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Entrevistas a mí
mayo 8, 2024|Capiton(é)

Entrevistas a mí

Tiempo de lectura: 7 minutos

Noviembre de 2022

¿De qué trata su libro?

Mi libro es una promesa cumplida, y como es ante todo, eso, no sé exactamente de qué se trata. Mi libro es un deseo de escribir, y a la misma vez, mi dificultad para hacerlo. 

Hay una cita en algún lado, no sé si es de Lacan o de quien pero dice “Un psicoanalista paga con su vida, con su palabra y en su ser”. Es un costo alto. Yo decidí tensar ese punto, y ver a donde me lleva, o a donde me deja. No me importa mucho tampoco. 

¿Puede decirse que su libro sea autobiográfico?

No quiere ser autobiográfico, pero lo es, en algún punto. Y lo es por dos razones: porque la teoría psicoanalítica misma, necesita de la biografía, y porque escribir sobre mí, es escribir también sobre la ficción que soy yo. Digo, no hay autobiografía que no sea también una ficción.

Si tuviera que definirlo con dos o tres palabras ¿cuáles serían?

Diría que es honesto, lúdico y lacaniano.

¿Porqué escribe y desde cuando escribe?

Escribo desde siempre. Empecé a escribir diarios a los 6 años, y en la adolescencia escribí poesías de amor, poesías sobre desengaños amorosos, muy espontáneas, muy rítmicas y muy malas. Siempre tuve una relación muy particular con la rima, porque apenas empecé a preocuparme por la calidad de mis poesías, me di cuenta que tenía serios problemas para liberarme de la rima. Las primeras poesías que leí fueron de Gustavo Adolfo Becquer, y de Ruben Darío, ambos muy rimadores. También leía Romances de un librito de mi madre que se llamaba “Flor nueva de romances viejos”. Amaba ese librito. Creo que toda esa influencia, que fue para mi tan temprana, caló hondo en mí. Cuando estaba escribiendo incluso la tesis para recibirme, me demoré muchísimo, porque empezaba a escribir y empezaba a rimar. Pero creo que de todo eso que escribí siendo niña, o adolescente, lo que más rescato, y con lo que más me identifico al día de hoy, es con una narración que me pidieron en la escuela, cuando estaba en cuarto grado. La maestra, una maestra que tenía muchos años y se llamaba Señorita Marta Barni, nos pidió que escribamos una redacción. Tenía que tener unos cuantos párrafos, teníamos que usar sangría y usar lápiz rojo para la primera mayúscula de cada párrafo. Yo le puse de nombre “La sequía”, y escribí sobre eso, sobre el drama de la sequía. Cuando tenía ya, 24 años, empecé a escribir un cuento, el primer intento que hice de escribir algo, y el tema que volvió a salir, fue la sequía otra vez.

Asique si me preguntas porqué escribo, escribo por la sequía, escribo esperando que llueva, y que deje de llover. Escribo por ese ciclo que necesita la vida, de ser y dejar de ser. Y escribo porque la sequía, es la ausencia de dios, así como la lluvia es su presencia, y un diluvio, su olvido.

¿Cómo era la relación con su madre?

Tuve una relación muy linda con mi mamá, en parte porque me introdujo a un mundo tan espectacular como es el de la literatura. Mi mamá era profesora de literatura, y profesora de teatro, y yo la acompañaba a dar clases y la acompañaba en los ensayos de teatro. El teatro también fue una gran influencia porque durante toda mi escuela primaria yo estaba en los ensayos de sus obras, me las sabía de memoria, y me parecían lo más espectacular del mundo. Volvía de la escuela, y sabía que a la tarde mi casa era una fiesta. Venían sus alumnos que tenían entre 15 y 17 años, y ensayaban en el living y en el jardín de mi casa. Yo sabía el diálogo de todos, y les apuntaba desde un costado. Estaba en 4to grado también, o en 3ro cuando hicieron La barca sin pescador. Me emocionaba. Creo que lo que más disfruté de mi relación con mi mamá, fue su trabajo, o esa parte de su trabajo. 

¿En qué momento decidió ser escritora?

No es algo que haya decidido, ni siquiera puedo decir que lo sea, que sea escritora. No soy escritora, pero escribo. Así como no soy fotógrafa, pero hago fotos. Creo que soy analista, por sobre todas las cosas. Es la única definición en la que me siento cómoda, y no psicoanalista tampoco. Solo analista. 

¿Para quién escribe?

Cuando escribo para entender, escribo para mí. Me gusta el oficio de ayudar a pensar y ayudar a sentir, y ese es un modo de vida, más que una actividad en particular. Es decir que cuando escribo, escribo también desde ese lugar, o desde esa preferencia, pero es un modo de vivir, que va más allá de la escritura.

¿Lleva un diario íntimo?

Ahora no, o no de forma continua. Lo llevé durante muchos años. Escribí desde el año 89, hasta el año 99, casi sin interrupciones. Dejé de escribir en la universidad, y retomé después de haberme separado. Lo hago a veces. Pero me causa dolor.

¿Qué está escribiendo ahora?

Esta entrevista que es un fraude.

¿Qué representa para usted escribir?

Escribir es para mi dos cosas: un intento de orden, y un espacio de meditación. Eso es lo más general, después mientras escribo hay distintas intenciones: crear belleza, o impulsar ideas. 

¿Cómo se sintió al terminar de escribir su libro?

Liberada y contenta. 

¿Cuáles son sus influencias? 

Es curioso, porque siempre que leo entrevistas a escritores, suelen tener una relación muy profunda con los clásicos. Yo no leí muchos clásicos, y en parte porque huyo casi de manera inmediata de todo aquello que haya funcionado para las mayorías. No digo, para nada, que haya error en que los clásicos, sean los clásicos, sino que lo que más disfruto de la literatura, así como de cualquier forma de arte, es el encuentro. Puedo encontrarme con un clásico, como cuando leí La Odisea, que es un viaje en el tiempo, un encuentro con el origen, una emoción, pero me gusta encontrarme con un desconocido y amarlo. Disfruto mucho de entrar a una librería y estar ahí hasta que algo me cautive: una cita, un nombre, una tapa, un párrafo, lo que sea. Hay algo espectacular en eso. Los clásicos, a priori, me aburren. Me aburre empezar un clásico. Para hacerlo, tengo que romper esa barrera, y lo intento recurrentemente, porque sé que no por nada han conquistado el tiempo. De adolescente leí los libros de la biblioteca de mi mamá, generalmente escritoras y escritores latinoamericanos contemporáneos. En la universidad empecé a leer cosas muy distintas. 

 ¿Qué es la literatura para usted?

Una gran conversación. Una conversación con el tiempo, y con el espacio. Con las preguntas y las respuestas de otros. 

¿Y el psicoanálisis?

Una pregunta.

¿Dónde y cómo escribe?

Escribo siempre en algún café. Escribo por la mañana, después de leer alrededor de una hora. El café puede variar, y es un hábito con el que discuto constantemente, pero que por lo menos por ahora no puedo cambiar. Si viviera en una ciudad más grande, probablemente no renegaría de este hábito, tendría más opciones, y menos posibilidades de encontrar gente que conozco. No puedo escribir en mi casa, porque tiene mala luz, y porque me duermo con facilidad, en mi consultorio me pasa lo mismo. Me gusta que haya otra gente trabajando, y que también haya gente reunida, disfrutando, porque el encuentro con la gente querida es de las cosas más lindas de la vida, me gusta sentir eso. Había una época en que iba a un café que quedaba a la vuelta de una iglesia, y todos los domingos, me encontraba con una familia muy numerosa de hermanos, cuñados, hijos y sobrinos. Iban todos a desayunar ahí, y después se iban a misa. Yo no iba a misa, sino que me quedaba escribiendo, lo que explica muy bien, lo que es escribir para mí. Al margen de la literatura, creo que la mayor influencia de mi vida, fue la religiosa, las Santas Escrituras, que son muy poéticas, y muy misteriosas y enigmáticas. En definitiva, la Biblia, es muy buena literatura. Perder el sentido religioso de la vida, es muy difícil, y creo que mi escritura tiene que ver también con esa pérdida. 

¿Qué otras aspiraciones tiene usted?

Me gusta mucho la fotografía, y tengo aspiraciones artísticas de índole fotográfica. Es un medio de expresión muy potente y a la vez más amigable que la escritura, menos tortuoso y muy satisfactorio. Me permite además otro movimiento, otro dinamismo, y me gusta eso. No se si escribiré toda la vida. Es como dice esta poeta polaca que me gusta mucho pero me cuesta pronunciar el nombre, “prefiero la ridiculez de escribir, a la ridiculez de no hacerlo”. Pero esa sensación de lo ridículo para mi es muy real, y muy lábil, puedo pasar rápidamente de un lado al otro, y si algún día decido que escribir es ridículo, quizás saque fotos, o quizás haga lo opuesto a escribir, que quizás sea… no sé… vender seguros. 

¿Cómo fue su relación con su padre?

Me enternece cuando leo mis diarios de cuando era niña, porque ahí puedo leer la admiración total que sentía hacia mi papá. Y un añoranza muy grande de tenerlo más cerca, porque era un padre distante, y silencioso. El silencio genera muchas cosas, y muy especialmente cuando lo que hay de fondo es cierto modo aristocrático de vivir, que caracterizaba a la familia de mi padre. El silencio se vuelve muy fértil, muy analítico. Sufrí por ese silencio quizás mucho cuando fui niña, pero solo puedo agradecerlo porque por ese silencio, entre otras cosas, soy la mujer que soy. 

Escribe sobre psicoanálisis ¿porqué Lacan?

Escribo sobre psicoanálisis, te diría casi que contra todo pronóstico. Elegí la carrera de psicología porque me parecía que el conocimiento sobre lo humano, en general me serviría para cualquier cosa que yo quisiera emprender en el futuro, y muy especialmente, cuando estuviera lista para escribir. Tenía la idea de escribir guiones cinematográficos, esa idea me divertía mucho. Después la vida me trajo nuevas preguntas y nuevos dolores, y ahí entendí que no era culpa de Freud haber teorizado la realidad de una manera tan desagradable, sino que la realidad misma exigía esa comprensión. Por suerte existió Lacan, después de Freud, porque no hubiera podido perseverar en mis intentos, sino hubiera sido por la vuelta de tuerca que le dio la Lacan a la teoría.

¿En qué sentido Lacan modificó su percepción del psicoanálisis?

No, no es que la modificó, sino que hizo posible que yo siga profundizando en la teoría. Todavía me cuesta, me cuesta porque leer a Lacan no me exime de tener que leer a Freud, y porque hay también en la teoría Lacaniana, algo que no me gusta. Con Freud me encuentro con lo desagradable de la realidad, con Lacan me encuentro con la insignificancia. 

¿Qué planes tiene para el futuro?

Voy a terminar de leer los seminarios de Lacan. Eso indica que tengo varios años de estudio psicoanalítico específico. Cuando reseñé este primer libro, tenía la idea de sacar una reseña cada dos años, sobre cada uno de los seminarios. Ahora tengo la idea, de publicar un solo libro al terminar de leer todos los seminarios, voy por el 4to. Me faltan más de 20, asique tengo para rato. 

Y ¿después?

Después fotografía y ficción. Extraño mucho la fotografía, y no sé en que formato, de qué manera, con qué objetivo, sé que en algún momento quiero volver. Con las fotos intento rescatar la parte más cautivante de la realidad, la que no deja de sorprenderme nunca, y para bien. La escritura de ficción también… es para el deleite de los sentidos. 

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