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Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 3 minutos

“¿Qué va a estar hondo, qué va estar hondo?! Y ese perro… ¿cómo hace pie? —¿Cuál perro? Ese— ese no es un perro, es un. . . es una. . . una. . . ¿cómo es que se llama…?”

¿Quién, yo?, Dalmiro Sáenz

«Cuando haya un elefante en la habitación, preséntelo». 

Randy Pausch.

Función creadora de la palabra/ De locutionis significatione/ La verdad surge de la equivocación/ El concepto del análisis.

Si quiero inventar una palabra la invento, pienso. Mezclo unas cuantas sílabas de manera azarosa, y con ellas designo mi desayuno. Ensayo distintas palabras para la acción de desayunar: ¿cracombar o beober? Cracombar. No tengo necesidad de que otros llamen a su desayuno de la misma manera. Los demás pueden desayunar, mientras yo cracombo. Me he decidido entonces por esta palabra y como es mi costumbre, voy a cracombar a un café.

Le pido al mozo un cracombo, pero no me entiende, insisto, sigue sin entender, llama al suprevisor, tampoco me entiende, la señora está loca, dice despacio, llamá a la policía, le susurra al mozo, no hay delito dice el oficial, pero es inaceptable, sentencia el supervisor, debe retirarse dice el dueño del café, piedad!, (solícito el mozo) porqué, le pregunto, su palabra me molesta, responde, usted es un opa, le digo, que es eso, me pregunta, que usted es un zopenco le explico, lo miro con zozobra y me retiro. Después de todo no quería alimentarme sino con mi propia palabra.

No me explico. Que quede asentado, nada más, que el primer vínculo, es entre la palabra y la ley. Más vale no hacer grandes descubrimientos, ni llegar primero a ningún lugar, puede que termine uno en la silla eléctrica, la hoguera, o el exilio. A quedarse piola que Siberia es un jardín helado.

“Una palabra solo es palabra en la exacta medida en que hay alguien que crea en ella”, nos dirá Lacan en esta clase.

El lenguaje manifiestamente arbitrario, designa al elefante, elefante, a la cebra, cebra, a los lagartos, lagartos, y a los chivos, chivos. No podemos dejar de preguntarnos, porque no llamamos chivos a los lagartos, y a los lagartos, chivos. Para entender el proceso de nominación, será necesario prestar atención al surgimiento de términos nuevos y al deceso de ciertos usos. En lo personal, cuido aquellas expresiones que amo. Alhajita, por ejemplo, era un bebé adorable en 1848.

La palabra, desmiente el falo, y también lo confirma, mata a la cosa, a la vez que hace surgir de ella un sinfín de posibilidades, viaja por todos los rincones de nuestra humanidad y se asienta en el sueño, el cuerpo y el destino.

La palabra, es nuestro elemento. Verticalmente, ofrece una historia, historia subjetiva, individual. Horizontalmente, la historia es otra, la que antecede al sujeto, la que lo escribe. Esta doble disección de la palabra, abre a su paso, múltiples cadenas de significación. La palabra, en tanto símbolo, remite a otros símbolos. Habrá que ser extranjero en la Tierra.

Al paso me surge este interrogante: si midiera la distancia en millas, ¿correría más de 5 kilómetros? Acaso los sistemas métricos determinan nuestra resistencia.

Por otro lado, la vecindad fonológica de las palabras, posibilita otro tipo de desplazamientos, habilitando al equívoco y al lapsus: sopa, sapo, paso, posa, pasa, pesa, pisa, pica, pipa, pipo, pico, poco, paco, peco, pero, pera. Y así, al infinito.

La traducción en inglés de la palabra lapsus, explica mejor el accidente: un slip of the tongue, es un resbalón de la lengua, una confesión que no se desmiente con la corrección, con un “lo que en realidad quise decir“. Al respecto Freud se interroga: “¿vale más aquello que está en el sótano, o aquello que está en el granero?” Me pregunto yo: ¿En dónde ubicar la escucha? ¿En dónde hacerlo cada vez?

Con respecto al error, al lapsus, o al equivoco, nos dice Lacan: “hasta que la verdad no esté totalmente desvelada, propagarse en forma de error es su naturaleza”. En breves y sugerentes palabras, concluye: “el error es la encarnación habitual de la verdad”.

Tan transparente que no se te ve, me dijo mi analista en una de sus primeras intervenciones. Fue su intervención, mi descubrimiento.

Nos dice Lacan: “la emergencia metafórica de la palabra implica todo lo que luego puede unírsele y que yo no creía haber dicho. Por el solo hecho de haber formulado esta relación, soy yo, mi ser, mi confesión, mi invocación, quien entra en el dominio del símbolo

Los sedimentos de la palabra, actúan sobre su superficie. Y viceversa. Nos dice Lacan: “si efectivamente el concepto es el tiempo de la cosa – como lo define Hegel – debemos analizar la palabra por capas sucesivas, debemos buscar sus sentidos múltiples entre líneas.”

Un analista, le dice a su paciente: “el primer paso es soltar a la madre, el segundo, dejar ir el qué dirán“. El analista del analista le pregunta a su paciente: ¿quién es la madre?. El analista del analista del analista le pregunta al suyo: ¿qué dirán?

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Leher a Lacan
enero 23, 2021|Capiton(é)Filosofía y Psicoanálisis

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 7 minutos

Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa, para que las personas mayores pudieran comprender. Las personas mayores, siempre necesitan explicaciones. 

El principito, Antoine de Saint Exupéry

Oh, my mind’s racing,
from chasing pirates.

Norah Jones/Chasing pirates.

Los callejones sin salidas de Balint.

Al inicio de la clase del 12 de mayo de 1954, el Dr. Pujols, alumno del seminario, pregunta: “Cuando usted dice el deseo del otro ¿se trata del deseo que está en el otro? ¿O bien del deseo que yo tengo por el otro?”

En su pregunta, el alumno anticipa ya la respuesta.

Lacan responde: “La fórmula el deseo del hombre es el deseo del otro, como toda fórmula debe ser utilizada en su justo lugar. No es válida en un sentido único. Vale en el plano del que hemos partido: el de la captación imaginaria. Pero, como señalé al final de la última sesión, no se limita a él”.

Entre captar y coaptar, hay una vocal en diferencia.

El deseo del hombre, es el deseo del otro. En esta trampa, se organiza todo lo que tiene de ridículo el mundo. ¿No es posible pensar acaso, en un deseo que se nutra a sí mismo?

Lacan nos dice: “la primera noción de la totalidad del cuerpo, como algo inefable, vivido: el primer impulso del apetito y del deseo pasa, para el sujeto humano, por la mediación de una forma que primero ve proyectada, exterior a él, y esto, en primer lugar en su propio reflejo“. A partir de esto, Lacan explica la agresividad. Continuará diciendo: “En el sujeto humano, el deseo es realizado en el otro, por el otro, en casa del otro“. En tanto es esto un fenómeno de estructura ¿debemos asumir que este hecho es ineludible para el ser humano?

Para referirse al valor del símbolo y al modo en que la ausencia del objeto determina el ingreso al mundo simbólico, Lacan se explica:

Cuando el objeto está cerca el niño lo expulsa, cuando no está allí lo llama. Mediante estos primeros juegos, el objeto pasa, casi de modo natural, al plano del lenguaje. El símbolo emerge y se vuelve más importante que el objeto“.

“Porque la palabra elefante existe en la lengua de los hombres, el elefante ha entrado en sus deliberaciones, los hombres pudieron tomar respecto a ellos, incluso antes de tocarlos, resoluciones mucho más decisivas para estos paquidermos que cualquier otra cosa ocurrida en su historia: el cruce de un río o la esterilización natural de un bosque. Sólo con la palabra elefante y el modo en que la utilizan los hombres, les ocurren a los elefantes cosas, favorables o desfavorables, fastas o nefastas, pero de todos modos catastróficas, antes incluso de que se haya alzado hacia ellos un arco o un fusil.”

Todos sus esfuerzos conducen a dejar en claro que más allá de cualquier teoría objetal y de cualquier teorización en torno a la relación intersubjetiva, ésta está determinada por su ingreso al mundo del símbolo y los efectos de la nominación. A lo largo de estas clases trabaja sobre un texto de Michel Balint, llamado “Amor primario y técnica psicoanalítica“. “

Nos dice: “He elegido como soporte a alguien que manifiesta orientaciones que convergen con algunas de las exigencias que formulamos aquí acerca de lo que debe ser la relación intersubjetiva en el análisis y al mismo tiempo, da la impresión de estar influenciado por el pensamiento dominante. Sería demasiado fácil elegir personas burdas, para mostrar lo que denominaré cierto desviacionismo actual respecto a la experiencia analítica fundamental a la que me refiero constantemente. Hay que buscarlas donde son sutiles, donde son el testimonio, no tanto de una aberración radical, sino de cierta manera de fallar el tiro.”

Aunque Lacan se detiene en la discusión que preocupaba a los analistas de su generación, lo hace para marcar, no solo, cierta desviación con respecto a lo verdaderamente relevante, sino para dar cuenta de que ciertas teorizaciones pueden ser tan lúcidas como inaplicables. Intenta, en suma, escapar de una especie de PacMan teórico inconducente.

Un callejón sin salida, es un atolladero. Lacan no desmiente su dificultad ni niega su importancia, solo pretende salir de ahí, y lo hace apelando a la palabra. Todos sus esfuerzos, en estos últimos capítulos, están dirigidos a este viraje necesario, que para empezar, permite la circulación.

Solo con el último punto, podrá comprenderse que un presente es acto, es velo, y es metáfora.

“Destaco el registro del orden simbólico porque no deberíamos nunca perder su referencia y, sin embargo, es el más olvidado y el más evitado en el análisis. ¿Ya que, en suma, de qué hablamos nosotros habitualmente? Hablamos constantemente, de modo a menudo confuso, apenas articulado de las relaciones imaginarias del sujeto con la construcción de su yo. Hablamos sin cesar de los peligros, las conmociones, las crisis que experimenta el sujeto a nivel de la construcción de su yo.

Más adelante en este capítulo, Lacan apelará al caso Dora, para dar relevo a la palabra como función de reconocimiento. “La palabra es esa dimensión a través de la cual el deseo del sujeto está integrado auténticamente en el plano simbólico. Tan solo cuando se formula, cuando se nombra ante el otro, el deseo, sea cual fuere, es reconocido en el pleno sentido de la palabra. No se trata de la satisfacción del deseo, ni de no sé que primary love, sino, exactamente, del reconocimiento del deseo“.

Comprender esto es fundamental si uno quiere enamorar a alguien por ejemplo. Muy útil. Creo que es más efectivo que acudir a una bruja o venderle el alma al diablo.

Podemos también localizar su efectividad en la publicidad y en el cine.

En la clase siguiente, Lacan explica como se relaciona el registro de lo imaginario, con el registro de lo simbólico, a partir de la noción de trauma y sus efectos represivos.

Nos dice: “la acuñación del recuerdo no fue integrada al sistema verbalizado del sujeto, esta acuñación estrictamente limitada al dominio de lo imaginario, resurge a medida que el sujeto avanza en un mundo simbólico cada vez más organizado“. “El sujeto – nos dice entonces – aprende a integrar los acontecimientos de su vida en un campo de significaciones simbólicas. Compara el desarrollo de un análisis, con el desarrollo mismo de una neurosis infantil, en tanto que en ambos el pasado se reintegra a través de un juego de símbolos.

La acuñación del recuerdo es integrada en forma de símbolos, y de esta forma resurgirá, pero adquiere en el plano imaginario el valor de trauma, dada la forma de la primera integración simbólica que realizó el sujeto“.

El uso del termino acuñación da su sentido a lo expresado. Es en el momento de la acuñación, que obtiene su valor de símbolo una moneda, o un recuerdo. Dicho valor solo podrá ser re-establecido, en tanto se deslicen sobre él, los significados.

“El trauma – prosigue Lacan – en tanto que cumple una acción represora, se desprende del sujeto y de su mundo simbólico y no estará más allí, quedará desintegrado”. Se constituirá como el núcleo de los síntomas.

Para explicar estos conceptos, Lacan se vale del caso del Hombre de los lobos. No me quedó más opción que volver a leerlo. A partir de este caso, Lacan trabaja la noción de trauma, la formación de síntomas y la censura en tanto estructurante del super yo. “La censura, escinde el mundo simbólico del sujeto, lo corta en dos: una parte accesible y una parte inaccesible”

También a partir de este caso Lacan se refiere al origen de la severidad del super yo, la razón de su tiranía, su exigencia absurda.

Dice en esta clase, que el inconsciente es una escisión del sistema simbólico, una limitación. Pienso que quizás no sea así. ¿No es el yo, acaso, lo verdaderamente escindido? No es el inconsciente la totalidad, y el yo un recorte negativizado? Si Lacan se equivocara ¿debería acaso dejar de leerlo?

Lo leo de cualquier manera, porque no por equivocarse deja de ser genial, lo leo porque aprendo de sus errores, y porque es mi intención que el conserve su lugar. No se trata de derrocar al supuesto padre, tampoco se trata de no derrocarlo, se trata de afinar el saber, de tensarlo. Se trata de aceptar la falibilidad como un hecho cierto, y de preservar su nombre y su trabajo, como guía. Si elijo a Lacan para tensar la teoría, es porque entiendo que lo vale.

Hice análisis durante 8 años, y me acuerdo decirle a mi analista, que su visión era limitada, justamente por cierta incapacidad de ir más allá del complejo de Edipo. Estaba sesgado, atrapado en un discurso que le impedía ver más allá. Precisamente en esta clase Lacan explica “todo lo singular que puede acontecerle a un ser humano, debe situarse en relación con la ley, con la cual el se vincula. Su historia está unificada por la ley, por su universo simbólico que no es el mismo para todos“. Siendo yo misma analista, y participando como él, de los mismos encuentros formativos, entendía además, que ese no era un problema exclusivamente suyo.

Lacan lo dice de esta forma: “No estamos dispensados de los problemas planteados por las relaciones entre el deseo del sujeto, y el conjunto del sistema simbólico en que el sujeto está inmerso”.

El complejo de Edipo, es la reducción más acabada, primitiva y universal del universo simbólico. Es a donde apunta el análisis, y está bien que lo haga. No obstante, para hacerlo deberá reconocer la particularidad simbólica del sujeto y la suya misma. Solo vaciado de sus propios significantes podrá el analista hacer su trabajo.

Como decía al principio, en estas clases, Lacan toma a Balint, para explicar en donde falla este autor y de qué manera, en sus desarrollos acerca de la relación de objeto y la relación intersubjetiva. Balint hace del objeto, un objeto de pura satisfacción. Sin embargo – nos dice – desconoce que se trata de un fenómeno del lenguaje. Lo importante es que ese pequeño animal humano pueda servirse de la función simbólica gracias a la cual, como les expliqué, podemos hacer entrar aquí a los elefantes, por más estrecha que sea la puerta. La intersubjetividad está dada ante todo por la utilización del símbolo y esto desde el origen. Todo parte de la posibilidad de nombrar que es al mismo tiempo destrucción de la cosa y pasaje de la cosa al plano simbólico, gracias a lo cual se instala el registro propiamente humano. A partir de aquí, y de modo cada vez más complicado se produce la encarnación de lo simbólico en lo vivido imaginario. Lo simbólico modelará todas las inflexiones que, en lo vivido del adulto, puede adquirir el compromiso imaginario, la captación originaria“.

No cambié de analista.

No cambio de peluquero. Ni de electricista. Ni de pintores. Ni de plomero.

No dejo de leer a Lacan.

No lo hago.

Porque.

no.

quiero.

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Leher a Lacan
diciembre 19, 2020|Capiton(é)Filosofía y PsicoanálisisLeher a Lacan

Leher a Lacan

Tiempo de lectura: 4 minutos

Nuevamente miró a su amado con desmayados ojos y, arrojándose al mar, sintió como su cuerpo, se disolvía en espuma.

La sirenita, Hans Christian Andersen

La báscula del deseo II

Ahora sí, las fichas sobre el tablero.

Matthew Maury, nacido en 1806, fue un estudioso de los mares y un experto navegante. Según se lee en sus datos biográficos, en una oportunidad, estando enfermo en su casa, oyó a su hijo leer la Biblia. El Salmo rezaba: “¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta? Pues lo hiciste poco menos que un dios, y lo coronaste de gloria y de honra: lo entronizaste sobre la obra de tus manos, todo lo sometiste a su dominio; todas las ovejas, todos los bueyes, todos los animales del campo, las aves del cielo, los peces, y todo lo que surca los senderos del mar.” Al escuchar esto de los senderos del mar, pensó que estos realmente debían existir. En ese mismo momento, decidió que los buscaría hasta encontrarlos.

Y eso hizo.

Maury encontró las corrientes marítimas y dedicó su vida al estudio de los mares. En 1855, publicó el primer libro sobre oceanografía; la geografía física del mar. La corrientes marítimas, se diferencian del caudal total de las aguas oceánicas. Por diferencias en su temperatura y salinidad, estas corrientes se constituyen como verdaderos ríos bajo del mar.

No hay imagen que me parezca más apropiada para explicar la función de desconocimiento del yo: invisibles las fronteras, idéntica la sustancia, yo e inconsciente se diferencian en dirección y temporalidad, logrando con ello modificaciones significativas en el modo de comportamiento de aquello de lo que están hechos.

Cuando era niña, pensaba que yo también necesitaba meter los dedos en el costado sangrante de Cristo. Mientras escuchaba a los sacerdotes o a mis maestras, relatar los acontecimientos de la Semana Santa, me preguntaba año tras año, sin cambiar la pregunta, porque Jesús – que era Dios – no daba pruebas de su poder. Siendo Dios, podía, de un salto mortal, bajarse de la cruz, y provocar, en su descenso, un círculo de potente luz que obligara a arrodillarse en arrepentimiento, a todas las almas pecadoras e injuriantes. No me entraba en la cabeza, que no de prueba de su verdad, y anule toda duda.

¿A qué venía esto? Ah sí. Bueno, a eso. Si esta vida garantizara un final feliz, o un recorrido libre de desencantos, mucho de lo que de ella importa más, se vería seriamente comprometido: la adrenalina de los riesgos, la tensión de una elección, los aciertos, los errores, las pérdidas, la emoción de un logro, el encuentro con lo imposible, y con lo posible. De ahí que la Sirenita se vuelva espuma, Jesucristo se deje matar, y Lacan se resista a desarrollos teóricos lineales.

Así como el ADN atenta contra el valor simbólico de la paternidad, del mismo modo, dinamitan el valor simbólico de un discurso, las explicaciones y las demostraciones.

La tensión dramática de la vida, está en los intersticios de la palabra. Aunque sea también por estos intersticios que se escapen las perdices.

Perdón, vuelvo a las fichas sobre el tablero.

Lacan desarrolla en esta clase, la función de desconocimiento del yo, su origen especular e imaginario y el advenimiento del deseo a partir de un movimiento de báscula entre el infante y su semejante. Como en otras oportunidades, me resultan comprensibles los conceptos pero no igualmente accesibles, las relaciones entre ellos.

La función de desconocimiento del yo, nos dice Lacan, representa cierta organización de afirmaciones y negaciones a las que está apegado el sujeto. (Afirmaciones y negaciones, a las que nos hemos referido anteriormente a partir de los juicios de atribución y de existencia que desarrolló Freud). El análisis, es el espacio donde la ignorancia empieza a construirse.

En una relación inversamente proporcional también se constituye la verdad.

Lacan define el conocimiento del yo como una coaptación imaginaria. Coaptar es un término médico que indica “la acción de colocar en sus posiciones naturales los fragmentos de un hueso fracturado o de restituir en su sitio un hueso dislocado“. En un empleo más general sería, la acción de proporcionar, ajustar o hacer que convenga algo con otra cosa.

Lacan usa este término entonces, para explicar como la constitución del yo, exige unificar la imagen fragmentada, en un todo organizado, para lo que el niño se vale de la imagen del otro – del otro especular, o del semejante.

El cuerpo es entonces, el primer deseo.

Hay un momento en el cual se produce para el niño, a través de la mediación de la imagen del otro, la asunción jubilatoria de un dominio que aún no ha alcanzado“. Esto es, el niño intuye su totalidad, se aprende como cuerpo, aún sin ejercer pleno dominio de sí: “… se aprende como cuerpo, en los intercambios con el otro y aprende también a reconocer en el otro lo que está en el, en estado de puro deseo, deseo originario, confuso”.

Así la rivalidad imaginaria existe y se presenta en tanto es el otro, el lugar, el espacio, en donde el sujeto reconoce su deseo.

Lacan lo dice de esta manera: “Cada vez que en el otro surge algo que permite al sujeto volver a proyectar la imagen del ideal del yo, cada vez que de modo analógico vuelve a producirse la asunción jubilatoria del estadio del espejo, cada vez que el sujeto es cautivado por uno de sus semejantes, el deseo retorna al sujeto”.

En fotografía, la imagen analógica, tiene sus valores de luz invertidos respecto a la captura original de la imagen, por lo cual se conoce a la película tratada, como negativo. Me pregunto acerca del alcance que tiene para Lacan, explicar las cosas de este modo… de este modo analógico.

En esta clase, L. pasa de la función de desconocimiento del yo, al conocimiento del yo como coaptación imaginaria, y de este conocimiento a la aprehensión del deseo en tanto deseo del otro, y de esta noción esencial a la noción del masoquismo primordial y su relación con la constitución del símbolo y el mundo de la negatividad.

El genio no se adapta y debe.

Para finalizar me quedo con esta pregunta: “Mientras el sujeto acomoda su deseo en presencia del otro se produce en el plano de lo imaginario, esa oscilación del espejo que permite que cosas imaginarias y reales que para el habitualmente no suelen coexistir se encuentren simultáneamente“.

Falta menos para terminar lo que empiezo.

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Leher a Lacan
marzo 12, 2020|Leher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 4 minutos

The heart wants what it wants – or else it does not care.

Emily Dickinson

Save your advice cause I won’t hear.

Selena Gomez

Los escritos técnicos de Freud

¡El Lobo! ¡El Lobo!

En mi ámbito de trabajo, nada me parece evidente, incluso en aquellos casos, en que todo apunta hacia un mismo lugar. Incluso cuando algo, me resulta claramente evidente, no puedo usar esa palabra. Quizás envidio un poco la posibilidad de algunas personas de ver algo o percibir algo como evidente. En lo que a mí respecta, lo único que me resulta evidente es.. nada. Nada me resulta evidente.

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Leher a Lacan
enero 28, 2020|Leher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 7 minutos

¿Que no mamá que a las 12 o a las 13, se terminan las horas?

Mi niño, 6 años.

La tópica del imaginario

Empiezo escribiendo incómoda, por incumplir mis propias normas. Es mi superyo adaptado, mi superyo privado… o mi sinthome. En este sitio, después de un Leher a Lacan, se publica un 12 x 12, y después de un 12 x 12, se publica una carta de 1850, eventualmente puede haber otra cosa, algún otro escrito. Lo que no puede haber, o suceder, como está sucediendo en este instante, son dos publicaciones seguidas de la misma categoría. En ningún caso. El orden de las publicaciones puede alterarse, pero no deben ser consecutivas. Rompo el patrón, solo para confirmar la regla. Si quiebro la norma una vez, algo cambia. Si la quiebro muchas veces, el patrón desaparece. Momento de modificar las palabras.

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Leher a Lacan
octubre 13, 2019|Leher a Lacan

Leher a Lacan

Leher a Lacan
Tiempo de lectura: 5 minutos

Apéndice

I ain’t missing you at all.

John Waite

Una pesadilla me despertó. Me oí decir “no…no”.

No puedo dejar de pensar en esto, en las lecturas infinitas de lo que es un no, de que implica la negación, aún más allá de lo que puedo entender de este tema que me mantiene ocupada.

Como no puedo más que pertenecer a este mundo, vino a mi esa canción de Arjona, que dice “dime que no”. Es gracioso, pero lo que Arjona quizás no sepa, es que después de esa canción, no habrá mujer más segura de su no, que aquella que le diga sí.

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LEHER A LACAN
octubre 19, 2018|Leher a Lacan

LEHER A LACAN

Tiempo de lectura: 4 minutos

SEMINARIO I

Los escritos técnicos de Freud.

 

 

Apertura del seminario.

Empecé a leer; lo hice imaginando que estaba realmente ahí. Quería que se tratara del principio de los principios, para no tener esa sensación de haber llegado tarde a clases, o al cine. Pero no.

Decidí seguir. Me alivió pensar que el Génesis no describe el día 0, aunque ese día, Dios haya creado las palabras.

Para empezar, Lacan se vuelve extranjero. ¿Existe acaso, mejor manera de mirar? Extranjero por partida doble, se ubica al este y remite al budismo. Pensé entonces, que quizás el budismo, sea el reverso de cualquier religión, incluso de aquella que incita a desear, ja.

Intuyo al budismo, pero aún no lo sé. No sé tampoco, si querré saberlo, quizás para saberlo sea menester vivenciarlo, experimentarlo. La vida es corta y yo elegí otro camino.

Si alguien se pone de pie, frente a otros, en un espacio que le ha sido dado, y que ha consentido en tomar, es porque tiene algo que decir. Incluso para aquel que duda mucho o demasiado: hay en el mar de dudas, algo parecido a una certeza, que se cree necesario trasmitir o compartir. Sin embargo, quien reconoce la nimiedad e insignificancia de su propia existencia, no puede más que tomar una postura mesurada ante su deseo de enseñar, puede diferenciar lo certero de lo seguro, y en función de esta premisa, se comporta.

Lacan ha leído a Freud, y cree haber comprendido algunas cosas, ha captado cierto saber y desea trasmitirlo. Reconoce la falibilidad de su maestro, y la suya propia, y quizás sea en función de su propia modestia, incluso de cierto pudor de atrevimiento, que se sirve de la noción de dialéctica para dar inicio a este primer seminario.

Existe un punto de fijeza en la trasmisión de todo conocimiento, es el punto mismo que justifica su enseñanza, pero no por ello debe permanecer incuestionable. Si, por determinado tiempo, se presenta como incuestionable, es porque solo entonces una conversación es posible.  Lo convenido, conviene, y conviene en función de principios económicos elementales; lo convenido, conviene, mucho más por su función de utilidad que por su función de verdad.

¿Cuáles son las condiciones necesarias para una conversación dialéctica? Es posible dialectizar con un texto, en una conversación, en una clase, incluso con la historia. Confío en una condición. Vamos a discutirla.

No solo el obsesivo, tan condescendiente con el Otro, confunde el psicoanálisis con lo esotérico. También yo, me defiendo de lo esotérico. Por algún motivo, me resulta contrario a la seducción.

Habrá sido Freud objeto de toda burla por adentrarse en el mundo de los sueños, o como bien dice Lacan, en el plano del sentido. En todo caso, eso hizo, quizás no impertérrito, pero soberbio y audaz.

Freud, le dio la espalda al gran Otro de su época, y lo hizo magistralmente; entendió que solo ignorando lo que ya sabía sucedería, podría llegar más lejos. Después de todo, son las concesiones que le hacemos al Otro, las que determinan nuestros límites. Las concesiones al otro, y nuestras resistencias.

Freud desestimó los aplausos e hizo de sus resistencias, guías de su investigación. Fue así como permitió el nacimiento del psicoanálisis.

Cuando me propuse avanzar sobre este divertimento, el que supongo me llevará toda la vida, pensé “voy a despellejar a Lacan”. Encontrar la metáfora del buen cocinero, fue algo así como su habilitación, su permiso. Hubiera avanzado de cualquier manera, porque él yace bajo la tierra, pero fue reconfortante saber que no solo está de acuerdo, sino que me impulsa a hacerlo. Si vamos a trozar, desarmar, criticar, juzgar, analizar… En suma, si vamos a dialectizar, es preciso que consintamos en ello.

Una publicación expresa consentimiento. Quizás sea por eso, que me resulta difícil pensar que un libro, sea en realidad, un objeto.

La evolución de las ciencias sociales, tal vez tenga que ver, no solo con el progresivo develamiento de las estructuras que organizan la realidad humana, sino también de un acceso cada vez más amplio y consistente a las diversas y múltiples dimensiones en que ella puede y debe pensarse. Dice Lacan, “se sabe que existe para cada estructura, un modo de conceptualización que le es propio”.

Las leyes de las ciencias puras, organizaron el pensamiento científico y lo hacen aún hoy. Las neurociencias discuten con el psicoanálisis, (y viceversa) sin reconocer que solo navegan en distintas dimensiones y evidencian distintas estructuras. Una dimensión no puede estar equivocada con respecto a otra, solo puede ser otra. Una estructura, no puede estar equivocada, con respecto a otra, solo puede ser otra.

Develar una estructura, requiere de la acción del viento. O de un plumero, no importa. Lo que interesa del agente, es que tenga la capacidad de volver transparente aquello que es accesorio.

Un baúl de juguetes, es un cajón de fragmentos, de pedazos. Para conocer la realidad ¿es preciso desarmarla? Los niños no han encontrado otro modo. Luego, se trata ya de una forma de percibir. En este sentido, la extimidad, como concepto, presenta su alcance y utilidad.

Pueden suceder dos cosas: o uno quiere tener razón, o uno quiere estar equivocado. Lo más habitual, sin embargo, es querer tener razón. Querer tener razón, es la consecuencia de amar alguna teoría, alguna hipótesis. Si se ama una teoría, se la ubica en el lugar de la verdad, y no hay quien no haga consistir aquello que ama. Abrazamos teorías e hipótesis sobre como son o deberían ser las cosas, lo hacemos cotidianamente y nos aferramos a algunas ideas que nos dan respuestas sobre el mundo. Por alguna razón, una vez que las hicimos propias, queremos que allí se esconda la verdad de las cosas, la verdad del todo. Pero bien sabemos, que la verdad no está en ningún lado y está en todos a la vez: la verdad no tiene nombre, ni entiende de palabras.

Freud, iba construyendo su teoría y veía lo que otros no podían ni sospechar. En sus textos se respira su entusiasmo, la emoción del descubrimiento. Cuando leo a Freud, también escucho a Rodrigo de Triana gritando ¡Tierra! Esa emoción, esa euforia. No sé si alguna otra cosa, se asemeja a esa felicidad.

Freud estaba sumergido en la elaboración de sus teorías, motivado, entusiasmado, tomado por su propia américa, debía defenderla de las resistencias que su época le presentaba, y en este férreo compromiso aparecen también sus especulaciones y forzamientos. Sin embargo, sabía cuidarse de sus autoengaños. Más atento que Colón, supo ir más allá de las Indias.

Después de todo, lo único que quizás nos preserve de amar nuestras ideas, sea amar a la verdad. ¿No es la verdad aquello que – si se ama – no deja nunca de desearse?

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Acerca de Capiton(é)
- Dame tu libertad... o dame tu vida.

- Exigió el presunto Amo.

- Ja. - Respondió el presunto esclavo.

Volver, ya no fue posible.

About
Soledad Lecuona (38) es escritora y psicoanalista.

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