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1850
agosto 3, 2018|Cartas

1850

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Salta, enero 12 de 1856

De Gregoria, la madre, a Adolfo, el hijo.

De Salta a Cobija.

 

 

 

Mi hijo amado;

Que cruel me ha sido tu separación; no me ha valido la reflexión ni cosa alguna. Al día siguiente de tu marcha, vinieron a visitar a Deidamia, Manuelita y Julia. Cada una de las piezas que la primera tocaba en el piano, me partían el alma al recordarte, pero sobre todo el vals de “El Profeta”. Al día siguiente que se festejó Micaelita Solá, el día de año nuevo, todas las niñas te recordaron constantemente en la reunión. La Panchita, me brindó una copa por vos, lo mismo que todas las demás. También Doña Casiana hacía mil extremos recordándote.

El paseo que tanto deseaba hacer con vos a San Lorenzo, y que al fin se frustró, lo haré el domingo que viene por invitación de Doña Pepa Arenales, porque el 18 estará aquí López, con la diligencia, y la aprovecharán para ir con nosotras. Pienso quedarme allí unos 8 días, porque sólo de ese modo disfrutaré el campo.

Gregorio me escribe que ha tenido el gusto de ver reunidos a todos sus hijos, pero que nada han arreglado de nuevo y se han vuelto a sus destinos.

El sábado mandé a Cayetano con un papel para Fuentes, pidiéndole tu caballo y el picazo de Jacoba para que fuese la Francisca a San Lorenzo. Me contestó que el picazo se había muerto, pero que ya había encargado un buen sillonero para Jacoba.

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