de la verdad 3) los rumores tienen consecuencias en la vida de los implicados y en su entorno inmediato.

No es esta una defensa a los candidatos de turno. En realidad, no sé muy bien que es lo que es. Podría tratarse de una esperanza, o de una desesperanza, aún no lo se. Un llamado a la reflexión, o un intento de sublimación, tal vez.

No tengo respuestas, solo al gato metido en una caja.

Valga una tristeza y sirva para un final: no es con los errores que se terminan los cuentos, aunque es como en los cuentos que se vive de verdad.

(0)https://youtu.be/_1MICwdQtfUsi=cmvUio0F4LUrd0D1

(1) Supervivencia al desnudo, Discovery Channel, junio 2013. Jay Renfroe, Denise Contis.

(2)https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_de_democracia

(3)https://www.infobae.com/america/mundo/2017/03/26/como-hizo-noruega-para-convertirse-en-el-mejor-entre-los-mejores/

 

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ENTREVISTAS A MI (II)
octubre 12, 2023|Capiton(é)

ENTREVISTAS A MI (II)

Tiempo de lectura: 7 minutos

¿Programó el diseño de su Instagram?

Si

¿Y el diseño de su página Web?

Si.

¿Tuvo asesoramiento?

Un especialista se ocupa de la parte técnica. Me tiene mucha paciencia, porque lo torturo a mensajes. Ahora es mi amigo, porque además de ser muy amoroso, tiene ascendencia polaca.

¿Cuánto ocupa la estética en su red social y en su vida en general?

En tiempo, muy poco. Conceptualmente, tiene su lugar. Me gusta componer espacios minimalistas y austeros. Eso aplica para todo.

¿Aparte de la fotografía y la escritura tiene otras manifestaciones de tipo sensible?

Soy sensible, lo quiera o no, asique supongo que todo lo que sale de mí, lo es.

¿Le importa como se muestra ante la sociedad con el orden y la estética como se muestra en la red social?

No.

¿Tiene la misma meticulosidad en el orden del placard o la biblioteca de su casa?

Absolutamente, no.

¿Y en el orden de su vida?

Habría que definir que es el orden de una vida, pero a la vista de otros, mi vida puede parecer desordenada e incomprensible.

¿Como su red se divide en un 50% fotos y 50% citas literarias: ¿Cuánto hay de racional (psicología) y cuánto de sensibilidad (fotografía) en su Espíritu?

Creo, como Pessoa, que el sentir, es un pensamiento extravagante. Mi sensibilidad y mi racionalidad van de la mano. 

¿Cree poseer un alma?

Prefiero la palabra espíritu.

¿Dónde cree que irá esa alma o lo que crea tener como ser, después de la muerte?

No creo que vaya a ninguna parte, ¿a dónde va a ir? La idea del cielo, es geográfica, y un espíritu no necesita geografía. Creo que los espíritus flotan por sus lugares habituales, ¿porqué harían otra cosa? Excepto cuando salen de vacaciones, ahí se irán un poco más lejos, pasean, y vuelven a sus lugares de siempre. La única diferencia, es que en calidad de espíritus ya no gastamos combustible, ni nos enteramos de los precios del super, ni necesitamos pagar un café para ir a mirar los cerros desde el Tipal. Tener un cuerpo, siempre es caro, con o sin inflación. Ser un espíritu es mucho más económico. Se me ocurre que debe ser espectacular.

Imagino que cuando ya nadie nos extraña y nos aburrimos de pulular por acá, nos encarnamos otra vez. Y me parece que debemos encarnarnos también por nuestra zona, ¿porque habríamos de irnos a encarnar al otro lado del mundo? Aunque debe haber excepciones, así como hay excepciones en nuestro mundo. Por ejemplo, un espíritu que no tiene ninguna capacidad gravitatoria, y termina accidentalmente en Pakistan. Y bueno, si ya no puede volver, tendrá que encarnarse en un bebé pakistaní por ejemplo. Siempre se me ocurre que esa debe ser la razón, detrás de esas personas que se despiertan de una anestesia hablando en un idioma que no es el suyo y que nunca aprendieron.

Igual… nada de ciencia acá, solo intuiciones, o ilusiones. Creo que son ideas bastante sensatas.

¿Si cree en ellos, puede definir el concepto de cielo e infierno según usted?

Bueno, como te decía… un cielo y un infierno geográficos, atados a una noción de moralidad, me resulta dificil de creer. Creo, en todo caso, que somos el cielo o el infierno para otros y para nosotros mismos, aquí y ahora. O por lo menos, eso es lo que debería ocuparnos.

¿Puede convivir la religiosidad o la metafísica en una mujer de ciencias como usted?

No soy una mujer de ciencia, menos de ciencias.

¿Dónde hay razón puede haber fe?

Si. Se puede tener fe en distintas cosas.

¿Cómo conlleva su espiritualidad en la sociedad donde vive?

Podría responder que en radical diferencia, pero pienso y concibo el mundo de manera atomizada. Decir en radical diferencia, se vuelve reduntante. No veo grupos, sino individuos.

¿Qué les trasmite a sus hijos sobre esto?

Es una pregunta muy personal pero si puedo decirle que intento encontrar una mejor forma de enseñarles esas cosas en las que creo. Mi barrera anti estímulo es muy finita. Me irrito con facilidad.

¿Le importa trascender a esta vida?

Me importa que lo bueno que hay en mi pueda perpetuarse en mis hijos y que lo malo se muera conmigo. 

¿Tiene cabida en su razón la superstición, los signos del zodíaco u otras creencias populares?

Creo que la creencia, en sí, define la vida de las personas, y respeto esa creencia en cada uno. 

¿En la vida presente cree haber desarrollado su potencial? ¿En qué porcentaje?

Si hubiera desarrollado mi potencial estaría muerta, pero entiendo que a usted le gustan las estadísticas.

¿Qué etapa de la vida cree estar transitando?

La de la pura incertidumbre.

¿Sigue soñando sueños de juventud?

No tenía sueños en mi juventud, tenía preguntas. 

¿Tiene sueños por cumplir? ¿Cuáles?

Querría llevar a mis hijos a ver animales salvajes, verlos disfrutar inmensamente y que puedan estudiar y formarse en donde quieran. Me encantaría darles esa posibilidad. 

¿Si hoy acabara el mundo le quedarían asignaturas pendientes? ¿Cuales?

Si, pero no son muchas, es una sola, y no voy a decirla. 

¿Se siente en deuda con la entidad que le dio la vida?

No.

¿Se siente comprendida y bien instalada en la sociedad donde vive?

Instalada, más de lo que me gustaría.

Comprendida, no, pero no creo que sea importante.

¿Cuánto le importa la idea de usted que puedan hacerse las personas de su sociedad?

Nada.

¿Como se siente al ser interpelada?

Bien.

¿Y por un desconocido?

Bien.

¿Es cierto que no tiene lectores?

Sé que me leen algunas personas, pero no se quiénes son. 

¿Y consumidores de sus manifestaciones sensibles?

Algunos pocos.

¿La gente que la conoce sabe lo que hace?

Creería que sí.

¿Aprecia lo que hace?

No podría saberlo.

¿Manifiesta asombro o regocijo en sus producciones?

Si envío mis escritos a amigos o conocidos, recibo algunos comentarios positivos. 

¿Tiene detractores?

Desconozco.

¿Tiene algún tipo de resistencia en la gente para hacer lo que hace?

No creo.

¿Como se siente con los halagos sobre su trabajo?

Siempre es lindo un halago.

¿Y con los halagos sobre su apariencia física?

Depende. 

¿La incomoda?

No necesariamente.

¿Depende de quién venga?

No. Depende de muchas cosas. Si se trata de un amigo o amiga, una palabra amable es un acto amoroso. Si se trata de un hombre, en tanto tal, valoro la galantería y la entiendo de esa manera. Si un transeúnte me susurra un piropo, le sonrío, si me gritan un piropo lascivo e irrespetuoso, lo ignoro. Si es lascivo pero ocurrente, lo ignoro, pero secretamente agradezco el sentido del humor.

¿Considera que no es merecedora de esos halagos por no tener un mérito personal en haberlos conseguido?

Bueno, tampoco es que me hagan tantos halagos. Ni los merezco ni dejo de merecerlos, si alguien me halaga de alguna manera, lo agradezco. Si es cierto que aprendí a no sentir culpa por cosas que me daban culpa cuando era chica. Hace ya muchos años cambié culpa por responsabilidad, y mi vida se me hizo más mía.

¿Es crítica con su propio trabajo? Desarrolle.

Si, muy crítica. No trabajo para estar orgullosa de mi misma, sino para entender cosas, ya sea que esté creando o aprendiendo.  

¿Es crítica con aspectos de su personalidad? Desarrolle.

Si, muy crítica. Lo que odio de mí, lo odio seriamente. 

¿Es crítica con aspectos de su cuerpo? Desarrolle.

No sé. En todo caso, soy crítica con dios, que se le ocurrió que era buena idea hacernos envejecer del modo en que lo hacemos.  Soy crítica con los principios entrópicos que conducen a una degradación inevitable.

Pero una forma elevada de la belleza es la elegancia, el arte del cuidado, asique a medida que envejezco procuro conservar la elegancia.

¿Es creyente?

 Creo en algunas cosas, si. Bueno, cosas no. Creo en mis hijos.

¿En qué Credo se siente identificada o se siente con mayor afinidad?

En ninguno.

¿Cree en la existencia de un ser superior?

No sé si creo y tampoco me lo pregunto. Me parece irrelevante e inconducente.

¿Cree que ese ser puede regir sobre las circunstancias acontecidas en el mundo conocido?

Vivo como si nada rigiera mi vida, excepto yo misma. Muchas cosas condicionan una vida, pero en lo personal, intento vivir como si nada lo hiciera, para poder experimentar cierta sensación de libertad. Por ejemplo, si quedara sola en una isla y estuviera a mi cargo, repoblar el mundo, junto a un hombre que a priori no elegiría, me exigiría, deliberadamente, al ejercicio de elegirlo. ¿Se entiende? La libertad es lo más importante del mundo.

Huyo deliberadamente de cualquier tipo de postura determinista, incluida la idea de alguien rigiendo el mundo. 

¿Cree que el mundo solo es regido por las leyes de la física y/o demás ciencias?

 Creo que el mundo está regido por la ley del símbolo; por la ley de la naturaleza y del deseo.

¿Tuvo alguna dificultad en sus estudios universitarios con la formación religiosa que probablemente traía de la infancia?

No, no tuve dificultades, pero me costó leer la manera freudiana de explicar lo humano. Es antipoética, la religión tiene más poesía. Empecé a interesarme por el psicoanálisis no se si en 3ro o 4to año, y empecé a estudiarlo cuando hice mi tesis, una vez terminada la carrera.


¿Hubo un punto de quiebre de ese background o fue una decantación paulatina?

Si, hubieron puntos de quiebre.


¿Si hubo quiebres se debió a la influencia de sus estudios o a algún tipo de revelación interna? ¿O externa?

Dejé de creer en el libre albedrío, o en la veracidad del libre albedrío en toda situación, me encontré con lo indomable del ser humano. Eso fue dificil. 

¿Se siente cómoda con su actual posición intelectual o cree que todavía tiene descubrimientos que hacer?.

No, no me siento cómoda y nunca me voy a sentir cómoda con la teoría que estudio, pero esa es su gracia. Con respecto a los descubrimientos, ¿conoce esa cita de Aldous Huxley que dice que después de 45 años de investigación y estudio el mejor consejo que puede darle a las personas es que sean amables las unas con las otras? Bueno, eso.


¿Puede una persona inteligente creer que con la fe se explican aspectos inexplicables para la razón?

La fe no necesita explicar nada.


¿Tiene alguna teoría para explicar el amor?  ¿Como lo definiría?

Teorías hay un muchas y psicoanalíticamente se pueden trabajar diversos aspectos, pero esa es una conversación para tener con mis colegas. Al margen de eso, el amor es el amor y punto. Un campo de fuerzas dentro de uno mismo. Hablamos del peligro de estar vivos, dice Fito.

¿Según usted cuál es el nivel más alto de amor y si se puede clasificar en niveles?

¿Niveles? Por sus preguntas los lectores van a saber que su profesión está más cerca de las ingenierías que de los periodismos. Porcentajes, niveles… voy a tener que ir a buscar escuadra y transportador.

¿Que opina usted de aquellas teorías que tratan al amor romántico como una anomalía temporal?

 No conozco las teorías, y no opino sobre lo que no conozco.

¿Según usted se puede vivir sin amor?

Sin el amor de los demás, si, se vive mal, pero se vive. Sin el amor hacia uno mismo, no.     

¿Si usted no es una mujer de ciencia cómo se definiría?

 No, no me definiría.


¿Con estas entrevistas no le preocupa quedar en descubierto? ¿No siente que desnuda su personalidad?

El único descubierto que me preocupa, es el de la cuenta bancaria.

¿Se muestra tal cual es o prefiere dejar ocultos aspectos de su persona?

 No quiero criticarlo, pero la pregunta está mal formulada o es una pregunta rara.

El interés de su entrevistador ¿no lo siente como una intromisión en su vida personal?

Amo las preguntas, tanto como odio los chismes. Me honra el interés genuino por conocer a alguien. Sea a mí, o a cualquier otra persona.

¿No siente la curiosidad de preguntar a su interlocutor acerca de su posición sobre los temas tratados?

 Ninguna curiosidad. Tal vez sea la hora del día.

¿Tiene opinión formada o puede dar su impresión sobre quien usted definió como “vecino de mesa”?

No tengo ninguna opinión formada. Si me hace preguntas, es porque el mismo debe tenerlas. Me halaga que me lea, y responder a sus preguntas es una forma de agradecimiento.

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Joyride
septiembre 27, 2023|Capiton(é)

Joyride

Tiempo de lectura: 4 minutos

¿Por qué un desafío exige respuesta?

Jean Baudillard

aquello que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad.

Jorge Luis Borges

Can´t we leave the world outisde,

Just for a while? just for a while?

P.H. Gessle

Un día, hace muchos años, cuando todavía rezaba al modo tradicional, entré a la Catedral, me paré frente al altar del Señor del Milagro, y leí el día quinto de su novena; un poco contrariada ya, pero conservando el rito con el que todavía podía sentirme en casa.

Cuando bajaba las escalinatas en mi camino de salida, vi sobre un escalón, un papel que me llamó la atención. Lo desdoblé y me senté ahí mismo para leer lo que decía. Era una carta en la que una mujer le explicaba a un hombre, las razones por las que no podía estar con él: “Entiendo que me ames – le decía – y me siento honrada, pero no es mi culpa que te llames Ricardo. No me relaciono, y mucho menos me acuesto con hombres que se llaman Ricardo, es una restricción de mi lista. Te lo dije ya infinidad de veces, pero insistes. No sé si crees que es mentira, o que no lo digo seriamente.”

En ese momento, me di cuenta que interrumpía el paso de los fieles que entraban y salían de la Ilustre, por lo que me levanté, crucé la calle y seguí leyendo mientras daba una vuelta por la plaza. “Solo para que entiendas que es muy cierto lo que te digo, y que hay mucha realidad en mi lista, voy a copiarla aquí mismo, para que puedas leerla”. A continuación y en el renglón siguiente, un título: “Restricciones de mi vida amorosa“. Estaba subrayado y seguido por dos puntos. Detallaba:

Hombres que nacieron en Uzbekiztán, Malasia o Corea del Sur.

Hombres que usan bigotes.

Hombres que circulan con bolsas o bolsitos.

Hombres que trabajan en el sector contable de la industria metalurgica.

Hombres que habitan en departamentos tipo duplex.

Hombres que se llaman Ricardo.

Hombres que se llaman Lisardo.

Hombres que profesan el Baha’i.

Hombres que escuchan reggae.

Hombres casados.

Hombres cansados.

Hombres que tienen en su casa, cuadros con patos, gallinas o cualquier otra ave de corral.

Hombres cuyos apellidos tienen una sola sílaba.

Hombres que usan joggins como si no existieran otras prendas.

Hombres que dicen que saben jugar al Bádminton, pero no saben jugar al Bádminton.

Hombres que no eligen lo que quieren.

Hombres que usan camisas negras.

Hombres con cinturones feísimos.

Hombres que no saben cosas.

Como ves – proseguía la carta – es muy específica. La escribí hace ya más de 20 años, que iba a saber yo que te ibas a cruzar en mi camino. No puedo siquiera nombrarte sin sentir que me traiciono a mi misma. Te pido por favor, que no me busques más. Quien sabe lo que podría pasar si fuera en contra de mis propias decisiones.

La carta terminaba con una firma ininteligible.

Me lo imaginé al pobre Ricardo, reclinado frente a su altar predilecto, rogando a la corte celestial que intercediera en el asunto. Guardé la carta dentro de un libro que llevaba conmigo, junté algunas flores de azahar y me fui.

Me fui pensando en aquella vez, que actué en contra de mis propias restricciones, haciendo caso omiso a los mandamientos de mi propia lista.

El hombre – que desde el principio me estaba vedado – tenía las manos enormes y una mirada perdida, como encallada. Nunca vi tanta hondura en los ojos, ni tanta oscuridad. Nunca una mirada me conmovió tanto.

Sabía que si me acostaba con él, le salvaba la vida. Pero ese punto – francamente – me resultaba irrelevante. De no ser por sus manos, y su mirada; de no ser, también, por ese objeto que tan singularmente atesoraba, lo hubiera dejado morir sin ningún problema, ahogado en su propio llanto, empantanado en sus arenas blancas. No estaba yo para socorrer niños grandes.

No es solo que no me importaba que muriera, sino que pude matarlo.

Aunque mucho más que la muerte, lo que él merecía era una agonía muy lenta, una noche le apunté con un revolver directo a la cabeza, para que se retractara. Para que se retractara de algo, de todo, de cualquier cosa, porque el noventa y nueve por ciento de sus actos eran en todo cuestionables, en todo abominables, verdaderamente aborrecibles.

Es que hay hombres, que necesitan medidas escolasticas. O renacentistas.

Cuando di por finalizada mi amenaza mortal, me acerqué la pistola a los labios y soplé un humo imaginario, como si ya hubiera disparado. Con una casi sonrisa que todavía no comprendo, me agaché para sacudir la parte baja de mi pantalón y sin mirarlo le dije dos cosas: No vales ni media jornada de encierro. Y: –una vez más, y te vuelo la cabeza.

Si. Esas fueron las palabras que dije, al parecer Hollywood acudió a mi encuentro en ese momento de necesidad: dos líneas trilladas, eficaces y metaforicamente pertinentes.

Al final, me acerqué a donde él estaba, me tomé el whisky que sostenía en su mano derecha, y fumé lo que quedaba del cigarrillo que sostenía en su mano izquierda. Con suavidad le acaricié la cara – toda la cara – entre un gesto existente y uno que ya no está.

En la mano donde estaba el whisky, dejé el revólver.

Después de esa noche, nunca más lo ví.

Supe hace un tiempo, que se compró un barco y que ahora navega la eternidad del Pacífico.

Esto pasó hace ya muchos años: la Catedral, la novena, la carta, los azahares y el recuerdo de mi amante extraviado. Hoy, mi memoria los trajo al vestíbulo de mi conciencia porque ví a Ricardo, Ricardo que perdió mi carta en las escalinatas de la Catedral. Lo vi de lejos, en la esquina de Belgrano y Alvear.

El cruzaba la calle, y yo esperaba que cambie la luz del semáforo para avanzar. En la radio sonaba una canción de 1991. Yo la cantaba bajito, como siempre hago:… “it is true, right from the start, I believed in the church of your heart”.

No sé si fue la música, o cierta nostalgia. Quizás fue el tiempo, que siempre nos deja atrás. Tal vez haya sido el amor, lo que me hizo llorar. El amor, que de tan esquivo, nunca se quiere quedar.

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De sapos, ranas y caballos desbocados.
septiembre 8, 2023|Capiton(é)Random

De sapos, ranas y caballos desbocados.

Tiempo de lectura: 3 minutos

You are so very curious, Alice.

Alice in wonderland, L.Carroll

We suffer more in imagination than in reality.

Seneca

Escuchar es lo más peligroso”, pensé, “es saber, es estar enterado y estar al tanto, los oídos carecen de párpados que puedan cerrarse instintivamente a lo pronunciado, no pueden guardarse de lo que se presiente que va a escucharse, siempre es demasiado tarde“.

Corazón tan blanco, Javier Marías

El horror de mi infancia, fueron las ranas.

Y los sapos.

Las ranas, mucho peores que los sapos, estaban en todos lados y estaban, sobre todo, en los peores lugares. Concluyo, después de todos estos años de experiencia vital, que el baño, es el destino turístico por excelencia de las señoras ranas. Ellas llegan al baño, como quien va a un spa. Se instalan ahí, jornada completa, y están quietas, bajo algún tratamiento lumínico, cuyas especificidades nosotros desconocemos. Es por las ranas, que detesto las sorpresas, y hasta el día de hoy, conservo los rituales:

  1. Cubrir, al entrar al baño, todas las partes del cuerpo. Prevenir cualquier contacto directo con el anfibio.
  2. Agudizar la mirada, girar con velocidad y escanear el espacio en sus 360 grados.
  3. Tirar la cadena y revisar la mochila del inodoro, levantar ambas tapas y mirar por detrás.
  4. Dejar que circule agua del bidet, revisar íntegramente dicho sanitario.
  5. Sacudir las toallas.
  6. Hacer girar el papel higiénico.
  7. Correr las cortinas de la bañadera, verificar en su interior.
  8. Cerrar puertas del botiquín.
  9. Tapar el resumidero con una prenda y un par de zapatos.
  10. Revisar el lavamanos en todas sus partes.
  11. Recuperar la compostura.

Los sapos, por su parte, exigían dormir siempre sobre una cama, y tener los pies siempre cubiertos. Vedado dormir en un colchón sobre el suelo, y atravesar el jardín en ojotas a media noche. Cuando ya tenía edad de salir de fiesta, guardaba un par de zapatillas y un par de medias para ponerme al bajar del auto. De esa manera, me aseguraba que si alguno me saltaba accidentalmente en el pie, yo no lo sintiera.

En mi cuento de la infancia, Elisa iba a bañarse y encontraba en la bañadera tres sapos horrendos. Horrendos, como todos los sapos, pero cuando Elisa tocaba el agua, se transformaban en flores. Claro que yo no gozaría de la misma suerte.

En una ocasión, mientras me duchaba en esas bañaderas que tienen el resumidero adentro, el agua primero se empozó, y cuando ya había suficiente como para taparme los pies, pude ver con indescriptible horror, como la tapa del resumidero empezaba a flotar y del interior, salía nadando un auténtico sapo: cara de sapo, cuerpo de sapo, patas de sapo. Un sapo completo. 

Corrí pues, hacia afuera. Despavoridamente. Con el shampoo todavía en la cabeza, la desnudez y el jabón en todo el cuerpo.

No sé si sea su sangre fría o sus ventosas pegajosas, su lengua intempestiva, o sus saltos imprevisibles. Quizás se trate del curioso hecho, simple y complejo a la vez, de que sapos y ranas hacían pareja, como si de caballos y yeguas se tratara. Pero no.

Esta particularidad significante de los anfibios que poblaron mi infancia, podría aportar claridad a las teorías castrativas que tanto les divierten a mis colegas. Lo que es a mí, me aburren soberanamente. En realidad, no me aburre la ley del símbolo, que es la mar de divertida. Lo que me aburre, es la impotencia indiscrecta del oyente. Y si no agrego renglones a este párrafo, es para no cascotear el rancho en el que yo misma vivo, o en el que me alojo habitualmente. No me mudo de rancho tampoco, porque inevitablemente – tarde o temprano – también debería cascotearlo. Más vale ponerle unas macetas en cada ventana, como esas que adornan las casitas de mi pueblo, que es también el pueblo de mis anfibios.

Sea como fuera, ranas y sapos, perturbaron invariablemente mis veranos y, eventualmente, el resto de las estaciones. Las ranas, los sapos, las gitanas y la frontera con Bolivia.

Tuve otros miedos. Como que se me desboque el Indio, que mi hermano me grite “topá, Soledad, topá”, o que me dejen a cargo del padrillo para atender una llamada telefónica.

Es que hay familias con ovejas negras.

Otras familias, tienen ovejas temerosas; temerosas como yo.

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Escribir.
septiembre 5, 2023|Capiton(é)

Escribir.

Tiempo de lectura: < 1 minuto

Voy a escribir, me digo.

Teorías. Formalizaciones. Mentiras.

Lo intento.

Después me digo:

¿Para qué escribir,

formulaciones, abstracciones, mentiras?

Mejor irme a vivir.

Verifico y pruebo.

Otro día me digo:

Voy a escribir:

Historias. Ficciones. Cuentos.

Mentiras. Verdades. Inventos.

Después, entiendo:

¿Para que escribir si después me muero?

Mejor vivir.

Y otra vez, lo intento.

Lavo y plancho.

Cocino y ordeno.

Así también me muero – siento.

Entonces, leo.

Que se mueran otros – pienso.

Y sigo leyendo.

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Contigüidad
agosto 15, 2023|Capiton(é)

Contigüidad

Tiempo de lectura: 4 minutos

Why would you believe in something awful, when you can believe in something wonderful?

Fleabag, Phoebe Waller Bridge.

Let everything happen to you: beauty and terror. Just keep going. No feeling is final.

Rainer Maria Rilke, Go to the limits of your longing

Tú, necesitas mis manos.

Pescador de hombres.

Quizás en todas las casas exista, o en casi todas. Ese rincón, esquina, recipiente o vasija, que funciona como “otro conjunto”. El conjunto que contiene lo heterogéneo, lo más diverso y disímil. Lo extranjero o el exilio. Lo sin tierra. Es habitual encontrarlo en algún vértice de la cocina, aunque no necesariamente. Podría gestarse en el hall de entrada, o en algún otro lugar de la casa.

En tal recipiente, esquina o rincón, podrán encontrarse objetos generalmente pequeños, muy variados, de procedencia a veces desconocida, cuya actitud vital, disposición y estructura, impiden ubicarlos bajo el amparo de algún otro conjunto. Así, – tal como están – no pertenecen a ningún lugar y se les supone, generalmente, un par extraviado. Puede tratarse, por ejemplo, de la tapa de una lapicera, de una llave sin puerta, o de un pedazo de algo que parece relevante: el repuesto mecánico, o eléctrico de alguna cosa, un papel con un sello, gomitas de pelo, un juguete antiquísimo, un resorte, o un cartucho, el caracol de algún río, la ostra de algún mar.

Así, lentamente, va conformándose este rincón singularísimo al que con el paso del tiempo, podemos reconocerle su propia identidad.

En el primer grado de la señorita Lucrecia, al que fui en el ya lejanísimo Año del Señor de 1988, también había un cajón de las cosas perdidas. A ese cajón (que era el cajón de su escritorio), iban a parar todos los útiles escolares que se extraviaban a lo largo del año. Lo recuerdo con cariño porque la Señorita Lucrecia, usaba los elementos del cajón para intervenirme quirúrgicamente, cuando a mí me dolía la panza. Me recostaba en los dos primeros pupitres de la fila, guardaba debajo de mi delantal un montón de objetos extraviados, y simulando una operación, iba sacando los objetos mientras decía: “¡Una regla! ¿cómo no le va a doler la pancita, si se comió una regla?. ¡¡Cuatro borradores!! ¿cómo no le va a doler la barriguita, si se comió cuatro borradores? Un lápiz violeta, y dos lapices verdes… ¿cómo no le dolería, si se comió casi toda una cartuchera?! Después de extraer todos los objetos, cerraba la imaginaria herida, y ese juego me curaba del dolor, aunque fuera temporariamente. Ese mismo año tuvieron que extraerme el apéndice, que, por supuesto, es el órgano más escolar de todos.

Pero me fui de tema.

Anita, entró a trabajar a mi casa en el también lejanísimo Año del Señor de 1992. Desde ahí y en adelante, trabajó en todas las casas en las que viví: la casa de mis padres primero, la casa del campo, mi departamento de soltera, mi casa de casada, mi casa del post divorcio, mi otra casa post divorcio, y así. El caso, es que ahí por donde pasó Anita, quedó este rastro: el recipiente de los pequeños objetos variopintos y contiguamente, un altarcito.

El altarcito, tiene por ejemplo, la estampita de alguna virgen o de algún santo, alguna flor artificial que había por ahí y que ahora hace las veces de adorno eclesial, y una vela domestica a medio derretirse. A ese altarcito irán a sumarse todas las estampitas, imágenes, y oraciones que a lo largo de los años de una vida cualquiera pudieran ingresar en un hogar cuyos habitantes – independientemente de sus niveles de agnosticismo – se resisten a dejar en la basura, ya sea por aprehensión, culpa o superstición. En todo caso, resulta, de este conjunto, un modesto altar; sincrético, de tradición latina y estética kitsch.

De la fe que tuve, las procesiones y las misas, los capitales de gracia, los retiros y los grupos de oración, de los rosarios rezados, las mil cuentas recitadas, las misiones emprendidas, los septiembres de milagros, los sacrificios encomendados, las indulgencias solicitadas, las alianzas, las confesiones, las medallas, las comuniones, las cruces y los santos inspirados… de todo ese dios, me quedó el altarcito de las estampas y su recipiente contiguo de objetos extraviados.

Y los cantos, porque los cantos, no lo dejan a uno nunca.

Sucede que un día cualquiera, me encuentro a mi misma, de pie en la mitad del living, llevo prendas de entre casa y un peinado de medianoche. En la mano izquierda cargo una escoba, bajo el otro brazo, guardo un botín, y en la mano derecha, sostengo un objeto inclasificable, que me dispongo a depositar en el recipiente de la cocina.

En un solo movimiento, ahí lo dejo.

Un movimiento, que, aunque rápido es significante, y aunque efímero; suficiente.

Suficiente, porque ya vi: a la Virgen Desatanudos y a la Virgen de Schoenstatt, a la Virgen de la Santa Espera, a San Jorge con su dragón, y a una Cruz; a la Virgen de Urkupiña, a San Francisco de Asis, al otro Francisco, a la Virgen Niña y a un Ekeko. Los miro, me miran, y ya tengo que formular las preguntas otra vez.

Al resto del living, lo barro y lo ordeno, con interrogantes existenciales golpeando a las puertas de mi conciencia.

Respondo con la inmanencia. Y mientras el dios de Spinoza, y el dios de Žižek me ofrecen algunas respuestas que necesito, también necesito la música que no me dan. Entonces recuerdo la canción de la inocencia, y la canto despacio hasta que me hace llorar.

Y este texto se vuelve vano, se vuelve incluso profano, porque no puede ni quiere olvidar. Una voz profunda, que anida hacia adentro, me obliga a lo que sigue y busca la paz:

Escribe lo que dicto y aquieta tu alma, que nuestra semejanza, no es una igualdad.

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