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LEHER A LACAN
diciembre 17, 2019|Leher a Lacan

LEHER A LACAN

LEHER A LACAN
Tiempo de lectura: 4 minutos

Análisis del discurso y análisis del yo.

O fotógrafo não faz o mundo nem é culpado, Sebastião Salgado, O berço de desigualdade.


Lo primero que vengo a decir, es la verdad.

En la última reseña, dije que Freud terminaba su capítulo sobre La Negación de ya no recuerdo qué manera, sin mencionar sus comentarios acerca de la función de la destrucción que es – en realidad – el último concepto al que hace referencia. Sabrán disculpar, me pasa que quiero pasar las cosas por alto cuando no hago transferencia con los conceptos. Volveré sobre la función de destrucción en este capítulo, básicamente porque la realidad bibliográfica a la que me enfrento no me está dejando opción. O no. Quizás no vuelvo. Quizás me voy por las ramas, y me dedico a otra cosa.

Lacan titula a este capítulo Análisis del discurso y análisis del yo. Su intención es explícita, pues señala que lo hace con la idea de sustituir la oposición clásica de Análisis del material y Análisis de la resistencia, por estas otras. Lo que pone de relieve esta sustitución, es que para Lacan, no hay material que no sea discursivo, mientras que hay más para analizar en el yo que la sola presencia de las resistencias. Toma a Anna Freud, para desarrollar el tema, lo que me resulta extremadamente inconveniente.

Debo aceptarlo: organizo mis lecturas desde que tengo memoria e hice estos cálculos: voy a terminar este trabajo en el año 2041, a la edad de 59 años. Eso, si soy constante. No obstante, mis cálculos no incluyen una lectura exhaustiva de todos los textos citados por Lacan, sino más bien, una lectura que permita un enfoque nuevo sobre el texto. Estoy ansiosa por llegar a algunos seminarios, me motiva encontrarme con algunos capítulos. Otros, sin embargo, me resultan un bodrio excepcional: la función de destrucción, Anna Freud y Melanie Klein, entre otros.

Me corrijo, no sólo es aburrimiento. Es la insignificancia otra vez, que todo lo vuelve inútil y ya para qué devanarse los sesos. De cualquier manera, si me extiendo demasiado en esto, voy a tener que dilatar mi muerte hasta no sé.. demasiadas décadas después.

Con tanto conflicto interno de por medio, me detengo a pensar en esto, en que es esto que hago y porqué lo hago, y viene a mi un recuerdo. Hace algunos años atrás, un poco antes de interrumpir mi análisis, leí mi primer libro de Murakami. Fue un descubrimiento de esos que me dan cierto orgullo absurdo: hojear un libro, y sin ningún conocimiento previo, ninguna referencia, encontrarme con un autor que después admiro. Aquella vez, por razones que todavía no puedo explicar me compré “Al sur de la frontera, al oeste del sol”.

Leí: “Pues es lo mismo. Este mundo es igual. Si llueve, las plantas florecen, si no llueve, se secan. Los insectos son devorados por las lagartijas, y las lagartijas por los pájaros. Pero en definitiva, todos acaban muriendo. Y, después de muertos, se secan. Cuando una generación muere, la sucede la siguiente. Es así. Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia. Al final solo queda el desierto. El desierto es lo único que vive de verdad.”

Lloré una y cada una de las veces que leí estas líneas, eso no excluye al día de hoy, en que las transcribo aquí. Como si me dejaran percibir el mundo tal y como es, sin artilugios ni trampas, y eso me conmoviera más allá de lo explicable.

La lluvia y la sequía, la vida y la muerte, el deseo y el goce, el humor y la tragedia, el sentido y el sin sentido, lo válido y lo ridículo, lo útil y lo inútil, la seriedad y la risa, un motivo y su contrario.

Es una sentencia: en el punto intermedio de la polaridad, yace siempre, una incómoda respuesta.

En algún momento, Lacan tuvo pensado dar su seminario “El Nombre del Padre” en lugar de eso, dictó “Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis”. El Padre, ya estaba pulverizado. Como alguien me supo explicar: del Nombre a los nombres, y de los nombres a los conceptos. Después de todas estas vueltas, decidí que también yo voy a dejar un lugar vacío.

Esto lo digo hoy, 16 de diciembre. Hace poco menos de un mes, escribía:

“Decidí leerlo (al libro de Anna Freud), imagino que el deber se impuso. Lo fotocopié, y cada vez que pude, bueno, cada vez que pude… leí la autobiografía de Patti Smith, las Anotaciones de Ernst Jünger, el Señor del  Ártico y el silencio, al niño autista y su perro, los santos de copas, el libro antiguo de Rafael, la novela de Dickens con la letra demasiado chiquita, el libro que me da garantías de educación, o el que me enseña a escribir guiones cinematográficos.. en fin, cualquier lectura me llama más que Anna Freud y sus mecanismos de defensa. Por otra parte, ahora me atrapó un misterio que incluye a Shakespeare, a un joven desconocido, y a las últimas elecciones presidenciales. Anna Freud no tiene ninguna posibilidad, ni que decir de Melanie Klein con su pecho bueno y su pecho malo. Una idea tan carente de poesía, nunca va a motivarme.

Es que yo amo al psicoanálisis, pero que manera de ofrecer una versión antiestética del mundo. Claro, hace lo que puede con lo que hay. Se que se esfuerza demasiado, aunque demasiado nunca sea suficiente.

Quizás no es contratransferencia conceptual, sino la procrastinación propia de un pequeño final. Por tanto, voy a publicar esto y ya. Dejo de dar vueltas y paso a lo que sigue. Vaya este resumen de Los mecanismos de defensa para los amantes de la teoría; resumen poco confiable pero bien intencionado, leído con un solo ojo y procesado con un solo hemisferio.

Su propósito (el del yo) es obtener una permanente paralización instintiva mediante recursos defensivos apropiados que aseguren sus fronteras”.

“La teoría analítica ha abandonado el concepto de que el yo es idéntico al sistema consciente de percepción: vale decir, que nos hemos percatado que grandes porciones de las instancias del yo son en sí mismas inconscientes y necesitan la ayuda del análisis para llegar a ser conscientes”.

Todo cuanto proviene del yo es asimismo una resistencia en el verdadero sentido de la palabra: una fuerza dirigida contra el surgimiento del inconsciente y por consiguiente contra el trabajo del analista”.

“La tarea del analista es hacer consciente lo inconsciente sea cual fuere la instancia psíquica a la que este pertenece”.

“El yo funciona como aliado del analista en tanto ejerce la autoobservación, también funciona como adversario del análisis en tanto en dicha observación se conduce con parcialidad e inseguridad”.

La totalidad de los métodos de defensa que ha descubierto el psicoanálisis hasta ahora, sirve exclusivamente para la lucha del yo con su vida instintiva

“El origen de las teorías psicoanalíticas basadas en la investigación de las neurosis explica porque la observación analítica ha apuntado fundamentalmente hacia el combate interno entre el instinto y el yo, cuya secuela son los síntomas neuróticos”.

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Acerca de Capiton(é)
- Dame tu libertad... o dame tu vida.

- Exigió el presunto Amo.

- Ja. - Respondió el presunto esclavo.

Volver, ya no fue posible.

About
Soledad Lecuona de Prat, nació en Salta, Argentina (1982). Cursó sus estudios universitarios en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad Católica de Salta obteniendo los títulos de Profesora y Licenciada en psicología.

Luego de trabajar durante algunos años en diversos organismos públicos, tanto en el área de capacitación como de atención a personas en estado de vulnerabilidad social, psicológica y afectiva, se volcó -hace ya más de 10 años- a la atención clínica de pacientes en su consultorio privado.

Actualmente trabaja en una investigación sistemática del Seminario Nro. I de Jacques Lacan con el objetivo de publicar futuras obras sobre su contenido.

Pasa sus horas escribiendo ensayos, poesías y cuentos que abordan cuestiones cotidianas, sin dejar de lado su percepción profundamente analítica.

Con el fin de exponer sus pensamientos creo el blog "Tiene nudos" (2014) que se consolidaría posteriormente, bajo el nombre de "Capitoné (2017).

Actualmente vive en la provincia de Salta, junto a sus tres hijos.

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