LOADING

Seguirme

Escritos viscerales II
junio 28, 2021|Capiton(é)Filosofía y Psicoanálisis

Escritos viscerales II

Escritos viscerales II
Tiempo de lectura: 5 minutos

Isn´t it what we all do? We wait… to be inspired?

Annie Leibovitz.

Por ellos aprendí a penetrar sucesivamente en el pensamiento de cada hombre, a comprender, que cada uno decide, vive y muere, conforme a sus propias leyes.

Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano

If you negotiate the minefield in the drive
And beat the dogs and cheat the cold electronic eyes
And if you make it past the shotgun in the hall,
Dial the combination, open the priesthole
And if I’m in I’ll tell you what’s behind the wall.

The final Cut, Roger Waters

I. Psicología y metapsicología

Me tomé cinco meses para leer el segundo seminario. Todo lo leído, está en el océano. No es mi intención la atención flotante sino que es el texto el que la produce.

Una segunda lectura logra inspirarme, también me deja perpleja, como Lacan suele hacer conmigo. Sus citas bibliográficas, me generan una ansiedad descomunal. Sólo en el primer capítulo cita a Koyré, a Platón, a La Rochefoucauld, a Bentham, a Santo Tomás, a Guillaume de Saint Amour, a Descartes, y a Nietszche. Mierda.

Trazo planes. Lo hice otras veces, pero en esta ocasión siento ganas de llorar. No sé como pagar mis cuentas, atender pacientes, ocuparme de mis hijos, tener un novio, mantener mi casa, descansar de la vida, descansar de la mente, salir a correr, dormir, contemplar las estrellas, contemplar a la nada, ver películas, distraerme con trivialidades, y poder, además, leer todo lo que quiero leer. Dice Freud en alguna parte, que las mujeres no sabemos sublimar. ¿Quién quiere sublimar Sigmund? Esa es la pregunta y ¿porqué?

La finitud es mi problema, me produce palpitaciones. Para bien o para mal me obsesiviza, (término que no se si existe, pero no es lo mismo a decir que me obsesiona). Digo que me hace pensar esquemas, anotar plazos y fechas. Sé, sin embargo, que no por abandonarme a la lectura, puedo dejar de conversar con mis hijos, u olvidarme para siempre de mi vida sentimental.

Lacan me hace desear su propio recorrido. Si sigo su recorrido, es Lacan el que se vuelve mío.

Me gusta la analogía que hace Juan José Millás, en uno de sus libros. Compara la escritura, con la acción del bisturí eléctrico sobre la piel, “abre la herida a la vez que la cauteriza“. Lo mismo con el pensar, me digo, y con el leer. Me gusta también, que en el relato, es un padre quien le enseña tal cosa a su niño, y ese niño, es él mismo. “Fijate, Juanjo“, le dice.

Pensar, es un camino sinuoso, peligroso. ¿Acaso hay quien lo inicie sin verdadera necesidad? Si alguien me preguntara qué llevar para el camino, le diría sin dudarlo, un tatuaje en la palma de la mano que te recuerde para qué lo haces.

En una entrevista que le realizaron a Freud en 1926, expresa: “No permito que ninguna reflexión filosófica complique mi fluidez con las cosas simples de la vida“. Y dice también: “La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me revelo contra el orden universal. Finalmente, después de setenta años, tuve lo bastante para comer. Aprecié muchas cosas -en compañía de mi mujer, mis hijos – el calor del sol. Observé las plantas que crecen en primavera. De vez en cuando tuve una mano amiga para apretar. En otra ocasión encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?”

A esto me refiero. ¿Es el deseo de saber una contradicción in adjecto? ¿Qué acaso no encuentra el pensamiento su sabiduría en su encuentro íntimo y cercano con lo que las cosas son?

De repente sentí desplomarse la teoría, la sentí desplomarse bajo mis pies, lo que es extraño. En las palabras se desploma bajo mis pies, en mi mente, se desploma frente de mi. En cualquier caso, lo único que queda es una nube de polvo. Me pregunto…¿cómo seguir?

Recuerdo entonces, un anillo que gira y una sombra inmutable, y ahí mismo, reconozco mi propio método. De esa manera, avanzo.

De esa manera, vivo.

Un punto gravitacional, organiza el caos; es a la vez, un sentido y un deseo. Con mi método la vida me agota, pero nunca nunca me aburro. El punto gravitacional da lugar a todas las tensiones, permite que surjan infinidad de conflictos, y en función de ellos, avanzan las teorías, y evolucionan las personas. O eso creo. Ya vendrá la muerte con su último punto, a sellar su verdad.

Lacan. Lacan ya está muerto. Su pensamiento, es una sombra inmutable. El mío, aquello que gira. Es una decisión, un capricho tal vez, pero un capricho en el que creo. El desarrollo teórico de Lacan, es el punto estático sobre el que organizo mi dialéctica con la vida. Esto parece estúpido, quizás lo sea, pero es así. ¿Quién es el tal Lacan, para que sobre su obra, yo organice mis pensamientos? Es una legítima pregunta.

Ya tengo yo, mi respuesta.

En Sobre Héroes y Tumbas, Sábato dice: “al final, lo único que nos va quedando son nombres de calles“. Es un sentir melancólico, entristecido. Hay gente, sin embargo, que quiere monumentos con su nombre, edificios con su nombre, o instituciones. Gente que siente cierto placer al imaginar que en alguna esquina del mundo, dentro de algunos años, alguien pondrá el guiño para doblar leyendo por lo bajo, las letras que en vida lo han nombrado.

En homenaje a estos hombres con alma de próceres – hombres que aspiran a este tipo de glorias – es que rescato nombres en las esquinas, y los investigo un poco. Siempre hay en Wikipedia, alguna referencia: “fulano de tal, emprendedor y filántropo, nació acá y murió allá”. “Perengano de tal, defendió tal causa, etc”. Después, pongo mi saber al servicio de la biblioteca pública del lugar en el que vivo. Lo hago también, porque una noche, un señor se expresó en un pequeño discurso y me dio un poco de pena. Además… aquellas rimas de Becquer:

No sé, pero hay algo que explicar no puedo,

algo que repugna aunque es fuerza hacerlo,

el dejar tan tristes, tan solos los muertos“.

Debo decir esto: la intersección significante que unía lo primero con lo segundo, quedó del otro lado de la compuerta, lo que en una conversación de café, equivaldría a decir “¿a qué venía esto?” o “ya no sé que te estaba diciendo”. Hace semanas que intento recordar en que pensaba, pero lo he olvidado como se olvidan los sueños.

En su último libro, Emmanuel Carrère, cuenta la historia de un ladrón que quería robar un tesoro que – según había escuchado – se encontraba escondido en un monasterio. Decide fingir su voluntad y se hace pasar por monje para ingresar dentro del claustro. Una vez dentro, cumple con cada norma establecida, se adecua a cada precepto; hace ayuno, medita y reza mil horas al día, y mientras recorre el lugar, no deja de mirar, y husmear por cada rincón, para encontrar el tesoro. Pasan los años, y el ladrón se ha convertido finalmente, en un servidor ejemplar.

Pero si ahora lo recuerdo: esta es la intersección significante, la que había olvidado. Sucede que un destello, es tan efímero como permanente.

De esta historia podemos concluir que el que busca, encuentra. Y que un hábito, precipita un ser.

Ya puedo terminar.

O acabar, que es su sinónimo.

sin comentarios
Leher a Lacan
diciembre 19, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

Tiempo de lectura: 4 minutos

Nuevamente miró a su amado con desmayados ojos y, arrojándose al mar, sintió como su cuerpo, se disolvía en espuma.

La sirenita, Hans Christian Andersen

La báscula del deseo II

Ahora sí, las fichas sobre el tablero.

Matthew Maury, nacido en 1806, fue un estudioso de los mares y un experto navegante. Según se lee en sus datos biográficos, en una oportunidad, estando enfermo en su casa, oyó a su hijo leer la Biblia. El Salmo rezaba: “¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta? Pues lo hiciste poco menos que un dios, y lo coronaste de gloria y de honra: lo entronizaste sobre la obra de tus manos, todo lo sometiste a su dominio; todas las ovejas, todos los bueyes, todos los animales del campo, las aves del cielo, los peces, y todo lo que surca los senderos del mar.” Al escuchar esto de los senderos del mar, pensó que estos realmente debían existir. En ese mismo momento, decidió que los buscaría hasta encontrarlos.

Y eso hizo.

Maury encontró las corrientes marítimas y dedicó su vida al estudio de los mares. En 1855, publicó el primer libro sobre oceanografía; la geografía física del mar. La corrientes marítimas, se diferencian del caudal total de las aguas oceánicas. Por diferencias en su temperatura y salinidad, estas corrientes se constituyen como verdaderos ríos bajo del mar.

No hay imagen que me parezca más apropiada para explicar la función de desconocimiento del yo: invisibles las fronteras, idéntica la sustancia, yo e inconsciente se diferencian en dirección y temporalidad, logrando con ello modificaciones significativas en el modo de comportamiento de aquello de lo que están hechos.

Cuando era niña, pensaba que yo también necesitaba meter los dedos en el costado sangrante de Cristo. Mientras escuchaba a los sacerdotes o a mis maestras, relatar los acontecimientos de la Semana Santa, me preguntaba año tras año, sin cambiar la pregunta, porque Jesús – que era Dios – no daba pruebas de su poder. Siendo Dios, podía, de un salto mortal, bajarse de la cruz, y provocar, en su descenso, un círculo de potente luz que obligara a arrodillarse en arrepentimiento, a todas las almas pecadoras e injuriantes. No me entraba en la cabeza, que no de prueba de su verdad, y anule toda duda.

¿A qué venía esto? Ah sí. Bueno, a eso. Si esta vida garantizara un final feliz, o un recorrido libre de desencantos, mucho de lo que de ella importa más, se vería seriamente comprometido: la adrenalina de los riesgos, la tensión de una elección, los aciertos, los errores, las pérdidas, la emoción de un logro, el encuentro con lo imposible, y con lo posible. De ahí que la Sirenita se vuelva espuma, Jesucristo se deje matar, y Lacan se resista a desarrollos teóricos lineales.

Así como el ADN atenta contra el valor simbólico de la paternidad, del mismo modo, dinamitan el valor simbólico de un discurso, las explicaciones y las demostraciones.

La tensión dramática de la vida, está en los intersticios de la palabra. Aunque sea también por estos intersticios que se escapen las perdices.

Perdón, vuelvo a las fichas sobre el tablero.

Lacan desarrolla en esta clase, la función de desconocimiento del yo, su origen especular e imaginario y el advenimiento del deseo a partir de un movimiento de báscula entre el infante y su semejante. Como en otras oportunidades, me resultan comprensibles los conceptos pero no igualmente accesibles, las relaciones entre ellos.

La función de desconocimiento del yo, nos dice Lacan, representa cierta organización de afirmaciones y negaciones a las que está apegado el sujeto. (Afirmaciones y negaciones, a las que nos hemos referido anteriormente a partir de los juicios de atribución y de existencia que desarrolló Freud). El análisis, es el espacio donde la ignorancia empieza a construirse.

En una relación inversamente proporcional también se constituye la verdad.

Lacan define el conocimiento del yo como una coaptación imaginaria. Coaptar es un término médico que indica “la acción de colocar en sus posiciones naturales los fragmentos de un hueso fracturado o de restituir en su sitio un hueso dislocado“. En un empleo más general sería, la acción de proporcionar, ajustar o hacer que convenga algo con otra cosa.

Lacan usa este término entonces, para explicar como la constitución del yo, exige unificar la imagen fragmentada, en un todo organizado, para lo que el niño se vale de la imagen del otro – del otro especular, o del semejante.

El cuerpo es entonces, el primer deseo.

Hay un momento en el cual se produce para el niño, a través de la mediación de la imagen del otro, la asunción jubilatoria de un dominio que aún no ha alcanzado“. Esto es, el niño intuye su totalidad, se aprende como cuerpo, aún sin ejercer pleno dominio de sí: “… se aprende como cuerpo, en los intercambios con el otro y aprende también a reconocer en el otro lo que está en el, en estado de puro deseo, deseo originario, confuso”.

Así la rivalidad imaginaria existe y se presenta en tanto es el otro, el lugar, el espacio, en donde el sujeto reconoce su deseo.

Lacan lo dice de esta manera: “Cada vez que en el otro surge algo que permite al sujeto volver a proyectar la imagen del ideal del yo, cada vez que de modo analógico vuelve a producirse la asunción jubilatoria del estadio del espejo, cada vez que el sujeto es cautivado por uno de sus semejantes, el deseo retorna al sujeto”.

En fotografía, la imagen analógica, tiene sus valores de luz invertidos respecto a la captura original de la imagen, por lo cual se conoce a la película tratada, como negativo. Me pregunto acerca del alcance que tiene para Lacan, explicar las cosas de este modo… de este modo analógico.

En esta clase, L. pasa de la función de desconocimiento del yo, al conocimiento del yo como coaptación imaginaria, y de este conocimiento a la aprehensión del deseo en tanto deseo del otro, y de esta noción esencial a la noción del masoquismo primordial y su relación con la constitución del símbolo y el mundo de la negatividad.

El genio no se adapta y debe.

Para finalizar me quedo con esta pregunta: “Mientras el sujeto acomoda su deseo en presencia del otro se produce en el plano de lo imaginario, esa oscilación del espejo que permite que cosas imaginarias y reales que para el habitualmente no suelen coexistir se encuentren simultáneamente“.

Falta menos para terminar lo que empiezo.

sin comentarios
Leher a Lacan
diciembre 14, 2020|Capiton(é)

Leher a Lacan

Tiempo de lectura: 2 minutos

– ¡Magnífico! ¡Soberbio! ¡Digno de un emperador como yo!

Los trajes nuevos del emperador, H.C Andersen

I know that diamonds mean money for this art,
but that’s not the shape of my heart.

Dominic Miller, Gordon Sumner. The shape of my heart.

The first tool of all, was a sling.

The mushroom hunters, Nail Gaiman.

La bascula del deseo I

¿Cómo decir la verdad, y a la vez, preservarla? ¿Cómo decir la verdad y preservarme? Cuando digo verdad digo: un reconocimiento necesario.

La construcción del saber no es ajena a la lógica del deseo, pero los alcances de sus efectos aterrizan en la clínica, en los consultorios. ¿Hay que decir algo más? En este capítulo Lacan deja cartas de Poe en todas las esquinas. ¿Alcanza con citarlo? No lo sé. Nos dice:

En efecto, es profundizante en esta hiancia del deseo humano donde aparecen todos los matices, que se escalonan de la vergüenza al prestigio, de la bufonería al heroísmo, a través de los que el deseo humano está por entero expuesto, en el sentido más rotundo del término, al deseo del otro. No es el hecho de que quien se acepta vencido pida clemencia y grite, sino el hecho de que el amo se ha comprometido en esta lucha por razones de puro prestigio y que por ello ha arriesgado su vida. Este riesgo marca su superioridad y es en su nombre y no en el de su fuerza que es reconocido como amo por el esclavo”.

Por de pronto, vale revisar la noción de prestigio. La Real Academia Española lo define como “Realce, estimación, renombre, buen crédito”, también como “engaño, ilusión o apariencia con que los prestigiadores emboban y embaucan al pueblo”.

Podríamos pensar en esta secuencia: riesgo, apuesta, ganancia, nombre, símbolo, prestigio, vaciamiento, verdad.

No, así: riesgo, apuesta, ganancia, prestigio, nombre, simbolo, vaciamiento, verdad.

¿Es esto lo que nos mueve? ¿Es el prestigio? Lo que es a mi, me mueve la plata, quiero dinerito para comprarme un auto nuevo. Mis hijos se quejan del ruido que hace el que tengo ahora. El que hace cuando frena. Y el que hace cuando arranca. Y ese otro que hace cuando dobla. Bueno… los ruidos de mi auto, plural.

Podrían avergonzarse, pero ya no se avergüenzan. Creería que han logrado entender que amo y esclavo no conviven en el mismo cuerpo. El caso es que lo verdaderamente ridículo y aquello a lo que tememos que lo sea, rara vez coinciden.

Claro que lo digo adrede. Quiero una Volkswagen Sharan, con 5 estrellas en materia de seguridad. Los ruidos me importan un pepino.

Digo las cosas por su nombre porque como repetía mi padre, parecido no es lo mismo, y por que la lógica maniquea le hace tanto daño al mundo que más vale renunciar a ella de una vez, pero este es un comentario al margen.

En este capítulo, Lacan cuestiona la lógica fálica mientras la devela. Hagan como yo: no me imiten, dice en algún lado. Pareciera reconocer que nadie renuncia fácilmente a sus dominios. Tampoco él.

Un exceso de verdad… ¿siempre funciona como máscara?

Tiene razón cuando dice, que hay que leer las cosas al pie de la letra. Hay más sobre la superficie, de lo que podría imaginarse. Aún así, entre lo evidente se esconde como quien quiere ser descubierta, la Verdad que encubre la verdad. Si.

No soy reina, ni rey – nos dice – soy el terreno bajo tus pies.

sin comentarios
Leher a Lacan
diciembre 3, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 5 minutos

“No se cual es la cara que me mira cuando miro la cara del espejo, no se que anciano acecha en su reflejo, con silenciosa y ya cansada ira pienso que si pudiera ver mi cara sabría quien soy en esta tarde rara” – Un Ciego.

Soy el que sabe que no es menos vano que el vano observador que en el espejo de silencio y cristal sigue el reflejo, o el cuerpo (da lo mismo) del hermano“. – Soy.

“Creo en el alba oír un atareado rumor de multitudes que se alejan; son lo que me ha querido y olvidado; espacio, tiempo y Borges ya me dejan”. – Límites.

Jorge Luis Borges

La tópica de lo imaginario. (VII – XII)

Hace unos días atrás, tuve un sueño de esos que me sorprenden. Durante el día había estado batallando con los capítulos de este segundo tercio del Seminario, intentando decir algo sobre ellos, pero sin decir nada. Recurrí a Borges, que con belleza y lucidez da cuenta de ese saber que no se sabe. Leí algunos poemas, algunas entrevistas, y ese cuento.

Me desperté alrededor de las dos de la mañana, con taquicardia y cierta sensación de cansancio. Entonces recordé el sueño: una, que era yo, me miraba a mí, la que soñaba, pero no soñaba que soñaba sino que envejecía, ante la mirada entre risueña y perpleja de esa que fui o soy o quiero ser; es decir, yo misma, aún joven. La que miraba, me veía y la que soñaba, sentía. Sentía el temblor de la vejez, y un corazón cansado. Volví del sueño como quien resucita, inspiré profundo para encontrarme de nuevo con la vida.

Mi sueño comprende a Lacan, bastante mejor de lo que puedo yo, explicar sus experimentos.

Por otro lado resulta evidente: el inconsciente, es el Otro.

De mi abuelo materno, tengo un solo recuerdo: abría su valija después de un viaje y sacaba de ella mi regalo: un vestido blanco, con frutas de colores y vuelitos en las mangas. No recuerdo el momento que por lógica le sigue a éste, el momento en que gira sobre su izquierda y me lo entrega. Lo propio del recuerdo, es la fugacidad.

Lo aislado y evanescente de esta escena, me hace pensar que la memoria se asienta sobre la realidad material, o así parece. Un objeto es siempre polizón del pasado.

Amar, no es mirarse tiernamente a los ojos, es mirar juntos en una misma dirección“. Eso recuerda mi madre, que el decía. No se si mi abuelo estaba en lo cierto o estaba equivocado, solo siento – como Kundera – que el amor no puede ser otra cosa que una continua interrogación.

Sé que cuando amé, supe o sentí que no necesitaba explicarme. Las palabras, me eran innecesarias. Podía permanecer ahí, al lado de ese hombre, sin necesidad de decir nada. Lacan me recuerda que en vano sufrí: “la estricta equivalencia entre objeto e ideal del yo en la relación amorosa, es una de las nociones más fundamentales de la obra de Freud. En la carga amorosa el objeto amado equivale, estrictamente, debido a la captación del sujeto que opera, al ideal del yo.”

Captar, dice el diccionario, es percibir con los sentidos lo que sucede alrededor.

Lacan y Freud hablan sobre narcisismo, yo prefiero hablar del amor. Yo quiero hablar de amor, como de amor hablan los poetas, pero la belleza del amor, no está en otro lado sino en su bondad. Es decir, en lo que es, y no en su ilusión de ser. Lo cierto es que para poder vivirlo es preciso teorizarlo un poco.

La noción de narcisismo tal como la trabaja Lacan en este primer seminario, da lugar a dos grandes temas. Por un lado, la constitución psíquica en sí misma y por otro lado, al amor en tanto fenómeno imaginario.

Si tuviera que nominarme de algún modo, preferiría el minimalismo al coleccionismo. Sin embargo, siempre coleccioné alguna cosa: hojitas de carta, estampitas de comunión, envoltorios de chocolates, llaveritos, números de patentes, siglas, documentos, citas y bueno… sacrificios. Me doy cuenta, mientras escribo, que lo que no me gusta es la palabra misma “coleccionar”. Ahora reúno definiciones sobre el amor, y aunque me queje de mí, este hábito, resulta funcional a este escrito y a mi profesión.

Entre mis definiciones reunidas, es ésta la más triste: “El amor es un fenómeno que ocurre a nivel de lo imaginario y que provoca una verdadera subducción de lo simbólico, algo así como una anulación, una perturbación de la función del ideal del yo“. ¿Quién quiere una definición como esta pudiendo, por ejemplo, definir al amor como un compromiso con la eternidad*? No es acaso la mejor de las esperanzas el confiar en que – como escribe Paul Auster – solo el amor, puede detener la caída de un hombre?

Lacan va desarrollando su experimento del ramillete y a medida que se va por las ramas, nos va alejando de su punto, el punto al que quiere llegar. Hypolitte, alumno aplicado del seminario, le pone un poco de presión, lo apura un poco. Le dice algo así como “Si si, todo muy lindo, pero adonde vamos?” Su interrogante, es muy concreto. “¿Cuál es el juego de correspondencias entre el objeto real, las flores, la imagen real, la imagen virtual, el ojo real y el ojo virtual? Comencemos por el objeto real: ¿qué representan para usted las flores reales? Le exige claridad, alguien tenía que hacerlo.

Lacan responde lo siguiente: “Para fijar las ideas, podemos dar a la imagen real, cuya función es la de contener y al mismo tiempo, excluir cierto número de objetos reales, la significación de los límites del yo. Pero, si ustedes dan determinada función a un elemento del modelo tal otro asumirá entonces necesariamente tal otra función. Aquí no se trata más que del uso de relaciones“. Y agrega: “Ya que usted fue quien tuvo la amabilidad de acosarme hoy, no veo por qué no comenzar recordando el tema hegeliano fundamental: el deseo del hombre es el deseo del otro“.

Hypolitte se toma también el trabajo de practicar él mismo el experimento, de ponerlo a prueba para poder comprender. También yo quiero hacerlo. Quizás en París se consigan espejos cóncavos así como así, lo que es aquí y ahora, si buscamos “Espejos cóncavos” en Mercado Libre, lo que encontramos es un Long Play del año 83, de Roberto Carlos, llamado “Cóncavo y convexo”. Si nos dejamos llevar por la curiosidad, encontramos la canción del mismo nombre que dice así: “cada parte de ti, tiene forma ideal y si estas junto a mí coincidencia total de cóncavo y convexo, así es nuestro amor… en el sexo“. Esta explicitación es medio graciosa, pero está bastante bien; sabemos que el inconsciente desmiente la biología, así como el viento desmiente la ausencia… Sobre este último punto, bien valdría escribir miles de páginas vacías.

Entre inseguro y culposo Lacan se explica. Explica las razones por las que dice las cosas de una determinada manera, y no de otra. Quizás es un estratega, no olvidemos que no deja de llamar sesiones a sus clases. Todo puede ser. No por nada, es justo en este capítulo que se desdobla para hablar de sí mismo. “Volvemos a encontrar también aquí el clásico estadio del espejo de Jacques Lacan”.

Es así, en boca de otro, nadie se pertenece.

Ahí donde el lenguaje solo acierta deviniendo poesía, Lacan falla como teórico. No obstante, sus intentos son tan válidos como ineludibles, no por confusos menos necesarios.

No voy a claudicar en el intento de comprender cabalmente el experimento del ramillete, pienso que Lacan no se equivoca al emplearlo, sino que no es claro al explicarlo. Me parece que peca de ansioso. Va de a partes, y no es sencillo vislumbrar el final. Nos dice: “Aún no les he enseñado porqué el analista se encuentra en el lugar de la imagen virtual. El día que hayan comprendido porqué el analista se encuentra allí, habrán comprendido casi todo lo que ocurre en el análisis“.

*Vergilio Ferreira

sin comentarios
Leher a Lacan
septiembre 27, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 5 minutos

Los escritos técnicos de Freud, Cap. IX.

Sobre el narcisismo.

…a un viejo cirujano, llamaron con urgencia, y con su vieja ciencia pronto lo remendó, mas dijo a los otros muñecos internados, el caso es delicado, le falta el corazón.

Pinocho, cancionero popular

Abrí el Seminario que me ocupa, y me encontré un billete de $5, es decir, fuera de circulación, entonces me di cuenta que había pasado demasiado tiempo.

Para introducirme nuevamente en el texto, decidí leerme, leer las reseñas de capítulos anteriores. Me encontré conmigo misma, diciendo sin querer, varias veces las mismas cosas. Cada vez que me enfrento a un capítulo del Seminario, me encuentro con la complejidad de la teoría, con lo confuso y a veces contradictorio de los conceptos y con la inmensa cantidad de referencias bibliográficas que condicionan el texto. De ello se desprende en mí esa profunda e incomoda sensación de lo insignificante. Esa sensación es – sobre todo – paralizante.

Hay algo en la forma de producir teorías, tanto en Freud como en Lacan, que me conecta con algo muy vulnerable en ellos. Al leer estos esfuerzos, estos intentos de formalización y de conceptualización de aquello que es verdaderamente insondable en el ser humano, algo en mi se conmueve. Hay esfuerzos teóricos que me apenan. Sé sin embargo, que esto recién empieza.

Leyendo nuevamente este capítulo e intentando profundizar y comprender lo que Lacan intenta transmitirnos, me dirijo a Introducción al narcisismo, texto que Freud escribiera en 1914. Después de leer algunas páginas empieza a rodarse en mi cabeza, insistentemente, esta secuencia: un niño guarda en su bolsillo una piedrita que admira, le gusta porque es blanca y puede brillar, le gusta su forma, y le gusta poseerla. La guarda como un objeto precioso, la lleva consigo. Cuando se sienta, la saca de su bolsillo. Pareciera que se detuviera solo para mirarla. Lleva también, otra piedrita, una piedrita cualquiera, le gusta jugar con ellas, le gusta el sonido que escucha al hacerlas chocar una con la otra. Después, las guarda de nuevo en el bolsillo de su pantalón.

Este niño va a saltar sobre rollos de alfalfa, salta de uno a otro, son rollos enormes y hay de ellos gran cantidad. Se divierte a lo grande, y disfruta. Cuando se cansa, se acuesta sobre la alfalfa y busca en el bolsillo, sus piedras. La piedra blanca, ya no está.

La busca desesperado, pero es inútil. El niño llora, se lamenta, se refriega las lágrimas con los puños de su camisa, y sigue buscando. Han pasado muchas horas, y el niño no cesa en su búsqueda. Pero el día se acaba, y su padre llama al pequeño. Debemos irnos, le dice.

El niño le ruega: todavía no papá.. es que papá, la piedra.. mi piedrita, no la puedo encontrar. El padre, mira al pequeño, no se todavía de que manera lo mira. Lo toma de la mano y le dice, es tarde ya. El niño llora, y mientras camina no puede dejar de mirar atrás.

No voy a explicarme, solo voy a decir, que esta historia viene a mi mente cuando la teoría se vuelve demasiado enrevesada, cuando me pregunto, cuanto tiempo me va a llevar avanzar con ciertas lecturas y cuál es la implicancia práctica que gano en lograr adquirir ciertos discernimientos teóricos.

Tiempo es todo lo que hay. Y no hay.

Hago la lectura de cualquier manera, no digo que sea en vano. Conviven en mí, el deseo de saber, con cierta posición existencial que me obliga a no perder de vista que Freud, era un hombre de su tiempo, y que yo soy una mujer del mío, que no es necesario derribar muros que ya han sido derribado antes, que la razón para formular teorías, no es amar las teorías, sino poder hacer algo con ellas.

Yo, yo no invento nada, pero Freud inventó el psicoanálisis, y ese invento nació en el consultorio de un neurólogo. No puedo perder de vista este hecho, intento entender las cosas desde este lugar.

Hace un par de semanas que veo una serie americana, no es una maravilla, pero me hace pensar. Son médicos, trabajando en una sala de emergencias.

Es curioso, un cirujano, invade un cuerpo de todas las maneras posibles. Usan tijeras, cuchillas, abren los cuerpos y penetran sus entrañas. No hay quien se oponga: se trata de daños necesarios. No me imagino al familiar de un paciente, atacando al médico para que no abra, para que no extirpe, para que no exponga al enfermo a sus instrumentos, que no son otros que los de una carnicería.

No solo se trata del poder del discurso, se trata también del poder de las evidencias. La verdad que expresa el cuerpo, es para todos.

Nuestro saber, es tanto más esquivo, tanto más incierto. Si existe alguna clase de evidencia, nunca tendrá la tangibilidad de la sangre, de los músculos, los huesos o la piel. Las intervenciones de un médico, son siempre lineales, y como tal, resultan confiables: si hay un tumor hay que sacarlo, si hay una herida hay que curarla y cerrarla. Nuestras intervenciones en cambio, obedecen a otra lógica, una lógica desconocida, que obedece al caso por caso, y requieren de una transferencia sólida para que sus efectos realmente puedan producirse.

Entiendo la dificultad de trabajar con un cuerpo enfermo, entiendo los riesgos, sin embargo, el cuerpo, siempre expresa su verdad. Somos nosotros, los analistas, los que trabajamos con aquello que no presenta evidencia, los que intentamos develar el verdadero secreto de los dioses.

Al final… esta reflexión nacida en la percepción de mis repeticiones, no deja de ser una pregunta acerca de porqué elegimos y cómo elegimos el campo de nuestro saber, de que manera nos relacionamos con el conocimiento y de donde surgen nuestras elecciones, porqué amamos o confiamos en una determinada teoría y de qué manera nos relacionamos con aquellas que descartamos, que dejamos de lado. Esto es, la lectura más amplia.

Esta lectura podría tratarse no solo del marco teórico que hemos elegido, sino también de la forma de aproximarnos a ese marco teórico. Me viene a la memoria una entrevista que le hice a Andrés J. Sierra, artista. Trabajaba sus obras en una especie de zoom, a veces, el protagonista de la obra, estaba sentado en una nube, a veces sobrevolaba la ciudad y en ocasiones se metía dentro de una habitación.

En este seminario Lacan anula la profundidad de campo y se centra en conceptos específicos (al igual que Freud en los textos sobre los que Lacan trabaja). En lo personal soy más de sobrevolar ciudades. Estos textos – la verdad sea dicha – me exigen un esfuerzo de enfoque, sobre conceptos que me aburren. Es como si hubiera entrado a una habitación y todo en la habitación me pareciera opaco.

Ahora que lo pienso, y dicho sea de paso, cuando trabajo con fotos, me pasa justamente lo contrario. Me aproximo a los objetos, mucho más que lo que me alejo de ellos, casi que puedo tocarlos. Los redescubro, los miro a través de la lente, como si fuera la primera vez.

No es lo mismo un esfuerzo de teoría, que un esfuerzo de poesía.

El péndulo oscila, una vez más.

Ilustra la nota:

Obra de Andres J. Sierra, serie Sorongonia, 2014.

sin comentarios
Leher a Lacan
marzo 12, 2020|Leher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 4 minutos

The heart wants what it wants – or else it does not care.

Emily Dickinson

Save your advice cause I won’t hear.

Selena Gomez

Los escritos técnicos de Freud

¡El Lobo! ¡El Lobo!

En mi ámbito de trabajo, nada me parece evidente, incluso en aquellos casos, en que todo apunta hacia un mismo lugar. Incluso cuando algo, me resulta claramente evidente, no puedo usar esa palabra. Quizás envidio un poco la posibilidad de algunas personas de ver algo o percibir algo como evidente. En lo que a mí respecta, lo único que me resulta evidente es.. nada. Nada me resulta evidente.

sin comentarios
De madres, libros y escuelas.
marzo 9, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisRandom

De madres, libros y escuelas.

De madres, libros y escuelas.
Tiempo de lectura: 10 minutos

Todos tenemos dos elecciones: estar llenos de miedo, o estar llenos de amor.

Albert Eistein
.

Es distintivo de una mente educada, ser capaz de entretener un pensamiento sin aceptarlo.

Aristóteles

Cultiva tu espíritu y serás libre

P.J.Kentenich

Debía tener 7 años, cuando mi mamá me dio un libro viejo, colorado y chiquito, se llamaba La hija de Cariles. Estaba recostada en mi cama, y así lo recuerdo: me trasmitió una ilusión y una alegría. Fue como un rito de iniciación, un bautismo. El ingreso a un mundo que primero quise porque me acercaba al mundo materno, y después quise porque supo alejarme de él.

sin comentarios
Leher a Lacan
enero 28, 2020|Leher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 7 minutos

¿Que no mamá que a las 12 o a las 13, se terminan las horas?

Mi niño, 6 años.

La tópica del imaginario

Empiezo escribiendo incómoda, por incumplir mis propias normas. Es mi superyo adaptado, mi superyo privado… o mi sinthome. En este sitio, después de un Leher a Lacan, se publica un 12 x 12, y después de un 12 x 12, se publica una carta de 1850, eventualmente puede haber otra cosa, algún otro escrito. Lo que no puede haber, o suceder, como está sucediendo en este instante, son dos publicaciones seguidas de la misma categoría. En ningún caso. El orden de las publicaciones puede alterarse, pero no deben ser consecutivas. Rompo el patrón, solo para confirmar la regla. Si quiebro la norma una vez, algo cambia. Si la quiebro muchas veces, el patrón desaparece. Momento de modificar las palabras.

sin comentarios
Leher a Lacan
enero 8, 2020|Leher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 7 minutos

Así.. le preguntó a adán, Tú, como te llamás y el hombre respondió, soy adán, tu primogénito, señor. Y tú, como te llamas tú, soy eva, señor, la primera dama, respondió ella innecesariamente, dado que no había otra. El señor se dio por satisfecho, y se despidió con un paternal hasta luego y se fue a su vida. Entonces, por primera vez adán le dijo a eva, vámonos a la cama”.

Caín, José Saramago

Defensor: ¿Nombre?

Felipe: ¿Quién, yo?

Defensor: Sí, usted.

Felipe: Felipe Azul de Metileno

Defensor: ¿Nacido?

Felipe: Sí.

Dalmiro Saenz, Quien yo.

La tópica de lo imaginario

Decía Picasso, que la inspiración se encontraba trabajando. Aquí estoy, desde las 10 de la mañana esperando alguna línea. Son las 14.45. Tiempo prudente para darme por vencida. Quiero escribir sobre óptica, pero pienso en otras cosas. Será cuestión de ir trazando camino.

sin comentarios
LEHER A LACAN
diciembre 17, 2019|Leher a Lacan

LEHER A LACAN

LEHER A LACAN
Tiempo de lectura: 4 minutos

Análisis del discurso y análisis del yo.

O fotógrafo não faz o mundo nem é culpado, Sebastião Salgado, O berço de desigualdade.


Lo primero que vengo a decir, es la verdad.

En la última reseña, dije que Freud terminaba su capítulo sobre La Negación de ya no recuerdo qué manera, sin mencionar sus comentarios acerca de la función de la destrucción que es – en realidad – el último concepto al que hace referencia. Sabrán disculpar, me pasa que quiero pasar las cosas por alto cuando no hago transferencia con los conceptos. Volveré sobre la función de destrucción en este capítulo, básicamente porque la realidad bibliográfica a la que me enfrento no me está dejando opción. O no. Quizás no vuelvo. Quizás me voy por las ramas, y me dedico a otra cosa.

sin comentarios
10 / 98
Acerca de Capiton(é)
- Dame tu libertad... o dame tu vida.

- Exigió el presunto Amo.

- Ja. - Respondió el presunto esclavo.

Volver, ya no fue posible.

About
Soledad Lecuona (38) es escritora y psicoanalista.

ENVIAR CONSULTA

Comentarios recientes
Typology

DISEÑO WEB CAPITONE · TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS CAPITON(É)
2017