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1850
marzo 10, 2017|Cartas

1850

1850
Tiempo de lectura: 3 minutosTiempo de Lectura: 3 minutos

Conversaba con ella y las horas pasaban más rápido. Me traía su tiempo, y lo deshojaba para mí. Eran historias, pero también maneras de decir; palabras especiales, frases en desuso. Una manera de ver el mundo al borde de la extinción; la memoria jugando con el precipicio sabiendo de ante mano, que tarde o temprano… terminará por caer.

Será ilusión, mas solo en la memoria, realidad y ficción se tienden las manos.

Ese día hablábamos de algo que a ella le costaba trabajo entender… algún concepto moderno como realidad virtual o relaciones libres. Algo que dijo me hizo pensar que yo también podía acercarla a sus años; los años que ella recordaba: con sus dichos y cosas obvias, con lo indiscutible de entonces y no lo siempre discutible de hoy.

Imité su propia voz para leer las cartas y la acerqué a su tiempo con un poco de magia. Las cartas guardaban la semántica de su infancia, y el fluir de sus significados, lo más familiar… lo conocido y olvidado.

Sonreía mientras descansaba. La cabeza apoyada en su piel de cordero.

No sabré nunca si la memoria decidió saltar o se dejó caer. Como sea, lo hizo un poco antes de su partida. Yo me quedé con la memoria de su memoria, que también a su debido tiempo decidirá saltar… o se dejará caer.

Aquí comparto las cartas y guardo para mí, esas tardes con ella.

20 de mayo de 1849.
De Gregoria la madre, a Sergio, el hijo.
Salta – Cobija.

He recibido tu carta del 21 de abril y me has dejado seca con la noticia de que no podrás venir, cuando yo me había alucinado con la idea de que había de verte aquí; y lejos de eso me sales con que dentro de 2 años. Si tal cosa sucediera, me iré a Cobija con la misma facilidad con que he venido a Salta.

Yo me felicito cada día más de no haber regresado a Bolivia, porque aquello es un incendio y no estoy para tanto susto y disgusto. Ojalá tuviera quien me realice la tienda de Sucre y me trajera a Deidamia.

Sólo la idea de mi mamita me atormenta. Para tienda es mejor esta plaza. Al mes de abrir la tienda, le desconté a Pinto $1.600 de las ventas y sigo vendiendo muy bien.

Te anticipo esta carta porque estoy por ir a la gran fiesta de Sumalao. Pinto va a pedir una galera de las muchas que hay aquí y me va a llevar. El Gobierno va con la música y los cívicos a celebrar el 25 de mayo en Sumalao. Oh, como deseo que estuvieras aquí y que fueramos juntos, pero según veo estás muy contento en Cobija… y no me gusta mucho que tengas tanta confianza como de hermanito, con las niñas esas. Con mi comadre tal cual para que te cuide mucho, sí me gusta; pero con las niñas de lejitos nomás.

Todas tus cartas se las doy a Pinto para que las lea y hace muchos elogios de tí a sus dependientes. Siempre les da en cara con vos y con lo que trabajas, y no te acuerdas nunca de mandarle memorias, ni tampoco a tus tías María Manuela y Nicolasa que se desviven por vos.

Con que pensabas que el 19 no me había acordado de vos? No sabes que por extremado que sea el cariño de un hijo nunca llega a la mitad del de la madre. Cómo me acordé de las empanadas que tomamos el año pasado con los paisanos y tu abuela en casa. Que día tan triste habrá tenido la pobre señora recordando todo esto. No dejes de escribirle una cartita, ha de creer que ya la has olvidado y es tan sentida.

No me extiendo más por que hoy es domingo y todavía no he oído misa. Un joven religioso se recomienda con Dios y con las gentes. Y si en ese pueblito nadie la oye, tú darías el buen ejemplo oyéndola.

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