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Leher a Lacan
agosto 8, 2019|Leher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 4 minutos

“Cada pensamiento justo, era una conquista”.   

J.P Sartre

Sinceramente.. no se si tengo ganas de escribir sobre la teoría. El tema me aburre, y tanto Freud como Lacan, se detienen tanto en los conceptos y les dan tantas vueltas, que me cansan. Entiendo que no existe lo simple sino lo simplificado y que, seguramente, ninguno de los dos querría caer en elaboraciones que por simples, pudieran estar equivocadas. Entiendo.. me quejo, pero a eso, si lo entiendo.

Lo que no entiendo y nunca voy a entender, es el mal uso que hacen algunos de su posición de Sujeto Supuesto Saber. Es una verdadera pena que se aprovechen de ese rasgo infantil de la población. Elijo pensar que los mueve la inocencia y borro el renglón en el que escribí “malditos canallas”. Debí estar muy enojada. Mi reino me ha preservado siempre, pero no de ver.

No por nada soy enfática en esto: nadie te mira profundamente a los ojos y te dice: voy a mentirte hasta que mueras.

No es lo mismo dudar, que verse obligado a hacerlo.

En fin, vuelvo al texto. Para referirse al tema, Lacan trabaja en “Sobre la Dinámica de la Transferencia”, texto escrito por Freud en 1912. El punto central en el que ambos se detienen es en la interrelación que existe entre estos dos conceptos: transferencia y resistencia.

Lo que quiero, en realidad, es llegar al final del libro, y trabajar sobre el último apartado. En mi primera lectura, y en todas las que le siguieron, esos cuatro capítulos, me volaron la cabeza. Quiero renunciar a todo lo demás, pero no puedo. No voy a alterar el orden, ni a saltearme casilleros, porque así lo he decidido. Las personas nos complicamos la vida todo el tiempo. Aveces nos prometemos cosas incomprensibles y es la promesa misma, la que le da sentido a la cosa.

Hay deseos, que necesitan del deseo, por la misma razón que hay promesas, que vale la pena cumplir.

En mi pueblo, había un niño que se llamaba Cuta, bueno, así le decíamos. Por algún motivo siempre pensé qué Cuta era descendiente de inmigrantes rusos, o de algún país de la ex Unión Soviética. Cuta andaba todo el día con un palo en su mano derecha, el palo era más o menos de su misma altura, y lo usaba para caminar, para saltar en realidad. Lo apoyaba sobre el piso y daba un salto, lo apoyaba de nuevo, daba otro salto. Así caminaba él, de a saltos. Ese palo, era algo así como un medio de transporte con el qué adelantaba casilleros.

De la palabra “transferencia” la definición que me gusta es esa que dice “operación bancaria que consiste en cambiar dinero de una cuenta a la otra”. Es un término interesante, sobre todo si a la transferencia se la hacen a uno, si el monto es cuantioso, y en moneda fuerte. Aveces uno se cruza con lunáticos capaces de arruinar metáforas infinitas, y no le queda otra opción más que recibir dinero. No es que venga al caso, pero tenía ganas de decirlo. De cualquier manera, la transferencia que nos importa es en sí misma, un traspaso de valores.

Es por lo menos llamativa cierta expresión que Lacan repite durante todo este capítulo. Da a entender lo siguiente: exista o no exista, dios es el que sabe. Y, claro, el saber… no es cualquier cosa.

Freud cierra el texto con una frase muy simpática: “Nadie puede ser muerto in absentia o in effigie”. Excepto que como ese mal chiste, llamemos a alguien con el nombre de nadie, esta breve frase resume perfectamente de que hablamos cuando hablamos de transferencia. En realidad, lo resume muy bien, digamos Nadie, o Nadia.

Y dijo Lacan: “En ciertos casos, en el momento en que parece dispuesto a formular algo más auténtico, más candente que lo que ha conseguido hasta entonces alcanzar, el sujeto se interrumpe y emite un enunciado que puede ser éste: súbitamente me doy cuenta de su presencia”. Esta cuestión de la presencia, es sobre la que trabaja Lacan para “esclarecerse”. Yo me siento muy mal, porque nunca en el interior de mi consultorio, un paciente mío me ha declarado nada ni remotamente parecido. Aún así, me resulta muy interesante: una presencia que se siente, no puede tratarse de ninguna otra cosa que de una presencia que en realidad no es tal.

La ausencia tiene la potencia de un discurso.

Cada rato me siento a disgusto, porque no puedo cerrar el libro con esa agradable sensación de que todo está en orden, de que una idea tiene la consistencia de algún objeto asequible a la mirada y a todos los demás sentidos. Como decir “tierra” y ahí nomás, poder arrodillarse y tocarla en el suelo, saber que siendo la misma, puede cambiar su textura o su color, que deja su huella, ensuciando la piel, y necesita del agua para desaparecer. Quiero ideas así, sensibles y sensatas.

Aparece esta palabra: revelación, y yo me siento su dueña, porque la amo desde pequeña. Siento algo así como un orgullo narcisista.

Dice Lacan: “la revelación es el resorte último de lo que buscamos en la experiencia analítica”. Distingue así esta doble función de la palabra. Su dimensión de mediación que permite el encuentro con el otro, su adaptación si se quiere, su ilusión de entendimiento y comunicación y por otro lado su función de revelación, donde aparece el sujeto ya poseyendo una palabra, o la palabra poseyéndolo a él, que en el marco del análisis toca los cimientos y hace acto.

De un lado la palabra vacía, del otro la palabra plena. De un lado todo lo que dejamos fluir, del otro, lo que capturamos como en un paréntesis, un paréntesis que guarda una llave.

El error, no es otra cosa que un agente de revelación y la palabra que hace acto, un fragmento, un desecho, una palabra dentro de otra palabra o una palabra en todo su sentido renovado. La subversión, entonces, es del sujeto, y se expresa en su relación con el otro y con el lenguaje mismo.

Quizás el error – pienso – sea, además, indicio de un estilo.

Freud ubica el surgimiento de la transferencia en el momento mismo en que surge la resistencia en el proceso de investigación. Dice al respecto: “En la cura analítica la transferencia se nos aparece siempre, en un primer momento, sólo como el arma más poderosa de la resistencia y tenemos derecho a concluir que la intensidad y tenacidad de aquella son un efecto y una expresión de esta”.

Entiendo que Freud y Lacan necesiten situar con exactitud, donde surge la transferencia y cual es su relación con la resistencia, de qué manera se conjugan la una y la otra en el proceso analítico. Siento no comprender del todo, y necesito hacerlo. Por ahora, algunas vicisitudes personales me llevan por otros caminos asociativos, y pienso en aquello que leí una vez: el precio de la libertad, es su eterna vigilancia. Pero claro, es una larga historia, y no es este el lugar para contarla.

No es lo mismo revelar, que revelarse. No es lo mismo, hablar que callarse.

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Acerca de Capiton(é)
- Dame tu libertad... o dame tu vida.

- Exigió el presunto Amo.

- Ja. - Respondió el presunto esclavo.

Volver, ya no fue posible.

About
Soledad Lecuona de Prat, nació en Salta, Argentina (1982). Cursó sus estudios universitarios en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad Católica de Salta obteniendo los títulos de Profesora y Licenciada en psicología.

Luego de trabajar durante algunos años en diversos organismos públicos, tanto en el área de capacitación como de atención a personas en estado de vulnerabilidad social, psicológica y afectiva, se volcó -hace ya más de 10 años- a la atención clínica de pacientes en su consultorio privado.

Actualmente trabaja en una investigación sistemática del Seminario Nro. I de Jacques Lacan con el objetivo de publicar futuras obras sobre su contenido.

Pasa sus horas escribiendo ensayos, poesías y cuentos que abordan cuestiones cotidianas, sin dejar de lado su percepción profundamente analítica.

Con el fin de exponer sus pensamientos creo el blog "Tiene nudos" (2014) que se consolidaría posteriormente, bajo el nombre de "Capitoné (2017).

Actualmente vive en la provincia de Salta, junto a sus tres hijos.

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