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Leher a Lacan
octubre 13, 2019|Leher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 5 minutos

Apéndice

I ain’t missing you at all.

John Waite

Una pesadilla me despertó. Me oí decir “no…no”.

No puedo dejar de pensar en esto, en las lecturas infinitas de lo que es un no, de que implica la negación, aún más allá de lo que puedo entender de este tema que me mantiene ocupada.

Como no puedo más que pertenecer a este mundo, vino a mi esa canción de Arjona, que dice “dime que no”. Es gracioso, pero lo que Arjona quizás no sepa, es que después de esa canción, no habrá mujer más segura de su no, que aquella que le diga sí.

Claro, también es cierto, que como ya escribí una vez, no es lo mismo una síntesis, que un acto sin pensamiento.

Volviendo al texto. Hice lo que pensaba hacer, leí a Freud, y también a Hypolitte. No puedo decir que el segundo haya aclarado para mí, aquello que explicaba el primero. Es probable que me falten elementos para comprender a Hypolitte, quien se vale de Hegel para hacer su lectura, aún así, me aventuro a hacer mi propio desarrollo a partir de lo que en mí produjo este tema. Necesito avanzar.

El ser, no afirma ni niega nada, simplemente es. Se diferencia de los otros seres por la discontinuidad física que lo separa de ellos. Es por su ingreso en el mundo del significante que un sujeto se constituye, y no hay casi nada en el lenguaje, que no ofrezca una oposición.

Cuando digo esto, empiezo a dudar. Pienso: en algún sentido, estoy equivocada. La tradición filosófica en torno al ser, ha de contradecirme y me pregunto quién, y de qué manera.

Anhelo la erudición, la erudición es mi ideal. Dos cosas me harían amarme: nunca gritarle a mis hijos, y haber leído todo, todo lo que hay. No puede mi amor propio, curar esa herida.

No puedo evitar tomar este camino, necesito distinguir ahora, el ser, de los entes, lo esencial, y lo existente. Sin embargo, no puedo hacerlo sin desviarme casi por completo de la intención de este texto.

Me limito a distinguir lo que puedo vislumbrar a partir de algunas lecturas breves: pareciera ser lo mismo el ser y el ente, pero se diferencian el uno del otro, en tanto uno contiene al otro: el ser, es la propiedad intrínseca y fundamental de todos los entes, y a su vez la condición necesaria que posibilita su diferenciación. El ser es la condición dinámica, viva, de todo ente.

Así pues, el ser, en su devenir, logra diferenciarse. Creo que digo bien, entonces: un ser no afirma ni niega nada, simplemente es. La palabra, en sí misma, guarda alguna otra necesidad.

Dice Freud, que cuando un sujeto experimenta un rechazo hacia determinada asociación o afecto, ese rechazo se expresa con una negación. Sin embargo, pienso, también una afirmación da cuenta de un rechazo. Las palabras mismas en el mismo momento de pronunciarse tienen efecto por su oposición a otros términos. ¿No es así?

Será harina de otro costal, pero la cuestión de fondo, es siempre, porqué un sujeto dice algo, lo que sea. La negación quizás pone en evidencia rechazos que no son dichos en la afirmación.

Freud explica en su texto que una negación expresa una especie de aceptación intelectual de lo reprimido, aun cuando el contenido mismo de la idea negada, continúe en esencia, reprimido. Dice: “El contenido de una imagen o un pensamiento reprimido, puede pues, abrirse paso hasta la conciencia, bajo la condición de ser negado”. Continúa diciendo que en este punto, la función intelectual se separa del proceso afectivo.  Es decir, la función intelectual permite el no, mientras que lo afectivo, obedece a lo reprimido.

Freud señala que la función intelectual del juicio niega aquello que ha entrado en conflicto con el yo, y este no puede integrarlo de manera espontánea. Y continúa “Negar algo en nuestro juicio equivale en el fondo a decir “esto es algo que me gustaría reprimir. El enjuiciamiento es el sustitutivo intelectual de la represión y su no, un signo distintivo de la misma”.

Bien, para entender el texto, es preciso detenerse en esta otra cuestión filosófica en torno al juicio de atribución y el juicio de existencia. Freud, revierte los conceptos de la filosofía tradicional que antepone el juicio de existencia, al juicio de atribución. Para los filósofos, el primer juicio se realiza en torno a la existencia de las cosas, y solo después se le atribuye un signo a tal o cual existencia.

Para Freud, lo que regula el juicio es el principio de placer, por lo tanto, el primer juicio no se da en torno a lo que existe o no existe, sino en torno a lo que genera satisfacción o insatisfacción.  El juicio de atribución, entonces, exige la introyección de la representación como parte del yo, o por el contrario, su expulsión. El yo primitivo regido por el principio del placer, necesitará introyectar todo lo bueno y expulsar de sí todo lo malo.

En fin, un verdadero lío.

Aquí es cuando viene la insignificancia a apoderarse de mí, y me advierte sobre los vanos intentos de estos hombres de genio, de comprender las profundidades de la mente humana. Los suyos me parecen intentos desesperados. No sé… quizás soy impaciente. No… seguro soy impaciente. Si, soy impaciente.

Voy a resumir las cosas de esta manera: Freud entiende que un individuo de esos recién nacidos, con su sistema perceptivo nuevo y tan inmaduro, establece juicios en función del placer o displacer que le genera ese encuentro con la realidad. Por lo tanto, el mundo intelectual y afectivo son uno y el mismo. Cuando el sujeto rechaza ciertas representaciones o ideas, estas funciones se separan. Si entiendo bien, la función intelectual niega lo que la afectividad reprime.

Cuando Lacan otorga al yo la función de desconocimiento, lo hace en tanto, es función del yo desconocer aquello que ha obtenido una atribución negativa en su primer encuentro con  el sujeto. El inconsciente pienso, está lleno de nos, es decir… de muchos “no”, que de manifestarse de algún modo, no lo harían ya como negación, sino lo contrario.

La otra decisión de la función del juicio – dice Freud –  la referente a la existencia real de un objeto imaginado (test de realidad), es un interés del yo real definitivo, que se desarrolla partiendo del yo inicial regido por el principio del placer. No se trata ya de si algo percibido (un objeto) ha de ser o no acogido en el yo, sino de si algo existente en el yo como imagen puede ser también vuelto a hallar en la percepción (realidad). Como puede verse, es ésta, de nuevo, una cuestión de lo exterior y lo interior”. Continúa: “Lo irreal, simplemente imaginado, subjetivo, existe solo dentro, lo otro, real, existe también afuera. En esta etapa del desarrollo ha dejado ya de tenerse en cuenta el principio de placer. La experiencia ha enseñado que lo importante no es solo que una cosa, (objeto de satisfacción) posea la cualidad buena y por tanto que merece ser incorporada dentro del mundo del yo sino también que existe en el mundo exterior de modo que pueda uno apoderarse de ella en caso necesario.”

Así, con este desarrollo sobre el test de la realidad, Freud finaliza su artículo sobre la negación. Sin ánimo de ofensas, querido Sigmund, demasiados temas para tan pocas páginas. Sé que en algo estabas pensando, pero no puedo saber en qué y no me queda más que preguntarme qué querías decir realmente. Si estuvieras vivo, viajarías conmigo a la Puna; ese desierto donde antes estuvo el mar. Querido Sigmund… pocas cosas sé, y sé que te escucharía callar.

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Acerca de Capiton(é)
- Dame tu libertad... o dame tu vida.

- Exigió el presunto Amo.

- Ja. - Respondió el presunto esclavo.

Volver, ya no fue posible.

About
Soledad Lecuona de Prat, nació en Salta, Argentina (1982). Cursó sus estudios universitarios en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad Católica de Salta obteniendo los títulos de Profesora y Licenciada en psicología.

Luego de trabajar durante algunos años en diversos organismos públicos, tanto en el área de capacitación como de atención a personas en estado de vulnerabilidad social, psicológica y afectiva, se volcó -hace ya más de 10 años- a la atención clínica de pacientes en su consultorio privado.

Actualmente trabaja en una investigación sistemática del Seminario Nro. I de Jacques Lacan con el objetivo de publicar futuras obras sobre su contenido.

Pasa sus horas escribiendo ensayos, poesías y cuentos que abordan cuestiones cotidianas, sin dejar de lado su percepción profundamente analítica.

Con el fin de exponer sus pensamientos creo el blog "Tiene nudos" (2014) que se consolidaría posteriormente, bajo el nombre de "Capitoné (2017).

Actualmente vive en la provincia de Salta, junto a sus tres hijos.

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