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Leher a Lacan
octubre 15, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

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Tiempo de lectura: 7 minutos

Los escritos técnicos de Freud.

Los dos narcisismos.

“Tu Arurú, creaste a Gilgamesh; crea ahora a su igual, deja que luche con Gilgamesh tanto como lo desee. Deja que sean contendientes, para que Uruk, pueda encontrar la paz. Arurú, al escuchar esto concibió en su corazón un guerrero a la imagen de Anú. Arurú se lavó las manos, tomó algo de arcilla y escupió en ella. Así moldeó a Enkidú.

La Epopeya de Gilgamesh.

Esta vez sí que es hueso de mis huesos, y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada.”

Biblia de Jerusalén

Narciso llegará a ser muy viejo, mientras no se conozca a sí mismo.

Tiresias a Liríope, Narciso

Tengo un caballo dentro de mí que raramente se ex­presa. Pero cuando veo a otro caballo entonces el mío se expresa. Su forma habla.

Clarice Lispector

Pensé que trazar una línea del tiempo, me ayudaría a no morir de ansiedad, asique eso hice: una línea de tiempo bibliográfica. Empieza con la Epopeya de Gilgamesh, escrita entre el 2500 y el 2000 a.C. Esta epopeya, narrada en escritura cuneiforme sobre tablas de arcilla, es una de las primeras ficciones que llegan a nosotros. Según cuentan, cuando George Smith, logró traducir el texto, salió extasiado del interior del Museo Británico y corriendo por todos lados, empezó a desvestirse.

Estamos acostumbrados a pensar el tiempo en siglos, pero quizás sea más plausible el pensarlo en días: 10 días, 100 días, 1000 días, 1.000.000 de días. No sé.. una idea de mi niño, que siempre tiene preguntas intrigantes. La historia de Gilgamesh se escribió hace más o menos, un millón seiscientos cuarenta y nueve mil, ochocientos días. (1.649.800 días).

No sé porque, pero un millón de días empiezan a parecerme menos, que cuatro milenios.

Más cuantiosos son los seres humanos que habitan, y habitaron la Tierra. Según el Population Reference Bureau, somos actualmente, 7.700 millones. Sin embargo, el número de muertos supera en gran cantidad al número de vivos: alrededor de 107.000 millones de personas vivieron alguna vez. Esto quiere decir, que hay aproximadamente, 15 personas muertas por cada una con vida. (BBC News/Mundo ¿Hay más vivos o muertos?, Wesley Stephenson, 05/02/12)

El caso es que mi línea del tiempo, empieza con Gilgamesh, y termina con Lacan. Lacan me mantiene ocupada, a él hay que descifrarlo como si fuera un jeroglífico. A veces pienso, ¿porqué le dedico tanto tiempo a este hombre? Respondo mi pregunta en acto: vuelvo, simplemente vuelvo.

Ahora, me pregunto: ¿Es bueno o no es bueno, tener un lugar al que volver?

Mirando las cosas con una perspectiva optimista, más vinculada al deseo que a la desesperación, Lacan se conmueve en esta clase por los esfuerzos que encuentra en Freud al llevar adelante su investigación sobre el narcisismo; esto es, en medio de la guerra.

Es así, el deseo expresa su determinación.

Plantea, además que el desarrollo de Metamorfosis de la libido escrito por Jung en 1912, e Introducción al narcisismo, dejan asentadas de manera definitiva, las diferencias irreconciliables entre Freud y Jung. En este capítulo Lacan trabaja sobre estas diferencias.

Dice Aristóteles en algún lugar, que la mente o el alma, es en cierto modo, todas las cosas. No sé si Aristóteles dijo exactamente estas palabras, si quiso equiparar conceptos, para dejar así, escrito un entendimiento; o si es el resultado de una traducción ilegítima. No recuerdo tampoco, las concepciones aristotélicas del alma. Si me dedico a estudiar el tema, pierdo el tiempo mientras lo gano, y gano el tiempo mientras lo pierdo. Porque sí… porque así de difícil, es ser un mortal.

Me quedo entonces con esta cita supuestamente aristotélica, de fuente desconocida, que utiliza sinónimos donde otros descartamos términos. Me quedo con ella porque en pocas palabras y sin pretensiones, revela la complejidad inefable de la vida.

Imagino a Freud y a Jung conversando en la cubierta de un barco. Fuman habanos, y miran la hora en un reloj de bolsillo, comentan acerca de las bondades del clima, y analizan sus sueños. Se defienden el uno del otro, se resisten a ceder. Ya no se trata de un mero desacuerdo teórico. Lo que está en juego, es una relación con la verdad.

Tenía 7 años, cuando me enamoré por primera vez. Conocí al joven de mis ensueños, en la escuela parroquial a la que iba cuando era niña. Lo veía a la salida, sentado en las escalinatas de la iglesia, comiendo semillitas de girasol, o apretando un juguito congelado de esos de bolsita. No voy a dar detalles de mi ensoñación porque de tan ideal, era un poco ridícula. Solo voy a decir, que incluía un caballo blanco, un acto heroico, y un beso en la mano izquierda. Leer a Freud, fue una granada explotando sobre mi inocencia.

Si el velo es otra piel, más vale ser cuidadoso. Habría que ver si ser cuidadoso, es arrancarlo de un solo tirón, o ir de a poquito, con una cautela suprema. No queda opción para quien es analista, y siempre se trata, como diría Nietzsche, de cuanta verdad somos capaces de tolerar.

Todo esfuerzo teórico, obedece a una necesidad, como la palabra misma, que ha de decirse o callarse, obedeciendo también a alguna necesidad. El silencio es, en si mismo, consustancial a la palabra. Igualmente innecesarios – palabra y silencio – en la muerte, la soledad y el sueño. En estas cosas pienso, cuando imagino a Jung y a Freud, conversando en ese barco.

La elaboración de Freud, tiende a la sincronía, la de Jung, en cambio necesitó del tiempo. A priori, y sin conocer demasiado a Jung, intuyo esta necesidad como una defensa. El corte freudiano, su incisión, es la anti poesía.

Dice Paul Eluard “El amor está en el mundo, para el olvido del mundo”. Lo mismo la poesía, pienso yo.

Lo que Freud devela, es algo siniestro. No, no es que a mi me resulte siniestro, es que lo es. Hay más horror en las teorías freudianas, que en la más cruenta intervención quirúrgica. Esto ¿porqué? Bueno.. soy algo intransigente al decirlo, pero no tanto como para dar una respuesta.

Intuyo que nadie que puede leer, sale indemne de ciertas aprehensiones, ni Freud, ni Jung, ni nadie.

En esta clase del Seminario, Lacan comenta acerca de cómo para Freud se trataba de elaborar proposiciones teóricas muy precisas, mientras que las elaboraciones de Jung carecían de esta cualidad. Dice Lacan “Freud – muy apegado a elaborar, a partir de la experiencia, mecanismos sumamente precisos, siempre preocupado por su referencia empírica – percibe que la teoría analítica se transforma en Jung, en un vasto panteísmo psíquico, en una serie de esferas imaginarias que se envuelven unas a otras, que conducen a una clasificación general de contenidos, los acontecimientos, la Erlebnis (experiencia) de la vida individual, y por último a lo que Jung llama los arquetipos”.

No seguimos a Freud, lo acompañamos“, dice Lacan.

¿Qué aprendemos cuando acompañamos? Vemos otra cosa, distinta a la que ve el investigador mismo. Si acompañamos, vemos el trayecto, la huella, un recorrido y la intención, vemos el cansancio, las inseguridades y las dudas, vemos la emoción de la convergencia o la resolución. Vemos al hombre en el continuo devenir de su quehacer. No es lo mismo, seguir que acompañar. Acompañar es observar las manifestaciones de un mundo invisible. Si acompañáramos a Tiger Woods, a lo largo de toda una jornada, podríamos quizás comprender cuales son las verdaderas razones por las que él, se llama a sí mismo, un perfeccionista.

Otro punto relevante de esta clase, es el comentario que hace Lacan (tomando a Freud) sobre la teoría de Weissmann. Según esta teoría nuestras células contienen un plasma germinal y un plasma somático. “El plasma germinal, sería aquel componente celular, que perpetúa la especie (…) El plasma somático, en cambio, sería algo así como un parásito individual, que habría brotado lateralmente, con el único propósito de vehiculizar el plasma germinal eterno“. Esta teoría ya refutada en tiempos de Lacan, conserva su valor conceptual, en tanto que es solidaria a la teoría de los instintos, y sus finalidades específicas: la preservación del individuo y la continuación de la especie.

Al respecto, Lacan se pregunta si existe realmente, una relación de oposición, una relación conflictiva, entre las pulsiones del yo, y las pulsiones libidinales.

Desde el punto de vista de la especie, estamos muertos, nos dice Lacan. “Un individuo no es nada comparado con la sustancia inmortal oculta en su seno, que es sustancialmente lo que existe como vida“. Se pregunta: “Desde el punto de vista psicológico ¿el individuo es conducido por el instinto sexual a fin de propagar qué? la sustancia inmortal incluida en el plasma germinal; en los órganos genitales, representada a nivel de los vertebrados por los espermatozoides y los óvulos. ¿Es esto todo? Seguro que no, ya que lo que se propaga es, efectivamente, un individuo. Solo que este no se reproduce como individuo sino como tipo. No hace más que reproducir el tipo ya establecido por el linaje de los antepasados. Al respecto, no solo es mortal, sino que ya está muerto, puesto que, estrictamente hablando, no tiene porvenir. El no es tal o cual caballo, sino el soporte, la encarnación de algo que es el caballo. Si el concepto de especie está fundado, si la historia natural existe, es porque no sólo hay caballos, sino el caballo.

Y continúa: ¿Cuál es el resorte concreto que determina la puesta en funcionamiento de la inmensa máquina sexual? No es la realidad del compañero sexual, la particularidad de un individuo, sino algo que tiene una estrecha relación con lo que acabo de llamar el tipo: a saber, una imagen.

Cito a continuación algunos versículos del Genesis, que atendiendo al tema, se explican a sí mismos.

Dijo luego Yaveh Dios: no es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada. Y Yaveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre les diera. El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas no encontró para sí, una ayuda adecuada. Entonces Yaveh Dios, hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne.” (Génesis 2, 18 – 21, Biblia de Jerusalén)

Por último rescato de esta clase un comentario que realizara Manonni, alumno de Lacan, a propósito de la libido: “La carga de los objetos por la libido es, en el fondo una metáfora realista, ya que la libido solo carga la imagen de los objetos. En cambio la carga del yo puede ser un fenómeno intrapsíquico, donde lo catectizado es la realidad ontológica del yo. Si la libido se ha convertido en libido de objeto solo puede cargar algo simétrico a la imagen del yo. Tendremos así dos narcisismos, uno en el que una libido carga intrapsíquicamente el yo ontológico y otro donde una libido objetal carga algo que quizás sea el ideal del yo, en todo caso, una imagen del yo. Tendremos entonces una distinción, bien fundamentada, entre el narcisismo primario, y el narcisismo secundario.

Nada más que acotar.

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Leher a Lacan
septiembre 27, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

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Tiempo de lectura: 5 minutos

Los escritos técnicos de Freud, Cap. IX.

Sobre el narcisismo.

…a un viejo cirujano, llamaron con urgencia, y con su vieja ciencia pronto lo remendó, mas dijo a los otros muñecos internados, el caso es delicado, le falta el corazón.

Pinocho, cancionero popular

Abrí el Seminario que me ocupa, y me encontré un billete de $5, es decir, fuera de circulación, entonces me di cuenta que había pasado demasiado tiempo.

Para introducirme nuevamente en el texto, decidí leerme, leer las reseñas de capítulos anteriores. Me encontré conmigo misma, diciendo sin querer, varias veces las mismas cosas. Cada vez que me enfrento a un capítulo del Seminario, me encuentro con la complejidad de la teoría, con lo confuso y a veces contradictorio de los conceptos y con la inmensa cantidad de referencias bibliográficas que condicionan el texto. De ello se desprende en mí esa profunda e incomoda sensación de lo insignificante. Esa sensación es – sobre todo – paralizante.

Hay algo en la forma de producir teorías, tanto en Freud como en Lacan, que me conecta con algo muy vulnerable en ellos. Al leer estos esfuerzos, estos intentos de formalización y de conceptualización de aquello que es verdaderamente insondable en el ser humano, algo en mi se conmueve. Hay esfuerzos teóricos que me apenan. Sé sin embargo, que esto recién empieza.

Leyendo nuevamente este capítulo e intentando profundizar y comprender lo que Lacan intenta transmitirnos, me dirijo a Introducción al narcisismo, texto que Freud escribiera en 1914. Después de leer algunas páginas empieza a rodarse en mi cabeza, insistentemente, esta secuencia: un niño guarda en su bolsillo una piedrita que admira, le gusta porque es blanca y puede brillar, le gusta su forma, y le gusta poseerla. La guarda como un objeto precioso, la lleva consigo. Cuando se sienta, la saca de su bolsillo. Pareciera que se detuviera solo para mirarla. Lleva también, otra piedrita, una piedrita cualquiera, le gusta jugar con ellas, le gusta el sonido que escucha al hacerlas chocar una con la otra. Después, las guarda de nuevo en el bolsillo de su pantalón.

Este niño va a saltar sobre rollos de alfalfa, salta de uno a otro, son rollos enormes y hay de ellos gran cantidad. Se divierte a lo grande, y disfruta. Cuando se cansa, se acuesta sobre la alfalfa y busca en el bolsillo, sus piedras. La piedra blanca, ya no está.

La busca desesperado, pero es inútil. El niño llora, se lamenta, se refriega las lágrimas con los puños de su camisa, y sigue buscando. Han pasado muchas horas, y el niño no cesa en su búsqueda. Pero el día se acaba, y su padre llama al pequeño. Debemos irnos, le dice.

El niño le ruega: todavía no papá.. es que papá, la piedra.. mi piedrita, no la puedo encontrar. El padre, mira al pequeño, no se todavía de que manera lo mira. Lo toma de la mano y le dice, es tarde ya. El niño llora, y mientras camina no puede dejar de mirar atrás.

No voy a explicarme, solo voy a decir, que esta historia viene a mi mente cuando la teoría se vuelve demasiado enrevesada, cuando me pregunto, cuanto tiempo me va a llevar avanzar con ciertas lecturas y cuál es la implicancia práctica que gano en lograr adquirir ciertos discernimientos teóricos.

Tiempo es todo lo que hay. Y no hay.

Hago la lectura de cualquier manera, no digo que sea en vano. Conviven en mí, el deseo de saber, con cierta posición existencial que me obliga a no perder de vista que Freud, era un hombre de su tiempo, y que yo soy una mujer del mío, que no es necesario derribar muros que ya han sido derribado antes, que la razón para formular teorías, no es amar las teorías, sino poder hacer algo con ellas.

Yo, yo no invento nada, pero Freud inventó el psicoanálisis, y ese invento nació en el consultorio de un neurólogo. No puedo perder de vista este hecho, intento entender las cosas desde este lugar.

Hace un par de semanas que veo una serie americana, no es una maravilla, pero me hace pensar. Son médicos, trabajando en una sala de emergencias.

Es curioso, un cirujano, invade un cuerpo de todas las maneras posibles. Usan tijeras, cuchillas, abren los cuerpos y penetran sus entrañas. No hay quien se oponga: se trata de daños necesarios. No me imagino al familiar de un paciente, atacando al médico para que no abra, para que no extirpe, para que no exponga al enfermo a sus instrumentos, que no son otros que los de una carnicería.

No solo se trata del poder del discurso, se trata también del poder de las evidencias. La verdad que expresa el cuerpo, es para todos.

Nuestro saber, es tanto más esquivo, tanto más incierto. Si existe alguna clase de evidencia, nunca tendrá la tangibilidad de la sangre, de los músculos, los huesos o la piel. Las intervenciones de un médico, son siempre lineales, y como tal, resultan confiables: si hay un tumor hay que sacarlo, si hay una herida hay que curarla y cerrarla. Nuestras intervenciones en cambio, obedecen a otra lógica, una lógica desconocida, que obedece al caso por caso, y requieren de una transferencia sólida para que sus efectos realmente puedan producirse.

Entiendo la dificultad de trabajar con un cuerpo enfermo, entiendo los riesgos, sin embargo, el cuerpo, siempre expresa su verdad. Somos nosotros, los analistas, los que trabajamos con aquello que no presenta evidencia, los que intentamos develar el verdadero secreto de los dioses.

Al final… esta reflexión nacida en la percepción de mis repeticiones, no deja de ser una pregunta acerca de porqué elegimos y cómo elegimos el campo de nuestro saber, de que manera nos relacionamos con el conocimiento y de donde surgen nuestras elecciones, porqué amamos o confiamos en una determinada teoría y de qué manera nos relacionamos con aquellas que descartamos, que dejamos de lado. Esto es, la lectura más amplia.

Esta lectura podría tratarse no solo del marco teórico que hemos elegido, sino también de la forma de aproximarnos a ese marco teórico. Me viene a la memoria una entrevista que le hice a Andrés J. Sierra, artista. Trabajaba sus obras en una especie de zoom, a veces, el protagonista de la obra, estaba sentado en una nube, a veces sobrevolaba la ciudad y en ocasiones se metía dentro de una habitación.

En este seminario Lacan anula la profundidad de campo y se centra en conceptos específicos (al igual que Freud en los textos sobre los que Lacan trabaja). En lo personal soy más de sobrevolar ciudades. Estos textos – la verdad sea dicha – me exigen un esfuerzo de enfoque, sobre conceptos que me aburren. Es como si hubiera entrado a una habitación y todo en la habitación me pareciera opaco.

Ahora que lo pienso, y dicho sea de paso, cuando trabajo con fotos, me pasa justamente lo contrario. Me aproximo a los objetos, mucho más que lo que me alejo de ellos, casi que puedo tocarlos. Los redescubro, los miro a través de la lente, como si fuera la primera vez.

No es lo mismo un esfuerzo de teoría, que un esfuerzo de poesía.

El péndulo oscila, una vez más.

Ilustra la nota:

Obra de Andres J. Sierra, serie Sorongonia, 2014.

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De ovnis, credos y oposiciones.
abril 17, 2020|Capiton(é)Filosofía y Psicoanálisis

De ovnis, credos y oposiciones.

De ovnis, credos y oposiciones.
Tiempo de lectura: 4 minutos

And I don’t believe in the existence of angels
But looking at you I wonder if that’s true.

Nick Cave and the Bad Seeds, Into my arms.

“Love is a continual interrogation. I don’t know of a better definition of love.”

Milan Kundera, The book of laughter and forgetting

Un sueño, me dio una respuesta: el amor, es un ojo de pájaro. Y es también un ojo de pez.

Hace no mucho tiempo, conversaba con mis hijos, sobre la existencia de dios. Uno de ellos me dijo que creía y no creía a la vez. “Creo pero no creo que creo, o sé que no creo pero creo que si creo”. Algo así fue su respuesta, un tanto enredada.

Leí alguna vez, que la fe, no es otra cosa que tener el coraje de sostener esa duda. (*)

El no sabe si cree o no cree en dios. Yo no dudo, y creo. ¿En dios?

No.

Yo creo en mi niño.

Es difícil educar, y enseñar ciertas cosas sin un marco religioso. Es difícil para mí, al menos, que crecí en una familia religiosa. La fe explica por sí sola, lo que de otra manera es inexplicable y obedece a misterios insondables. Un marco religioso, vuelve más fácil la tarea. Sin embargo, la fe no puede fingirse, ni se transmite por intención. La fe se transmite como creencia, o no se transmite y mi fe, está en otro lado.

Mi fe, está en las personas, que en todo caso, son las que guardan el espíritu del mentado dios. No hay religión que en sus fundamentos lleve implícita la condición del mal, y quizás todas lleven de manera explícita, la noción del bien. Todas las religiones quieren el bien de los hombres y mujeres. Todas las religiones buscan y desean el bienestar de los niños. Lo que varía, en todo caso, es la noción misma del bien.

Me gusta la humanidad, lo esencialmente humano. Lo sensible, los lenguajes del cuerpo. Me gusta la palabra, en búsqueda de su verdad. La palabra errante, siempre derivante. Como esta última palabra que me dice cosas, aunque no esté en ningún diccionario. La palabra sabe adaptarse a la búsqueda, sin pensar que por ello, ha llegado a un destino final; hace de sus intentos magia y reconoce su imposibilidad.

No tengo otra fe, ni profeso religión. Es esta vida la que realmente me importa. Si hay un más allá o no, si mi espíritu es parte de un todo universal o si se irá al infierno por estas ideas paganas, no lo sé. No siento el infierno, ni siquiera siento el mal.

Pertenecer a una religión, ofrece un privilegio, el privilegio de ser parte de algo, de compartir con otros un lazo, un lazo que une en la certeza y la fe. Sin embargo, las religiones no hablan solamente de nuestras creencias, sino de nuestra pertenencia a una comunidad, a una región, incluso a una cultura. Digo cosas obvias, lo sé. Solo para dejar escrito, que nos es más fácil identificarnos con un grupo que identificarnos con una totalidad.

En rigor de verdad, si nos despojamos de aquello que nos ha nombrado, si nos atreviéramos a un segundo nacimiento como proponía Heidegger, nos encontraríamos – probablemente – con un interrogante siempre enigmático, más que con un convencimiento religioso. Una desidentificación en el amplio sentido del término. Un segundo nacimiento, pone en suspenso todas nuestras nominaciones.

No se si exista vida más allá de la Tierra. Digo… vidas similares a las nuestras, con nuestros mismos miedos, nuestras mismas pequeñeces. Si existieran en otros mundos, otros seres pensantes, un buen favor nos harían de aparecerse por aquí, porque solo entonces, quizás podamos ser “uno”, un solo grupo, una sola fuerza.

Nosotros, los humanos de la Tierra.

Nuestras nociones de conjunto se forman en relación a otros términos, de la misma manera que lo hacen nuestras palabras. Es en oposición a otros términos que unimos o separamos, armamos conjuntos y categorías, es por oposición de términos, que accedemos a la realidad y nos relacionamos con ella: los católicos, los judíos, los musulmanes, los budistas, los hombres, las mujeres, los pobres, los ricos, los normales, los desviados, los jóvenes, los viejos, los capitalistas y sus contrarios.

Si nos visitaran otros seres razonantes, seres con dos cabezas en lugar de una, que hablen pero por los ojos, y tengan plumas en lugar de pelo, entonces se nos facilitaría la noción de grupo. Si nos atacan, mucho mejor. Si nos atacan, nos convertimos en un grupo seguro. O casi seguro. Quizás nos dividen otra vez.

Existe una relación directamente proporcional entre nuestra lucidez intelectual y lo inflexible de nuestra terquedad, necesitamos de la tragedia para aprender, pero además, tenemos pésima memoria.

No es que de repente me haya puesto nostálgica de alguna unidad perdida. Pienso que quizás, nos necesitamos como grupo para resolver nuestros problemas ambientales, así como nos necesitamos como grupo para enfrentar esta pandemia, o cualquier otra que se nos presente. Nos necesitamos como grupo para resolver nuestro problema demográfico, y las consecuencias que tiene para la naturaleza, para nosotros, y para las demás especies.

Dicen que si el corazón no ve, los ojos no sienten. No.. al revés, ja, pero me gusta ese equívoco… Es necesario sentir, para que el corazón se entere… los problemas demográficos verdaderamente existen. Este virus, nos despierta del letargo, aún así, seguimos preocupados por la economía, y está bien, pero… ¿Qué economía?

No sé, yo vivo en una nube conceptual, y la disfruto, pero si creo en lo que escucho, tengo que preocuparme un poco.

Hace unos días, antes de empezar a escribir este texto, y en el intento de enseñar a mis niños esas cosas que considero importantes, les envié un mensaje con un listado de valores. El listado era el siguiente: amor, paz, respeto, humildad, lealtad, responsabilidad, honestidad, sensibilidad, amabilidad, naturaleza, diversidad, amistad, solidaridad, bien común, gratitud, confianza, paciencia, empatía y perdón.(*) Les pedí que elijan uno, entre todos ellos y que me envíen su respuesta. Lo primero que hicieron, por supuesto, fue ignorar mi mensaje. Ja. Pero bueno… ese es otro tema.

El caso es que después de insistir, me llegó su respuesta. Naturaleza, mamá. Naturaleza. Los tres, me respondieron lo mismo. Ellos no saben, todavía, que sin copiarse, también coinciden.

(*) Søren Kierkegaard

(*) Listado tomado del libro de los valores de Camila Alonso

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De subversiones, palabras y palomas.
abril 2, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisRandom

De subversiones, palabras y palomas.

De subversiones, palabras y palomas.
Tiempo de lectura: 5 minutos

Sopita, hierbitas, ollita.

La Cocina de Sary, Sopita de avena (1).

Si quieres conocer realmente una cosa, olvida su nombre.

Alejandro Jodorowsky

Escribir, exige soportar un tiempo detenido, en eso se parece a esta cuarentena. ¿Cómo hacer del tiempo detenido, un tiempo verdaderamente subversivo? Eso me pregunto yo. Quizás se preguntan ustedes ¿porqué hacerlo? ¿Qué implica subvertir?

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De madres, libros y escuelas.
marzo 9, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisRandom

De madres, libros y escuelas.

De madres, libros y escuelas.
Tiempo de lectura: 10 minutos

Todos tenemos dos elecciones: estar llenos de miedo, o estar llenos de amor.

Albert Eistein
.

Es distintivo de una mente educada, ser capaz de entretener un pensamiento sin aceptarlo.

Aristóteles

Cultiva tu espíritu y serás libre

P.J.Kentenich

Debía tener 7 años, cuando mi mamá me dio un libro viejo, colorado y chiquito, se llamaba La hija de Cariles. Estaba recostada en mi cama, y así lo recuerdo: me trasmitió una ilusión y una alegría. Fue como un rito de iniciación, un bautismo. El ingreso a un mundo que primero quise porque me acercaba al mundo materno, y después quise porque supo alejarme de él.

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LA POLÍTICA. ESE JUEGO.
octubre 23, 2018|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisRandom

LA POLÍTICA. ESE JUEGO.

Tiempo de lectura: 3 minutos

La mente intuitiva es un regalo sagrado, la mente racional su fiel servidor.

 Hemos creado una sociedad, que honra al siervo, e ignora el regalo.

Albert Einstein

Mis sueños, siempre me dan ideas, buenas ideas. Ahora no puedo anotarlos en mi celular, con lo práctico que me resultaba, porque no sé que organismos nacionales o internacionales se enteran de mi mundo onírico. No es que me importe, es que saben a mal.

Hace un tiempo tuve un sueño muy ameno, en el que había un escenario de esos de madera, un escenario de festivales populares, o fiestas patronales, un escenario de tarimas crujientes, como los de las fotos de mi abuelo radical. En el suelo, un megáfono color celeste, prendido pero sin dueño. Un público disperso, y confundido, después una estampida: niños llorando, ancianos perdidos, heladeros sin ventas, y algodón de esos dulces, abandonados. El mundo sin padres.

La política es una invención, una manera de vivir. Nunca le dediqué demasiado tiempo, ni mucha atención; a ese juego. Sin embargo, que yo no crea en esa invención como una solución posible para mí, no quiere decir, que no pueda entender el que otros crean en ella.  Al contrario, me produce cierta admiración, por lo altruista. El que alguien elija vivir, y dedicar el preciado y acotadísimo tiempo que tenemos en esta vida, para preservar o deconstruir y reconstruir, los esquemas que organizan una sociedad en beneficio de lo público, ciertamente me parece admirable. No puedo estar más que agradecida con aquellos que se ocupan de lo necesario, ignorando lo que tiene de absurdo. Yo no lo haría nunca. Soy demasiado egoísta.

Un juego de niños, exige la asignación de posiciones a ocupar y roles a cumplir. Hace unos años atrás mi hijo mayor me proponía un juego: “Mamá, juguemos a que yo soy Spiderman, vos sos la novia y la beba es la abuela”. Tato, jugaba a otra cosa, el quería ser Lobin Jut, que, dicho sea de paso, podría ser un legendario peronista, uno muy justo y sin día de la lealtad. Ja.

Solemos ensalzar la inocencia, creemos que es ella la que nos preserva. Pero no.  Lo que nos preserva, lo que nos protege, es el saber. El que un niño sepa, que en realidad, no es un super héroe, lo protege de algunos saltos peligrosos.

Los niños eligen su posición y su juego en función de sus intereses, de sus gustos y también como elaboración sintomática y tramitación de su goce.  Los adultos, también.

Lo realmente sorprendente, es que los adultos, no están al tanto de que juegan, y esa oscura inocencia, encierra tanto peligro. Un traje con capa, no es distinto a un traje y corbata, ni difiere demasiado de un delantal, una sotana y tantos uniformes.

Capitulo aparte, merece la creencia. La creencia, organiza el mundo: el mundo social y el mundo subjetivo.

No hablemos de los políticos corruptos, los sacerdotes pedófilos o los maestros depravados. Hablemos de la gente de bien, que somos la mayoría. Incluso los que erramos, y somos egoístas.

No dudo, de que quien elige la política, cree en esa vía. Confía en ella.

No dudo, de que quien elige ejercer el sacerdocio, la docencia o el derecho, confía en esas vías: cree en Dios, en la Educación o en la Ley. Y está bien creer.

Creer en algo moviliza al deseo, lo vuelve decidido y eficaz. Creer en algo, hace de la sublimación y la postergación, mecanismos dignos de lo humano, con toda su complejidad.

Aun así, que importante que es saber. Saber, además de creer.

El saber, le da mesura al poder, y es capaz de escuchar y aprender de aquel que no está investido por ninguna capa. Quien sabe, comprende, que las sutilezas de la verdad, pueden encontrarse en cualquier lugar. El saber nos vuelve libres, sobre todo de prejuicios.

Parece una obviedad, pero no lo es: el saber aniquila la ignorancia que es, las más de las veces, maliciosa. El saber, es un encuentro con la humildad y la fortaleza, y nos protege del sometimiento y la dominación.

El saber sin creencia, no tiene a donde ir.

La creencia sin saber, es la ceguera interior.

En lo que a mí respecta, sé sobre política, lo que la experiencia me ha enseñado.

Entendí que quien juega sin saber, desconoce que son los símbolos los que mueven la mano, y no a la inversa.

Entendí también – no sin cierta desilusión – que quien juega sin saber, ignora que no son juguetes, los que mueve queriendo, o sin querer.

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Presente
julio 27, 2018|Capiton(é)Filosofía y Psicoanálisis

Presente

Presente

Tiempo de lectura: 2 minutos 

 

Todas las canciones, por una sola certeza.

J.D

 

No esperaba.

Por no esperar, la descubrí. Sentí al verla, que el corazón se me salía; todas las respuestas estaban ahí.

La conmoción y la emoción están todavía conmigo, crecen dentro de mí. Algo en ella me habla, me dice: es aquí.

No me había sucedido hasta ese momento, sentirme capturada y cautivada de esa manera por una obra. Aquel viaje había encontrado su verdadero propósito, uno distinto del que me había llevado hasta ahí.

Me sentí un poco feliz, que es la forma más real de la felicidad.

Al verla pensé que Rafael, la había pintado solo para mí. Si no hay otra realidad, que aquella que me voy dando, no tengo porque dudar. Me pregunto ¿qué me dice?

Su acertijo, me vacía de palabras.  Aún así, veo el mundo fuera y dentro de mí, veo los años, los siglos, lo que fue y lo que será. Mis propios dolores, y los dolores que no pude evitar; mi propia torpeza, mi sabiduría estéril. La pregunta que insiste, como un escalofrío sin letras ¿que clase de trampa es este regalo?

 

El oxígeno se disipó y no hubo nada más.

Yo era ahora un bebé tendido, respirando un aire nuevo, moviendo manos y cuerpo al son de mi propia risa, un bebé cobijado por ese velo que es a la vez, transparencia y enigma. Era también esa madre, regalando aquel velo, antes tejido o hilado. Velo hecho de sueños, de ficciones y de anhelos.

Un niño pequeño me devolvió al aire, a este otro aire. Lloraba. También lloraba yo.

– Estoy perdido – me dijo.

– Estar perdido es ver – susurré.

Acaricié su cabeza, y en un gesto que comprendió, le regalé aquello que yo miraba.

Después, lo tomé de la mano.

 

 

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De llaves, puntos y claves.
marzo 4, 2018|Capiton(é)Filosofía y Psicoanálisis

De llaves, puntos y claves.

De llaves, puntos y claves.

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 “En todas las almas, como en todas las casas. Ademas de fachada hay un interior escondido”.
Raul Brandaõ

Es cuando tengo la cabeza llena de música que viene a invadirme algún pensamiento tenaz; de esos que no quieren irse… que no lo abandonan a uno hasta ganar verdadero espacio en algún hilo de razonamiento más o menos acabado.

En un deslizamiento significante bastante curioso, concluyo que las paredes se construyen o se destruyen y que, sucederá lo uno o lo otro, dependiendo de una sola variable. Variable indecible, impronunciable, aún más: difícilmente descifrable. Todo depende de ella, o casi todo. Sin importar la complejidad de una teoría, todo se ordena si esta variable se vuelve visible. Habremos de  conocerla, para malentender y confundir con justicia.

Una vez que se asume la bondad de un misterio,  descifrar sus códigos, solo a veces es necesidad.

He leído a Lacan, me ha atrapado en su red. Lo veo, indicando una ruta, señalando el camino, a quien no es capaz de entender su lengua. No su lengua hecha de letras y palabras, sino aquella hecha de intenciones y deseos: metáfora viva, ilusión errante, producción hecha vida.

Quiero salir de ahí para mirarla de lejos, desde más lejos.. y más lejos. Quizás así pueda leer esta variable, indecible, impronunciable… difícilmente descifrable. Para que ordene los actos, para asir los conceptos. Para poder amarlo, bah.

Apollon Moikov, fue un poeta ruso a quien conocí hoy, por curiosidad. Amigo de Dostoievski, escribió estas palabras que pronunció en un discurso unos días después de su muerte:

(…) Conversábamos durante muchas horas, argumentábamos y debatíamos, trabajábamos sobre diferentes ideas nuevas, discutíamos el trabajo de cada uno, y como resultado, nos ayudábamos a comprender mejor las cosas.

Discutíamos acerca de todo: eventos actuales, sucesos insignificantes en nuestras vidas personales, grandes eventos que se sucedían en nuestro país y alrededor del mundo. Discutíamos todo en una gran escala, con una perspectiva histórica. A aquellas cosas pequeñas e irrelevantes, las conectábamos lógicamente  con eventos significativos. (…) 

El siempre quería llegar al “corazón del asunto”, alcanzar un entendimiento de aquello que era lo más esencial de la vida. Los dos queríamos eso, y él… ayudaba a otros a alcanzar sus objetivos.

Oh! Si las personas pudieran entender, entonces el mundo sería el Paraíso en la Tierra – solía decir. – ¿Qué quería decir exactamente con ese “entender”?

(…) Después del aplauso, los gritos y vitoreos de las grandes audiencias que seguían lecturas de sus trabajos; el solía repetir: – “Si, si, esto está muy  bien ¿pero realmente lo entienden? – El se refería a aquello que llamaba “el corazón del asunto“.

El estructuralismo se sumerge en la profundidad de las cosas para develar aquello que hay de común en elementos aparentemente desconectados; aquello que hay detrás de las palabras, en los cimientos. Una suerte de alquimia significante.

Las elaboraciones teóricas a lo largo del tiempo, no pueden disociarse del período histórico al que responden, incluso ante el cual reaccionan. Así, en una oscilación que no se detiene, se desarrolla la historia del pensamiento.

El reduccionismo freudiano, que existe, es tanto más una insistencia, que un error; pues se insiste ante aquel o aquello que se resiste.

Freud no solo fue brillante; por sobre todas las cosas, fue un hombre sincero. No espero de él, más de lo que nos ha dejado, que es bastante.

Hay un principio ordenador detras de todo desorden, hay una u otra necesidad, detras de toda teoría.

Despegar la corteza de sus membranas, lentamente. Para que no sangre. Las suyas, Sir Jacques Lacan.

*Fragmento del discurso escrito y leído por Apollon Maikov, en la Reunión General Especial de la Sociedad Eslávica de Caridad, Febrero o Marzo de 1881.

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El otro Judas
diciembre 8, 2017|Capiton(é)Filosofía y Psicoanálisis

El otro Judas

El otro Judas

Tiempo de lectura: 3 minutos 

Tiempo de Lectura: 3 minutos

 

Siempre que pienso el psicoanálisis, vuelvo a este libro (me refiero a Introducción al método psicoanalítico de J.A Miller). Me gusta su intento de simplificar lo insimplificable. Vuelvo a él también por el enojo que me produce su portada… ese estilo, ese estilo – o será intención – que no deja de irritarme. “Lo que prueba el poder de lo que llamamos el procedimiento, es que no está excluido, que el psicoanalista carezca de toda idea acerca de él. Hay estúpidos: verifíquenlo, es fácil.” ¿A quien se le ocurre recortar justo este párrafo para captar la audiencia?

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Acerca de Capiton(é)
- Dame tu libertad... o dame tu vida.

- Exigió el presunto Amo.

- Ja. - Respondió el presunto esclavo.

Volver, ya no fue posible.

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Soledad Lecuona de Prat, nació en Salta, Argentina (1982). Cursó sus estudios universitarios en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad Católica de Salta obteniendo los títulos de Profesora y Licenciada en psicología.

Luego de trabajar durante algunos años en diversos organismos públicos, tanto en el área de capacitación como de atención a personas en estado de vulnerabilidad social, psicológica y afectiva, se volcó -hace ya más de 10 años- a la atención clínica de pacientes en su consultorio privado.

Actualmente trabaja en una investigación sistemática del Seminario Nro. I de Jacques Lacan con el objetivo de publicar futuras obras sobre su contenido.

Pasa sus horas escribiendo ensayos, poesías y cuentos que abordan cuestiones cotidianas, sin dejar de lado su percepción profundamente analítica.

Con el fin de exponer sus pensamientos creo el blog "Tiene nudos" (2014) que se consolidaría posteriormente, bajo el nombre de "Capitoné (2017).

Actualmente vive en la provincia de Salta, junto a sus tres hijos.

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