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De escritores, disyuntivas y pichoncitos.
diciembre 29, 2020|Capiton(é)Esencias textualesFilosofía y PsicoanálisisRandom

De escritores, disyuntivas y pichoncitos.

Tiempo de lectura: 3 minutos

Sepa usted estar equivocado.

Louis F. Céline

¿Qué es una posición ética? Una posición ética trasciende a quien la sostiene, va más allá de uno mismo, de nuestros gustos o preferencias.

Una posición ética, no es una simpatía.

He leído de Borges solo algunos cuentos, y unos cuantos poemas. Hay algo en el hombre – sin embargo – que me cautiva más que su literatura: su indiscutible lucidez, ese énfasis opaco al hablar, y al escribir, su humor sutil, su memoria prodigiosa, su búsqueda incesante de la palabra precisa, sus confesiones torpes, sus intentos fallidos de ser irrelevante.

Claro que son interpretaciones subjetivas pero si Borges dice: “la democracia es un abuso de la estadística“, si dice, como en uno de sus cuentos, que ser colombiano, (o noruego) es un acto de fe, o si escribe (como en otro cuento), que solo los individuos existen, hay algo que entiendo. Mal o bien, se produce en mí algún tipo de intelección. Además, soy – como él – una anarquista moderada.

Ahora, cuando dice que Ascasubi era moralmente superior a Hernández, entre otras cosas, porque era unitario… bueno, no lo entiendo y se produce en mí un vacío narcisista. (23/IX/70, Diario La Nación)

Por esta duda que me aqueja, le escribí a un amigo, que a su vez tiene un amigo. Este amigo (el de mi amigo) es historiador. Es un historiador que difunde lo que sabe, y lo hace conversando con otros que saben alguna otra cosa, mantiene diálogos interdisciplinarios por llamarlos de alguna manera, sobre nuestra historia, y la de sus personajes.

Le pedí a mi amigo, entonces, que me contacte con su amigo, para poder plantearle mi interrogante. Ahí fue, que un albatros entró por la ventana, sujetando entre sus garras un pichón de dinosaurio, lo que – hay que reconocer – es un suceso bastante extraño.

El pichón de dinosaurio era simpático pero un poco peligroso, tenía la piel medio escamosa, una mezcla de pez y reptil. El albatros estaba cansado de volar, y decidió apoyarse en la mesada de la cocina, hicieron un alboroto, y yo… ya me distraje. Le di huevos de gallina al mini rex, y unas uncas al albatros.

En medio de estos quehaceres, me llegó un mensaje de voz, que amablemente me enviaba mi amigo, que a su vez le enviaba a él, su amigo el historiador. Por el mensaje confirmé mi ignorancia en materia de historia, y me surgieron infinidad de preguntas que no pude formular, porque el albatros no dejaba de aletear, y el dinosaurio bebé, quería comerse a mis perros salchicha. No pierdo las esperanzas, sin embargo, de que este hombre, invite a María Kodama a su programa, y conversen sobre mis inquietudes.

La posición ética, es ante todo, una posición verdadera. No permite autoengaños y no obedece a una pertenencia, implica una responsabilidad subjetiva, y un compromiso con quien se es.

Una posición ética es fraudulenta cuando está organizada sobre la base de un criterio pobre, de una personalidad influenciable o de una argumentación inútil. En tales casos, no hay ética sino amalgama, simbiosis, infantilismo. O peor: lo más indigno en el ser humano, su pequeñez, su patetismo.

La pobreza de criterio, dio lugar a las masacres más absurdas, a daños irreparables, a la más tenebrosa de las oscuridades.

Es un hecho: la ignorancia, causa más daños que la maldad.

Yo…que escribo, desarticulo el mundo de las formas, y asumo las consecuencias de este acto. Ejerzo mi potencia ficcional y confío en la fuerza irreductible de la realidad: le permito que me azote como una ola gigante.

La realidad me devuelve a la costa, desahuciada y herida.

Yo, que escribo, elegí el símbolo sobre el incienso. No hay asunto más personal, íntimo o relevante que este.

No hace falta llenar de hienas el mar para volverlo peligroso. Hacerlo sería además… estúpido.

Lo sé, es extraña esta mención, yo solo estructuro las metáforas.

-¿Qué quiere decir exilio mamá? – Pregunta mi niño.

-Exilio es dejar la patria cuando es indigno vivir bajo su cielo.

-¿Y lo indigno? ¿Qué es? – quiso saber.

-Indigno es el miedo. Le dije.

Después, emprendimos la partida.

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1850
diciembre 24, 2020|Capiton(é)

1850

Tiempo de lectura: < 1 minuto

De Gregoria, la madre a Adolfo, el hijo.

Salta, 25 de diciembre de 1853

En este momento me avisan que marcha a Copiapó un inglés, y te escribo estos renglones para decirte la gran sorpresa que me ha dado Sergio. Ah, hijo, no sé como no me he muerto de gusto. Sin tener el menor antecedente de su venida, cuando le tenía en mis brazos, todavía creía que era un sueño. Pero para que nunca haya gusto cumplido, era al uno solo al que abrazaba. Si hubieses venido tú también, que gusto más completo. Así es que todos lamentábamos que no hubieran llegado los dos juntos. Se va ya el inglés, y no tengo tiempo sino para decirte que todos en casa y tus amigas todas, te recuerdan mucho.

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Leher a Lacan
diciembre 19, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

Tiempo de lectura: 4 minutos

Nuevamente miró a su amado con desmayados ojos y, arrojándose al mar, sintió como su cuerpo, se disolvía en espuma.

La sirenita, Hans Christian Andersen

La báscula del deseo II

Ahora sí, las fichas sobre el tablero.

Matthew Maury, nacido en 1806, fue un estudioso de los mares y un experto navegante. Según se lee en sus datos biográficos, en una oportunidad, estando enfermo en su casa, oyó a su hijo leer la Biblia. El Salmo rezaba: “¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta? Pues lo hiciste poco menos que un dios, y lo coronaste de gloria y de honra: lo entronizaste sobre la obra de tus manos, todo lo sometiste a su dominio; todas las ovejas, todos los bueyes, todos los animales del campo, las aves del cielo, los peces, y todo lo que surca los senderos del mar.” Al escuchar esto de los senderos del mar, pensó que estos realmente debían existir. En ese mismo momento, decidió que los buscaría hasta encontrarlos.

Y eso hizo.

Maury encontró las corrientes marítimas y dedicó su vida al estudio de los mares. En 1855, publicó el primer libro sobre oceanografía; la geografía física del mar. La corrientes marítimas, se diferencian del caudal total de las aguas oceánicas. Por diferencias en su temperatura y salinidad, estas corrientes se constituyen como verdaderos ríos bajo del mar.

No hay imagen que me parezca más apropiada para explicar la función de desconocimiento del yo: invisibles las fronteras, idéntica la sustancia, yo e inconsciente se diferencian en dirección y temporalidad, logrando con ello modificaciones significativas en el modo de comportamiento de aquello de lo que están hechos.

Cuando era niña, pensaba que yo también necesitaba meter los dedos en el costado sangrante de Cristo. Mientras escuchaba a los sacerdotes o a mis maestras, relatar los acontecimientos de la Semana Santa, me preguntaba año tras año, sin cambiar la pregunta, porque Jesús – que era Dios – no daba pruebas de su poder. Siendo Dios, podía, de un salto mortal, bajarse de la cruz, y provocar, en su descenso, un círculo de potente luz que obligara a arrodillarse en arrepentimiento, a todas las almas pecadoras e injuriantes. No me entraba en la cabeza, que no de prueba de su verdad, y anule toda duda.

¿A qué venía esto? Ah sí. Bueno, a eso. Si esta vida garantizara un final feliz, o un recorrido libre de desencantos, mucho de lo que de ella importa más, se vería seriamente comprometido: la adrenalina de los riesgos, la tensión de una elección, los aciertos, los errores, las pérdidas, la emoción de un logro, el encuentro con lo imposible, y con lo posible. De ahí que la Sirenita se vuelva espuma, Jesucristo se deje matar, y Lacan se resista a desarrollos teóricos lineales.

Así como el ADN atenta contra el valor simbólico de la paternidad, del mismo modo, dinamitan el valor simbólico de un discurso, las explicaciones y las demostraciones.

La tensión dramática de la vida, está en los intersticios de la palabra. Aunque sea también por estos intersticios que se escapen las perdices.

Perdón, vuelvo a las fichas sobre el tablero.

Lacan desarrolla en esta clase, la función de desconocimiento del yo, su origen especular e imaginario y el advenimiento del deseo a partir de un movimiento de báscula entre el infante y su semejante. Como en otras oportunidades, me resultan comprensibles los conceptos pero no igualmente accesibles, las relaciones entre ellos.

La función de desconocimiento del yo, nos dice Lacan, representa cierta organización de afirmaciones y negaciones a las que está apegado el sujeto. (Afirmaciones y negaciones, a las que nos hemos referido anteriormente a partir de los juicios de atribución y de existencia que desarrolló Freud). El análisis, es el espacio donde la ignorancia empieza a construirse.

En una relación inversamente proporcional también se constituye la verdad.

Lacan define el conocimiento del yo como una coaptación imaginaria. Coaptar es un término médico que indica “la acción de colocar en sus posiciones naturales los fragmentos de un hueso fracturado o de restituir en su sitio un hueso dislocado“. En un empleo más general sería, la acción de proporcionar, ajustar o hacer que convenga algo con otra cosa.

Lacan usa este término entonces, para explicar como la constitución del yo, exige unificar la imagen fragmentada, en un todo organizado, para lo que el niño se vale de la imagen del otro – del otro especular, o del semejante.

El cuerpo es entonces, el primer deseo.

Hay un momento en el cual se produce para el niño, a través de la mediación de la imagen del otro, la asunción jubilatoria de un dominio que aún no ha alcanzado“. Esto es, el niño intuye su totalidad, se aprende como cuerpo, aún sin ejercer pleno dominio de sí: “… se aprende como cuerpo, en los intercambios con el otro y aprende también a reconocer en el otro lo que está en el, en estado de puro deseo, deseo originario, confuso”.

Así la rivalidad imaginaria existe y se presenta en tanto es el otro, el lugar, el espacio, en donde el sujeto reconoce su deseo.

Lacan lo dice de esta manera: “Cada vez que en el otro surge algo que permite al sujeto volver a proyectar la imagen del ideal del yo, cada vez que de modo analógico vuelve a producirse la asunción jubilatoria del estadio del espejo, cada vez que el sujeto es cautivado por uno de sus semejantes, el deseo retorna al sujeto”.

En fotografía, la imagen analógica, tiene sus valores de luz invertidos respecto a la captura original de la imagen, por lo cual se conoce a la película tratada, como negativo. Me pregunto acerca del alcance que tiene para Lacan, explicar las cosas de este modo… de este modo analógico.

En esta clase, L. pasa de la función de desconocimiento del yo, al conocimiento del yo como coaptación imaginaria, y de este conocimiento a la aprehensión del deseo en tanto deseo del otro, y de esta noción esencial a la noción del masoquismo primordial y su relación con la constitución del símbolo y el mundo de la negatividad.

El genio no se adapta y debe.

Para finalizar me quedo con esta pregunta: “Mientras el sujeto acomoda su deseo en presencia del otro se produce en el plano de lo imaginario, esa oscilación del espejo que permite que cosas imaginarias y reales que para el habitualmente no suelen coexistir se encuentren simultáneamente“.

Falta menos para terminar lo que empiezo.

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Leher a Lacan
diciembre 14, 2020|Capiton(é)

Leher a Lacan

Tiempo de lectura: 2 minutos

– ¡Magnífico! ¡Soberbio! ¡Digno de un emperador como yo!

Los trajes nuevos del emperador, H.C Andersen

I know that diamonds mean money for this art,
but that’s not the shape of my heart.

Dominic Miller, Gordon Sumner. The shape of my heart.

The first tool of all, was a sling.

The mushroom hunters, Nail Gaiman.

La bascula del deseo I

¿Cómo decir la verdad, y a la vez, preservarla? ¿Cómo decir la verdad y preservarme? Cuando digo verdad digo: un reconocimiento necesario.

La construcción del saber no es ajena a la lógica del deseo, pero los alcances de sus efectos aterrizan en la clínica, en los consultorios. ¿Hay que decir algo más? En este capítulo Lacan deja cartas de Poe en todas las esquinas. ¿Alcanza con citarlo? No lo sé. Nos dice:

En efecto, es profundizante en esta hiancia del deseo humano donde aparecen todos los matices, que se escalonan de la vergüenza al prestigio, de la bufonería al heroísmo, a través de los que el deseo humano está por entero expuesto, en el sentido más rotundo del término, al deseo del otro. No es el hecho de que quien se acepta vencido pida clemencia y grite, sino el hecho de que el amo se ha comprometido en esta lucha por razones de puro prestigio y que por ello ha arriesgado su vida. Este riesgo marca su superioridad y es en su nombre y no en el de su fuerza que es reconocido como amo por el esclavo”.

Por de pronto, vale revisar la noción de prestigio. La Real Academia Española lo define como “Realce, estimación, renombre, buen crédito”, también como “engaño, ilusión o apariencia con que los prestigiadores emboban y embaucan al pueblo”.

Podríamos pensar en esta secuencia: riesgo, apuesta, ganancia, nombre, símbolo, prestigio, vaciamiento, verdad.

No, así: riesgo, apuesta, ganancia, prestigio, nombre, simbolo, vaciamiento, verdad.

¿Es esto lo que nos mueve? ¿Es el prestigio? Lo que es a mi, me mueve la plata, quiero dinerito para comprarme un auto nuevo. Mis hijos se quejan del ruido que hace el que tengo ahora. El que hace cuando frena. Y el que hace cuando arranca. Y ese otro que hace cuando dobla. Bueno… los ruidos de mi auto, plural.

Podrían avergonzarse, pero ya no se avergüenzan. Creería que han logrado entender que amo y esclavo no conviven en el mismo cuerpo. El caso es que lo verdaderamente ridículo y aquello a lo que tememos que lo sea, rara vez coinciden.

Claro que lo digo adrede. Quiero una Volkswagen Sharan, con 5 estrellas en materia de seguridad. Los ruidos me importan un pepino.

Digo las cosas por su nombre porque como repetía mi padre, parecido no es lo mismo, y por que la lógica maniquea le hace tanto daño al mundo que más vale renunciar a ella de una vez, pero este es un comentario al margen.

En este capítulo, Lacan cuestiona la lógica fálica mientras la devela. Hagan como yo: no me imiten, dice en algún lado. Pareciera reconocer que nadie renuncia fácilmente a sus dominios. Tampoco él.

Un exceso de verdad… ¿siempre funciona como máscara?

Tiene razón cuando dice, que hay que leer las cosas al pie de la letra. Hay más sobre la superficie, de lo que podría imaginarse. Aún así, entre lo evidente se esconde como quien quiere ser descubierta, la Verdad que encubre la verdad. Si.

No soy reina, ni rey – nos dice – soy el terreno bajo tus pies.

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Leher a Lacan
diciembre 3, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 5 minutos

“No se cual es la cara que me mira cuando miro la cara del espejo, no se que anciano acecha en su reflejo, con silenciosa y ya cansada ira pienso que si pudiera ver mi cara sabría quien soy en esta tarde rara” – Un Ciego.

Soy el que sabe que no es menos vano que el vano observador que en el espejo de silencio y cristal sigue el reflejo, o el cuerpo (da lo mismo) del hermano“. – Soy.

“Creo en el alba oír un atareado rumor de multitudes que se alejan; son lo que me ha querido y olvidado; espacio, tiempo y Borges ya me dejan”. – Límites.

Jorge Luis Borges

La tópica de lo imaginario. (VII – XII)

Hace unos días atrás, tuve un sueño de esos que me sorprenden. Durante el día había estado batallando con los capítulos de este segundo tercio del Seminario, intentando decir algo sobre ellos, pero sin decir nada. Recurrí a Borges, que con belleza y lucidez da cuenta de ese saber que no se sabe. Leí algunos poemas, algunas entrevistas, y ese cuento.

Me desperté alrededor de las dos de la mañana, con taquicardia y cierta sensación de cansancio. Entonces recordé el sueño: una, que era yo, me miraba a mí, la que soñaba, pero no soñaba que soñaba sino que envejecía, ante la mirada entre risueña y perpleja de esa que fui o soy o quiero ser; es decir, yo misma, aún joven. La que miraba, me veía y la que soñaba, sentía. Sentía el temblor de la vejez, y un corazón cansado. Volví del sueño como quien resucita, inspiré profundo para encontrarme de nuevo con la vida.

Mi sueño comprende a Lacan, bastante mejor de lo que puedo yo, explicar sus experimentos.

Por otro lado resulta evidente: el inconsciente, es el Otro.

De mi abuelo materno, tengo un solo recuerdo: abría su valija después de un viaje y sacaba de ella mi regalo: un vestido blanco, con frutas de colores y vuelitos en las mangas. No recuerdo el momento que por lógica le sigue a éste, el momento en que gira sobre su izquierda y me lo entrega. Lo propio del recuerdo, es la fugacidad.

Lo aislado y evanescente de esta escena, me hace pensar que la memoria se asienta sobre la realidad material, o así parece. Un objeto es siempre polizón del pasado.

Amar, no es mirarse tiernamente a los ojos, es mirar juntos en una misma dirección“. Eso recuerda mi madre, que el decía. No se si mi abuelo estaba en lo cierto o estaba equivocado, solo siento – como Kundera – que el amor no puede ser otra cosa que una continua interrogación.

Sé que cuando amé, supe o sentí que no necesitaba explicarme. Las palabras, me eran innecesarias. Podía permanecer ahí, al lado de ese hombre, sin necesidad de decir nada. Lacan me recuerda que en vano sufrí: “la estricta equivalencia entre objeto e ideal del yo en la relación amorosa, es una de las nociones más fundamentales de la obra de Freud. En la carga amorosa el objeto amado equivale, estrictamente, debido a la captación del sujeto que opera, al ideal del yo.”

Captar, dice el diccionario, es percibir con los sentidos lo que sucede alrededor.

Lacan y Freud hablan sobre narcisismo, yo prefiero hablar del amor. Yo quiero hablar de amor, como de amor hablan los poetas, pero la belleza del amor, no está en otro lado sino en su bondad. Es decir, en lo que es, y no en su ilusión de ser. Lo cierto es que para poder vivirlo es preciso teorizarlo un poco.

La noción de narcisismo tal como la trabaja Lacan en este primer seminario, da lugar a dos grandes temas. Por un lado, la constitución psíquica en sí misma y por otro lado, al amor en tanto fenómeno imaginario.

Si tuviera que nominarme de algún modo, preferiría el minimalismo al coleccionismo. Sin embargo, siempre coleccioné alguna cosa: hojitas de carta, estampitas de comunión, envoltorios de chocolates, llaveritos, números de patentes, siglas, documentos, citas y bueno… sacrificios. Me doy cuenta, mientras escribo, que lo que no me gusta es la palabra misma “coleccionar”. Ahora reúno definiciones sobre el amor, y aunque me queje de mí, este hábito, resulta funcional a este escrito y a mi profesión.

Entre mis definiciones reunidas, es ésta la más triste: “El amor es un fenómeno que ocurre a nivel de lo imaginario y que provoca una verdadera subducción de lo simbólico, algo así como una anulación, una perturbación de la función del ideal del yo“. ¿Quién quiere una definición como esta pudiendo, por ejemplo, definir al amor como un compromiso con la eternidad*? No es acaso la mejor de las esperanzas el confiar en que – como escribe Paul Auster – solo el amor, puede detener la caída de un hombre?

Lacan va desarrollando su experimento del ramillete y a medida que se va por las ramas, nos va alejando de su punto, el punto al que quiere llegar. Hypolitte, alumno aplicado del seminario, le pone un poco de presión, lo apura un poco. Le dice algo así como “Si si, todo muy lindo, pero adonde vamos?” Su interrogante, es muy concreto. “¿Cuál es el juego de correspondencias entre el objeto real, las flores, la imagen real, la imagen virtual, el ojo real y el ojo virtual? Comencemos por el objeto real: ¿qué representan para usted las flores reales? Le exige claridad, alguien tenía que hacerlo.

Lacan responde lo siguiente: “Para fijar las ideas, podemos dar a la imagen real, cuya función es la de contener y al mismo tiempo, excluir cierto número de objetos reales, la significación de los límites del yo. Pero, si ustedes dan determinada función a un elemento del modelo tal otro asumirá entonces necesariamente tal otra función. Aquí no se trata más que del uso de relaciones“. Y agrega: “Ya que usted fue quien tuvo la amabilidad de acosarme hoy, no veo por qué no comenzar recordando el tema hegeliano fundamental: el deseo del hombre es el deseo del otro“.

Hypolitte se toma también el trabajo de practicar él mismo el experimento, de ponerlo a prueba para poder comprender. También yo quiero hacerlo. Quizás en París se consigan espejos cóncavos así como así, lo que es aquí y ahora, si buscamos “Espejos cóncavos” en Mercado Libre, lo que encontramos es un Long Play del año 83, de Roberto Carlos, llamado “Cóncavo y convexo”. Si nos dejamos llevar por la curiosidad, encontramos la canción del mismo nombre que dice así: “cada parte de ti, tiene forma ideal y si estas junto a mí coincidencia total de cóncavo y convexo, así es nuestro amor… en el sexo“. Esta explicitación es medio graciosa, pero está bastante bien; sabemos que el inconsciente desmiente la biología, así como el viento desmiente la ausencia… Sobre este último punto, bien valdría escribir miles de páginas vacías.

Entre inseguro y culposo Lacan se explica. Explica las razones por las que dice las cosas de una determinada manera, y no de otra. Quizás es un estratega, no olvidemos que no deja de llamar sesiones a sus clases. Todo puede ser. No por nada, es justo en este capítulo que se desdobla para hablar de sí mismo. “Volvemos a encontrar también aquí el clásico estadio del espejo de Jacques Lacan”.

Es así, en boca de otro, nadie se pertenece.

Ahí donde el lenguaje solo acierta deviniendo poesía, Lacan falla como teórico. No obstante, sus intentos son tan válidos como ineludibles, no por confusos menos necesarios.

No voy a claudicar en el intento de comprender cabalmente el experimento del ramillete, pienso que Lacan no se equivoca al emplearlo, sino que no es claro al explicarlo. Me parece que peca de ansioso. Va de a partes, y no es sencillo vislumbrar el final. Nos dice: “Aún no les he enseñado porqué el analista se encuentra en el lugar de la imagen virtual. El día que hayan comprendido porqué el analista se encuentra allí, habrán comprendido casi todo lo que ocurre en el análisis“.

*Vergilio Ferreira

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La cifra
Tiempo de lectura: 2 minutos

The night has fallen, I’m lyin’ awake
I can feel myself fading away
.

Streets of Philadelphia, Bruce Springsteen

El creador mira durante horas su lienzo aún intacto. Su pensar, se parece a un sentir.

Mil veces antes ha estado en igual situación. Esta vez – sin embargo – el proceso se dilata. Pasan días, semanas, pasan meses. El paño, aún sin trazo o mancha. Se para frente a él, se sienta. Lo mira de reojo, y lo enfrenta. Mirando por la ventana, vislumbra su creación en cada una de las estaciones.

Un día, se decide. Toma el pincel, y lo carga con negro. Se aproxima al lienzo lentamente. Sus palpitaciones aumentan hasta hacerle vacilar el pulso.

Inspira hondo.

Cierra los ojos.

Su respiración es densa, intensa. O es el aire.

Reconoce el lugar en el que apoyaría el pincel, sabe, con exactitud, como sería ese trazo. En su mente se inscribe el degradé preciso que dejará el color, el recorrido que haría la tinta, cada vez menos perceptible.

Siente la pesadez de su mano, mano que mira, como si no le perteneciera. La sostiene en dirección contraria al torrente sanguíneo. Conversando consigo mismo se escucha decir: mis venas son el extenso río.

El pincel amenaza, amenaza por horas, como amenazó por meses todo el cuerpo. Como una mirada que no cede. Como una mirada que dice, haciendo. Su cercanía ofrece la ferocidad de un orgasmo.

Cuatro minutos, dieciséis segundos. El artista, se deja caer. Esto es, deja su instrumento. Lo suelta, lo abandona. Separado de sí mismo, sigue su recorrido como en cámara lenta. Observa su caída libre, y percibe también un acto de resistencia: el pincel deja sobre el borde inferior del lienzo, una pequeña marca.

Está finalmente en el suelo, el hombre lo ve ahí, inerte, entre sus zapatos. Sí, es el hombre, ahora es el hombre.

El instante absorbe todo sonido. Lo que se escucha es mucho más hondo que el silencio. En ese estupor, siente su llanto triste y definitivo.

Ya no tiene dudas.

El cansancio de la verdad, le pide reposo. Lo siente en el temblor de sus extremidades. Necesita acostarse.

Necesita dormir.

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Leher a Lacan
noviembre 3, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: < 1 minuto

Los dos narcisismos. Clase X

Ideal del yo y yo ideal. Clase XI

Zeitlich – Entwickelungsgeschichte. Clase XII

Las clases dictadas por Lacan el 17, 24 y 31 de marzo, junto a la dictada el 7 de abril de 1954, están íntimamente ligadas. En todas las clases, se trabajan conceptos desarrollados por Freud en Introducción al Narcisismo.

Los conceptos en sí, encierran cierta complejidad de manera aislada, y al concatenarse dan cuenta de un constructo teórico cada vez más amplio y más complejo. Lacan desarrolla la noción de narcisismo (de ambos narcisismos), la diferenciación freudiana entre ideal del yo y yo ideal, la constitución del registro de lo imaginario, y la comprensión que de estos conceptos podemos adquirir a partir de sus ejercicios de óptica geométrica.

Después de leer los textos, se me abren distintas posibilidades de trabajo: podría realizar una crítica constructiva, señalar aquellas fisuras en el texto, podría también apuntar sobre ciertos pasajes en donde Lacan pareciera querer decir algo. Podría quizás, explicar los conceptos a partir de una nueva organización del texto, de un modo “universitario”. Podría trazar paralelismos entre lo que sucede a nivel imaginario en las distintas especies, oponer términos otra vez. Podría trabajar con Borges, que todo el tiempo conversa con el otro que es el mismo.

Podría querer, pero no quiero.

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Leher a Lacan
octubre 15, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 7 minutos

Los escritos técnicos de Freud.

Los dos narcisismos.

“Tu Arurú, creaste a Gilgamesh; crea ahora a su igual, deja que luche con Gilgamesh tanto como lo desee. Deja que sean contendientes, para que Uruk, pueda encontrar la paz. Arurú, al escuchar esto concibió en su corazón un guerrero a la imagen de Anú. Arurú se lavó las manos, tomó algo de arcilla y escupió en ella. Así moldeó a Enkidú.

La Epopeya de Gilgamesh.

Esta vez sí que es hueso de mis huesos, y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada.”

Biblia de Jerusalén

Narciso llegará a ser muy viejo, mientras no se conozca a sí mismo.

Tiresias a Liríope, Narciso

Tengo un caballo dentro de mí que raramente se ex­presa. Pero cuando veo a otro caballo entonces el mío se expresa. Su forma habla.

Clarice Lispector

Pensé que trazar una línea del tiempo, me ayudaría a no morir de ansiedad, asique eso hice: una línea de tiempo bibliográfica. Empieza con la Epopeya de Gilgamesh, escrita entre el 2500 y el 2000 a.C. Esta epopeya, narrada en escritura cuneiforme sobre tablas de arcilla, es una de las primeras ficciones que llegan a nosotros. Según cuentan, cuando George Smith, logró traducir el texto, salió extasiado del interior del Museo Británico y corriendo por todos lados, empezó a desvestirse.

Estamos acostumbrados a pensar el tiempo en siglos, pero quizás sea más plausible el pensarlo en días: 10 días, 100 días, 1000 días, 1.000.000 de días. No sé.. una idea de mi niño, que siempre tiene preguntas intrigantes. La historia de Gilgamesh se escribió hace más o menos, un millón seiscientos cuarenta y nueve mil, ochocientos días. (1.649.800 días).

No sé porque, pero un millón de días empiezan a parecerme menos, que cuatro milenios.

Más cuantiosos son los seres humanos que habitan, y habitaron la Tierra. Según el Population Reference Bureau, somos actualmente, 7.700 millones. Sin embargo, el número de muertos supera en gran cantidad al número de vivos: alrededor de 107.000 millones de personas vivieron alguna vez. Esto quiere decir, que hay aproximadamente, 15 personas muertas por cada una con vida. (BBC News/Mundo ¿Hay más vivos o muertos?, Wesley Stephenson, 05/02/12)

El caso es que mi línea del tiempo, empieza con Gilgamesh, y termina con Lacan. Lacan me mantiene ocupada, a él hay que descifrarlo como si fuera un jeroglífico. A veces pienso, ¿porqué le dedico tanto tiempo a este hombre? Respondo mi pregunta en acto: vuelvo, simplemente vuelvo.

Ahora, me pregunto: ¿Es bueno o no es bueno, tener un lugar al que volver?

Mirando las cosas con una perspectiva optimista, más vinculada al deseo que a la desesperación, Lacan se conmueve en esta clase por los esfuerzos que encuentra en Freud al llevar adelante su investigación sobre el narcisismo; esto es, en medio de la guerra.

Es así, el deseo expresa su determinación.

Plantea, además que el desarrollo de Metamorfosis de la libido escrito por Jung en 1912, e Introducción al narcisismo, dejan asentadas de manera definitiva, las diferencias irreconciliables entre Freud y Jung. En este capítulo Lacan trabaja sobre estas diferencias.

Dice Aristóteles en algún lugar, que la mente o el alma, es en cierto modo, todas las cosas. No sé si Aristóteles dijo exactamente estas palabras, si quiso equiparar conceptos, para dejar así, escrito un entendimiento; o si es el resultado de una traducción ilegítima. No recuerdo tampoco, las concepciones aristotélicas del alma. Si me dedico a estudiar el tema, pierdo el tiempo mientras lo gano, y gano el tiempo mientras lo pierdo. Porque sí… porque así de difícil, es ser un mortal.

Me quedo entonces con esta cita supuestamente aristotélica, de fuente desconocida, que utiliza sinónimos donde otros descartamos términos. Me quedo con ella porque en pocas palabras y sin pretensiones, revela la complejidad inefable de la vida.

Imagino a Freud y a Jung conversando en la cubierta de un barco. Fuman habanos, y miran la hora en un reloj de bolsillo, comentan acerca de las bondades del clima, y analizan sus sueños. Se defienden el uno del otro, se resisten a ceder. Ya no se trata de un mero desacuerdo teórico. Lo que está en juego, es una relación con la verdad.

Tenía 7 años, cuando me enamoré por primera vez. Conocí al joven de mis ensueños, en la escuela parroquial a la que iba cuando era niña. Lo veía a la salida, sentado en las escalinatas de la iglesia, comiendo semillitas de girasol, o apretando un juguito congelado de esos de bolsita. No voy a dar detalles de mi ensoñación porque de tan ideal, era un poco ridícula. Solo voy a decir, que incluía un caballo blanco, un acto heroico, y un beso en la mano izquierda. Leer a Freud, fue una granada explotando sobre mi inocencia.

Si el velo es otra piel, más vale ser cuidadoso. Habría que ver si ser cuidadoso, es arrancarlo de un solo tirón, o ir de a poquito, con una cautela suprema. No queda opción para quien es analista, y siempre se trata, como diría Nietzsche, de cuanta verdad somos capaces de tolerar.

Todo esfuerzo teórico, obedece a una necesidad, como la palabra misma, que ha de decirse o callarse, obedeciendo también a alguna necesidad. El silencio es, en si mismo, consustancial a la palabra. Igualmente innecesarios – palabra y silencio – en la muerte, la soledad y el sueño. En estas cosas pienso, cuando imagino a Jung y a Freud, conversando en ese barco.

La elaboración de Freud, tiende a la sincronía, la de Jung, en cambio necesitó del tiempo. A priori, y sin conocer demasiado a Jung, intuyo esta necesidad como una defensa. El corte freudiano, su incisión, es la anti poesía.

Dice Paul Eluard “El amor está en el mundo, para el olvido del mundo”. Lo mismo la poesía, pienso yo.

Lo que Freud devela, es algo siniestro. No, no es que a mi me resulte siniestro, es que lo es. Hay más horror en las teorías freudianas, que en la más cruenta intervención quirúrgica. Esto ¿porqué? Bueno.. soy algo intransigente al decirlo, pero no tanto como para dar una respuesta.

Intuyo que nadie que puede leer, sale indemne de ciertas aprehensiones, ni Freud, ni Jung, ni nadie.

En esta clase del Seminario, Lacan comenta acerca de cómo para Freud se trataba de elaborar proposiciones teóricas muy precisas, mientras que las elaboraciones de Jung carecían de esta cualidad. Dice Lacan “Freud – muy apegado a elaborar, a partir de la experiencia, mecanismos sumamente precisos, siempre preocupado por su referencia empírica – percibe que la teoría analítica se transforma en Jung, en un vasto panteísmo psíquico, en una serie de esferas imaginarias que se envuelven unas a otras, que conducen a una clasificación general de contenidos, los acontecimientos, la Erlebnis (experiencia) de la vida individual, y por último a lo que Jung llama los arquetipos”.

No seguimos a Freud, lo acompañamos“, dice Lacan.

¿Qué aprendemos cuando acompañamos? Vemos otra cosa, distinta a la que ve el investigador mismo. Si acompañamos, vemos el trayecto, la huella, un recorrido y la intención, vemos el cansancio, las inseguridades y las dudas, vemos la emoción de la convergencia o la resolución. Vemos al hombre en el continuo devenir de su quehacer. No es lo mismo, seguir que acompañar. Acompañar es observar las manifestaciones de un mundo invisible. Si acompañáramos a Tiger Woods, a lo largo de toda una jornada, podríamos quizás comprender cuales son las verdaderas razones por las que él, se llama a sí mismo, un perfeccionista.

Otro punto relevante de esta clase, es el comentario que hace Lacan (tomando a Freud) sobre la teoría de Weissmann. Según esta teoría nuestras células contienen un plasma germinal y un plasma somático. “El plasma germinal, sería aquel componente celular, que perpetúa la especie (…) El plasma somático, en cambio, sería algo así como un parásito individual, que habría brotado lateralmente, con el único propósito de vehiculizar el plasma germinal eterno“. Esta teoría ya refutada en tiempos de Lacan, conserva su valor conceptual, en tanto que es solidaria a la teoría de los instintos, y sus finalidades específicas: la preservación del individuo y la continuación de la especie.

Al respecto, Lacan se pregunta si existe realmente, una relación de oposición, una relación conflictiva, entre las pulsiones del yo, y las pulsiones libidinales.

Desde el punto de vista de la especie, estamos muertos, nos dice Lacan. “Un individuo no es nada comparado con la sustancia inmortal oculta en su seno, que es sustancialmente lo que existe como vida“. Se pregunta: “Desde el punto de vista psicológico ¿el individuo es conducido por el instinto sexual a fin de propagar qué? la sustancia inmortal incluida en el plasma germinal; en los órganos genitales, representada a nivel de los vertebrados por los espermatozoides y los óvulos. ¿Es esto todo? Seguro que no, ya que lo que se propaga es, efectivamente, un individuo. Solo que este no se reproduce como individuo sino como tipo. No hace más que reproducir el tipo ya establecido por el linaje de los antepasados. Al respecto, no solo es mortal, sino que ya está muerto, puesto que, estrictamente hablando, no tiene porvenir. El no es tal o cual caballo, sino el soporte, la encarnación de algo que es el caballo. Si el concepto de especie está fundado, si la historia natural existe, es porque no sólo hay caballos, sino el caballo.

Y continúa: ¿Cuál es el resorte concreto que determina la puesta en funcionamiento de la inmensa máquina sexual? No es la realidad del compañero sexual, la particularidad de un individuo, sino algo que tiene una estrecha relación con lo que acabo de llamar el tipo: a saber, una imagen.

Cito a continuación algunos versículos del Genesis, que atendiendo al tema, se explican a sí mismos.

Dijo luego Yaveh Dios: no es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada. Y Yaveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre les diera. El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas no encontró para sí, una ayuda adecuada. Entonces Yaveh Dios, hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne.” (Génesis 2, 18 – 21, Biblia de Jerusalén)

Por último rescato de esta clase un comentario que realizara Manonni, alumno de Lacan, a propósito de la libido: “La carga de los objetos por la libido es, en el fondo una metáfora realista, ya que la libido solo carga la imagen de los objetos. En cambio la carga del yo puede ser un fenómeno intrapsíquico, donde lo catectizado es la realidad ontológica del yo. Si la libido se ha convertido en libido de objeto solo puede cargar algo simétrico a la imagen del yo. Tendremos así dos narcisismos, uno en el que una libido carga intrapsíquicamente el yo ontológico y otro donde una libido objetal carga algo que quizás sea el ideal del yo, en todo caso, una imagen del yo. Tendremos entonces una distinción, bien fundamentada, entre el narcisismo primario, y el narcisismo secundario.

Nada más que acotar.

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Leher a Lacan
septiembre 27, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 5 minutos

Los escritos técnicos de Freud, Cap. IX.

Sobre el narcisismo.

…a un viejo cirujano, llamaron con urgencia, y con su vieja ciencia pronto lo remendó, mas dijo a los otros muñecos internados, el caso es delicado, le falta el corazón.

Pinocho, cancionero popular

Abrí el Seminario que me ocupa, y me encontré un billete de $5, es decir, fuera de circulación, entonces me di cuenta que había pasado demasiado tiempo.

Para introducirme nuevamente en el texto, decidí leerme, leer las reseñas de capítulos anteriores. Me encontré conmigo misma, diciendo sin querer, varias veces las mismas cosas. Cada vez que me enfrento a un capítulo del Seminario, me encuentro con la complejidad de la teoría, con lo confuso y a veces contradictorio de los conceptos y con la inmensa cantidad de referencias bibliográficas que condicionan el texto. De ello se desprende en mí esa profunda e incomoda sensación de lo insignificante. Esa sensación es – sobre todo – paralizante.

Hay algo en la forma de producir teorías, tanto en Freud como en Lacan, que me conecta con algo muy vulnerable en ellos. Al leer estos esfuerzos, estos intentos de formalización y de conceptualización de aquello que es verdaderamente insondable en el ser humano, algo en mi se conmueve. Hay esfuerzos teóricos que me apenan. Sé sin embargo, que esto recién empieza.

Leyendo nuevamente este capítulo e intentando profundizar y comprender lo que Lacan intenta transmitirnos, me dirijo a Introducción al narcisismo, texto que Freud escribiera en 1914. Después de leer algunas páginas empieza a rodarse en mi cabeza, insistentemente, esta secuencia: un niño guarda en su bolsillo una piedrita que admira, le gusta porque es blanca y puede brillar, le gusta su forma, y le gusta poseerla. La guarda como un objeto precioso, la lleva consigo. Cuando se sienta, la saca de su bolsillo. Pareciera que se detuviera solo para mirarla. Lleva también, otra piedrita, una piedrita cualquiera, le gusta jugar con ellas, le gusta el sonido que escucha al hacerlas chocar una con la otra. Después, las guarda de nuevo en el bolsillo de su pantalón.

Este niño va a saltar sobre rollos de alfalfa, salta de uno a otro, son rollos enormes y hay de ellos gran cantidad. Se divierte a lo grande, y disfruta. Cuando se cansa, se acuesta sobre la alfalfa y busca en el bolsillo, sus piedras. La piedra blanca, ya no está.

La busca desesperado, pero es inútil. El niño llora, se lamenta, se refriega las lágrimas con los puños de su camisa, y sigue buscando. Han pasado muchas horas, y el niño no cesa en su búsqueda. Pero el día se acaba, y su padre llama al pequeño. Debemos irnos, le dice.

El niño le ruega: todavía no papá.. es que papá, la piedra.. mi piedrita, no la puedo encontrar. El padre, mira al pequeño, no se todavía de que manera lo mira. Lo toma de la mano y le dice, es tarde ya. El niño llora, y mientras camina no puede dejar de mirar atrás.

No voy a explicarme, solo voy a decir, que esta historia viene a mi mente cuando la teoría se vuelve demasiado enrevesada, cuando me pregunto, cuanto tiempo me va a llevar avanzar con ciertas lecturas y cuál es la implicancia práctica que gano en lograr adquirir ciertos discernimientos teóricos.

Tiempo es todo lo que hay. Y no hay.

Hago la lectura de cualquier manera, no digo que sea en vano. Conviven en mí, el deseo de saber, con cierta posición existencial que me obliga a no perder de vista que Freud, era un hombre de su tiempo, y que yo soy una mujer del mío, que no es necesario derribar muros que ya han sido derribado antes, que la razón para formular teorías, no es amar las teorías, sino poder hacer algo con ellas.

Yo, yo no invento nada, pero Freud inventó el psicoanálisis, y ese invento nació en el consultorio de un neurólogo. No puedo perder de vista este hecho, intento entender las cosas desde este lugar.

Hace un par de semanas que veo una serie americana, no es una maravilla, pero me hace pensar. Son médicos, trabajando en una sala de emergencias.

Es curioso, un cirujano, invade un cuerpo de todas las maneras posibles. Usan tijeras, cuchillas, abren los cuerpos y penetran sus entrañas. No hay quien se oponga: se trata de daños necesarios. No me imagino al familiar de un paciente, atacando al médico para que no abra, para que no extirpe, para que no exponga al enfermo a sus instrumentos, que no son otros que los de una carnicería.

No solo se trata del poder del discurso, se trata también del poder de las evidencias. La verdad que expresa el cuerpo, es para todos.

Nuestro saber, es tanto más esquivo, tanto más incierto. Si existe alguna clase de evidencia, nunca tendrá la tangibilidad de la sangre, de los músculos, los huesos o la piel. Las intervenciones de un médico, son siempre lineales, y como tal, resultan confiables: si hay un tumor hay que sacarlo, si hay una herida hay que curarla y cerrarla. Nuestras intervenciones en cambio, obedecen a otra lógica, una lógica desconocida, que obedece al caso por caso, y requieren de una transferencia sólida para que sus efectos realmente puedan producirse.

Entiendo la dificultad de trabajar con un cuerpo enfermo, entiendo los riesgos, sin embargo, el cuerpo, siempre expresa su verdad. Somos nosotros, los analistas, los que trabajamos con aquello que no presenta evidencia, los que intentamos develar el verdadero secreto de los dioses.

Al final… esta reflexión nacida en la percepción de mis repeticiones, no deja de ser una pregunta acerca de porqué elegimos y cómo elegimos el campo de nuestro saber, de que manera nos relacionamos con el conocimiento y de donde surgen nuestras elecciones, porqué amamos o confiamos en una determinada teoría y de qué manera nos relacionamos con aquellas que descartamos, que dejamos de lado. Esto es, la lectura más amplia.

Esta lectura podría tratarse no solo del marco teórico que hemos elegido, sino también de la forma de aproximarnos a ese marco teórico. Me viene a la memoria una entrevista que le hice a Andrés J. Sierra, artista. Trabajaba sus obras en una especie de zoom, a veces, el protagonista de la obra, estaba sentado en una nube, a veces sobrevolaba la ciudad y en ocasiones se metía dentro de una habitación.

En este seminario Lacan anula la profundidad de campo y se centra en conceptos específicos (al igual que Freud en los textos sobre los que Lacan trabaja). En lo personal soy más de sobrevolar ciudades. Estos textos – la verdad sea dicha – me exigen un esfuerzo de enfoque, sobre conceptos que me aburren. Es como si hubiera entrado a una habitación y todo en la habitación me pareciera opaco.

Ahora que lo pienso, y dicho sea de paso, cuando trabajo con fotos, me pasa justamente lo contrario. Me aproximo a los objetos, mucho más que lo que me alejo de ellos, casi que puedo tocarlos. Los redescubro, los miro a través de la lente, como si fuera la primera vez.

No es lo mismo un esfuerzo de teoría, que un esfuerzo de poesía.

El péndulo oscila, una vez más.

Ilustra la nota:

Obra de Andres J. Sierra, serie Sorongonia, 2014.

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1850
septiembre 15, 2020|Capiton(é)

1850

Tiempo de lectura: 2 minutos

Salta, 15 de septiembre de 1867

De Gregoria, la madre, a su hijo (o hijos)

Mi amado hijo,

A las tres semanas cabales recién veo letra tuya. Ayer llegó un correo y ha traído las cartas atrasadas, del 7 y del 14 del pasado mes. También tengo a la vista la de mi querida Luisa, que me dice le ha gustado mucho Buenos Aires, y no podré contestársela porque aquí nos tienen en las mismas fatigas.

Hacen hoy, 19 días que se publicó el Bando de haber pisado Varela los Valles, y no salimos de los sustos. Hoy están los jujeños reunidos a los salteños que hacen el número de 3000 hombres, están acampados en las quintas, y Belamide es el General de las fuerzas todas. Se espera en 5 días más a los tucumanos, que ha nadie se le hace buen estómago la venida de estos. En fin, cada día corren distintas noticias de los desastres que están haciendo en los Valles los montoneros y otros dicen que todo es mentira, que todo lo pagan, tan pronto como que ya llegan, y entonces son las carreras y la confusión, pero esta gente no salen a encontrarlos, dicen que esperan la reunión con los tucumanos.

Anoche llevé a la casa del obispo 6 cajones de las sarasas y lo demás de valor lo he guardado en casa, pero todavía hay en la tienda todos los tocuyos géneros de pantalón y pieles azules, que no hallo donde meterlos. A todas las tiendas las han alzado, y anda Don Sixto con una comisión en busca de plata para pagar las tropas, afligido. Ayer han reunido 8000 pesos.

En el paquete que remití con las Ovejeros a Tucuman para el Comisionado español y para que me lo hagan pasar a Buenos Aires, va una carta para vos, espero que habrás hecho diligencia con esos papeles. En este correo se le escribe a la Delfina preguntándole si pasó el paquete Certificado.

Ahora mismo despacha el Gobierno el correo que llegó anoche y por esta razón no puedo ser más larga. Dile a Luisa que me confunde saber que no haya recibido tantas cartas como le hemos escrito, que ya le he mandado sus cartas a Jujuy a su mamá, que escriben estar muy aburridas allí, deseando venirse, que Danielito está muy alhaja. (…)

Cinco galeras llenas de señoras y once carretas llenas de equipajes salieron de noche del Campo Santo, con las mentiras de que ya había llegado Varela a Salta, y allí permanecen todas esperando el resultado y otras mil familias por otros lados y quien sabe cuando se decidirá esto para salir de este fatal estado.

Concluyo mis amados hijos, asegurándoles que no tenemos más consuelo que el Señor del Milagro que a pesar de que no le han hecho la función por temor, y debía ser hoy la procesión, pero ahí, en su nicho, está descubierto desde que principiaron estas bullas y todos le hacemos la novena,

Mil recuerdos para los dos, de Deidamia, las tías y las Torino.

Tu mamá.

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Acerca de Capiton(é)
- Dame tu libertad... o dame tu vida.

- Exigió el presunto Amo.

- Ja. - Respondió el presunto esclavo.

Volver, ya no fue posible.

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Soledad Lecuona (38) es escritora y psicoanalista.

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